Dirección espiritual

A mi, por lo menos a mi, nunca me han obligado a que mi dirección espiritual la llevara un sacerdote de la Obra. Ni jamás me he sentido coaccionado, ni condicionado, porque así fuera. Pero si que voy a contar mi experiencia personal de lo que me sucedió cuando estaba en el club de fútbol sala de Tres Cantos.

Antes de ir a visitar la escuelas que teníamos, hacía un rato de oración en una parroquia que está junto a una de las instalaciones donde realizábamos las actividades. Había un sacerdote, no era -ni es- del Opus Dei, y decidí hablar con él un día para ver si podía confesarme con él y que fuera mi director espiritual. Así lo hice.
D. Arturo, así se llama, conocía la Obra. Le comenté el plan de vida que realizo -de este procuraré hablar la próxima ocasión-, que yo había sido del Opus Dei -me comentó un poco la idea que tenía de la Obra- y varias cosas sobre mi que a vosotros no os voy a contar. Después de escuchar me comentó "tienes mas exigencia que un religioso". Le precisé que para mi cada una de esas prácticas de piedad no suponía una obligación y que era -soy- consciente que ni siquiera es pecado el no hacer -¡hacer!- alguna de ellas. Pero que sin embargo si vería una falta de generosidad con el Señor si yo no hubiera puesto todo el esfuerzo posible por encontrarle en esas normas de piedad. Y es eso, en mi opinión, las normas de piedad son encuentros íntimos con Dios o con la Virgen María. Lo entendió y guardo muy buen recuerdo de él.

Ya no estoy en Tres Cantos, me fui en diciembre a la otra punta de Madrid: a Pinto. Pero si que tengo claro que lo ideal es dejar que el alma de cada uno la dirija alguien que pueda conocer la espiritualidad con la que intentamos vivir nuestra condición de cristiano. Nos podrá entender mejor y, seguramente, podrá ayudarnos también mejor. Pero cada uno es libre. Yo lo sigo siendo.
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