El trato a los que dejan la Obra.

He hablado personalmente con muchas personas que han dejado de pertenecer al Opus Dei, y personalmente no están muy enfadadas ni "rebotadas". Al contrario: están agradecidos por toda la formación que han recibido y por lo mucho que han aprendido.
Paralelamente en la mayoría de estas personas advierto otro punto en común. La forma en que son tratadas por los directores de la Obra: no pueden seguir frecuentando el centro (tiene que ir por otro, o por ninguno en una temporada); basta que sepan que una persona ha pertenecido a la Obra para que le impidan la entrada en un colegio Mayor de la Obra…etc…

Y esto no es por errores personales de personas concretas, sino por la dinámica institucional (está previsto cómo hay que tratar a las personas que dejan la Obra…pues hay un documento que lo explica detalladamente, etc…)

¿Qué hay de verdad en todo esto?; porque la Obra ayuda “a su manera” a la Iglesia, y es muy positivo que imparta medios de formación…pero, ¿por qué luego todo este tipo de tejemanejes?

PD: En estas páginas se deja claro que las personas de la Obra, como son humanas, se equivocan…Lo que voy observando es que la Obra poco a poco está empezando a reconocer sus errores, y a pedir perdón por ellos (como hace el Papa).

Empiezo por el final: eso no es de ahora. Tanto el fundador de la Obra como sus sucesores han dejado siempre bien claro que todos podemos equivocarnos y no sólo eso, sino que de hecho nos equivocamos. También es cierto que en el Opus Dei hay medios más que de sobra para corregir los errores, sean propios o sean ajenos. Hay mucho escrito sobre ese tema en este blog y no me extenderé más.

Y sobre el trato con personas que abandonan la Obra, comparto tu punto de vista, pero te aseguro que yo no he dado jamás la espalda a nadie, por el hecho de haber dejado la Obra. Al revés: me doy cuenta de que están necesitados de especial afecto. Lo cierto es que tampoco he visto nunca que (al menos delante de mí) alguien haya despreciado a estas personas. Hago memoria y… te aseguro que no lo he visto hacer.

Fíjate que, en tu primer párrafo, la fuente son personas reales de carne y hueso: das un testimonio vivido por ti. Y de los siguientes párrafos no nos dices la fuente, parece que es lo que tú te imaginas, o esa es la sensación que da. Y te agradezco la pregunta, que quede claro, no lo digo por quitarle sentido. En cualquier caso, describes una variedad de situaciones: los que van por otro centro, los que un tiempo son atendidos en otro lugar y luego van a un centro, y muchas más alternativas que hay y habrá, porque cada persona es distinta.

Imagínate que tienes que tomar tú la decisión de que una persona que abandona la Obra siga yendo por el mismo centro o vaya por otro centro. O incluso que, porque él lo pida u otra razón, sea preferible atenderle en lo que necesite de otro modo (puede haber razones para ello, piénsalo). Tienes que valorar varias cosas. Primero, elegir aquello que el interesado desee, lo que realmente le vaya a ayudar y le resulte más cómodo. Segundo, el efecto que puede causar en los demás (los de la Obra y los que no lo son), ante el hecho de que se pueda trivializar la pérdida de la vocación: una vocación divina no es una pulserita de Madrid-2012, como te puedes imaginar, que se quita y se pone. Y esto, sin juzgar las causas por las que una persona haya dejado la Obra, que sólo Dios conoce.

Este ejemplo que voy a poner es limitado, pero puede ayudar. Piensa en una parroquia: si el párroco decide colgar la sotana y largarse, pues seguro que nos dará mucha pena, hay que respetar eso, pero… ¿sería lógico que continuase trabajando en la parroquia, pongamos de jefe de cáritas, o algo similar? ¿No crees que sería chocante, al menos para algunos? Pues parecida es la sensación que puede quedar en un centro si una persona que hasta ayer era numerario sigue por allí, como si tal cosa. El mismo interesado se podría sentir incómodo.

Esta es la realidad que yo he visto, y también es la "dinámica institucional", te lo aseguro. Es un asunto delicado, en el que se procura extremar la caridad con las personas, por eso no hay dos casos iguales, ni reglas rígidas, ni las puede haber. Pero el hecho cierto es que, como tú dices, la inmensa mayoría no están "enfadados", sino "agradecidos".

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