Dios aprieta … pero no ahoga

Dios aprieta ... pero no ahoga Opus Dei

En ocasiones queremos buscar en las prácticas de piedad parte de nuestros problemas (nos quita los minutos que podríamos dedicar a otras cosas y ¡total! … por un día) en una jornada llena de agobios y de falta de tiempo. Excusas, todo es cuestión de orden, de presencia de Dios y de humildad. Y aún así es muy posible que sigan nuestros "estreses".
Primero lo importante. Es muy fácil, terminamos siendo unos auténticos expertos, ir dejando para después los asuntos referidos al alma. Comenzamos por un pequeño imprevisto, continúa con una omisión y finaliza con el olvido. La experiencia nos dice que en todo lo relacionado con la piedad no hay cosa pequeña, como no la hay en el cariño humano. Todo tiene su importancia, el amor se acrecienta día a día, el amor exige sacrifricio y olvido de uno mismo hacia el otro. El amor es cosa de dos y ya sabemos lo que hizo el Señor por nosotros.

En la actualidad estoy haciendo un rato de lectura espiritual con el Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica. El viernes pasado me alegró leer cómo se nos recomienda hacer, A TODOS, un rato de oración antes y después de comer (exactamente dice de la comida). Muchos tendríamos que conocer mejor lo que dice nuestro Catecismo y empaparnos verdaderamente de los medios que Cristo nos ha dado para llegar a Él y conocerle mejor. También me llamó la atención, ¡ya ves!, que hablaba de las distracciones en la oración y venía a decir que dónde están esas distracciones está nuestro corazón. ¿Cómo está nuestro corazón? ¿Dónde está nuestro corazón?.
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