El fundamento de la dignidad humana

Dignidad Humana significa que todo ser humano es siempre valioso, que la vida humana es intocable en todas sus fases, es decir desde su concepción hasta su muerte.
A finales del siglo XVIII se redactó una declaración de derechos del hombre, que sin embargo no pudo evitar las bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki, ni el holocausto nazi durante la II Guerra mundial. Después de la guerra, el deseo de que estas cosas no volvieran a suceder, dio lugar a una nueva declaración de los derechos humanos; tampoco en este caso esta declaración ha evitado las guerras en el Tercer Mundo por intereses económicos y políticos de EE.UU y la URSS, ni que se levantara el telón de acero, losa para enterrar a media Europa durante medio siglo.

A todo esto se debe añadir otro atentado a la dignidad humana, que se autojustifica a la sombra del eufemismo “interrupción del embarazo”, es decir el aborto que asesina a millones de fetos, de seres humanos.

Los argumentos contra la vida humana se quieren apoyar en un concepto de vida humana cuyo contenido se reduce sólo a la capacidad de relación por medio de un lenguaje inteligente, de lo que se desprende que no son personas los embriones humanos, ni los niños en el primer año de vida, ni los deficientes profundos, o los afectados seriamente por la decrepitud de la edad.

El meollo de la cuestión es definir dónde comienza el ser humano como persona. Esta definición no la puede dar un hombre porque sería juez y parte, por lo tanto nadie debe juzgar si alguien es o no sujeto de derechos humanos, ya que la persona no es miembro de la sociedad humana por poseer determinadas cualidades, sino por derecho propio; es decir por su pertenencia biológica a la especie humana.

Hay una evidencia biológica, pero el ser humano es capaz de negar la evidencia. A lo largo de la historia ha habido personas que han intentado justificar el robo, el asesinato, la esclavitud, como ahora se pretende justificar el aborto.

“Malos tiempos en los que se discute lo evidente”. Y sólo nos quedaba la repetición hasta la saciedad de la ejecución de Sadam sin ningún planteamiento ético al respecto. ¡Bienvenidos a una nueva etapa llamada Edad Media!

RAÚL PASCUAL
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