De la Misa de ayer

De la Misa de ayer Opus Dei

En la Misa de ayer, en mi parroquia, nos hablaban en la homilia sobre la amistad con Dios. Pensaba, en ese momento y ahora, que es lo que hacen dos amigos cuando están "peleados" o enfadados, lo solucionan pidiéndose perdón y vuelven a la normalidad. Me vino a la cabeza la confesión. Veo que, desde hace un tiempo (no siempre ha sido así), hay un sacerdote para confesar antes de cada Misa, pero veo que no va mucha gente a él; sin embargo sí observo los que van a comulgar y no se si debo alegrarme o no.
Pienso que hace falta hacer catequesis sin pensar que, cómo para nosotros es tan normal que así sea, los demás saben el por qué de las cosas. Hace poco me bajé para mi PDA el Catecismo para niños y de vez en cuando lo leo. Tengo un amigo brasileño, jugador de fútbol sala y además internacional por Brasil (cómo presumo), que dice que él va a Misa entre semana porque los domingos hay mucha gente, por mucho que le digo lo del precepto del domingo no hay nada que hacer. Solución, quedar con él, con su mujer y su hija, de un añito, para ir el domingo, luego aperitivo y comida de amigos.

Leo mucho en todos los sitios (prensa, internet, libros, …) que el hombre está abandonando a Dios, cada día un poco más lejos. La raiz de todo, en mi opínión, es el pecado. La poca importancia que damos a no estar en gracia de Dios, que es como verdaderamente somos amigos de Él. Nos acostumbramos a vivir lejos y, poco a poco sin darnos cuenta, estamos totalmente abandonados. Los Mandamientos nos parecen inaceptables, que no se pueden vivir o son para otros. El amor propio, la comodidad, el orgullo, la vanidad, la soberbia, el egoismo, se apoderan de nosotros sin darnos cuenta. El gran mundo de los sentimientos y de los afectos, pegamos nuestro corazón a cualquier cosa, se apodera de nosotros. Lo malo no es meter la pata, es dejarla dentro.

Luego están aquellos que dicen que no hace falta creer en Dios para ser bueno (es verdad), que si no exite el infierno, que si las religiones, que si patatín, que si patatán (me recuerda una canción de Manolo Escobar). El hombre está hecho para amar, para darse a los demás. En ocasiones y conozco casos, a esas conclusiones llegan personas que en otro tiempo eran piadosas, pero que el abandono, la relajación, el tragar carros y carretas, el pecado, les lleva a tomar posiciones de alejamiento. Pusieron su lucha en temas capitales y así les fue, en lugar de pelear la batalla en las cosas pequeñas del amor a Dios, que son las importantes.

Tenemos que enseñar a los demás lo que se pierden no tratando a Jesús en la Eucaristía y en la confesión y en estar dignamente preparados para recibirle . El punto 306, del Compendio del Catecismo, dice:

¿Por qué también los pecados veniales pueden ser objeto de la confesión sacramental?

La Iglesia recomienda vivamente la confesión de los pecados veniales aunque no sea estrictamente necesaria, ya que ayuda a formar una recta conciencia y a luchar contra las malas inclinaciones, a dejarse curar por Cristo y a progresar en la vida del Espíritu.

También convendría repasar lo que dice el Catecismo.

No hay más que añadir para aquellos que divulgan que sólo hay que confesarse cuando cometamos faltas graves. La Iglesia recomienda vivamente confesarnos de aquello que suponga una falta de generosidad con Dios para avanzar en la vida interior. ¡Qué tenemos que ser santossss!

¿Dónde está Dios? Está dentro de nuestros corazones, deseando que le busquemos y le encontremos ahí. Leí de San Agustín que Dios que te creó sin tí, no te salvará sin tí. ¡Bonito! La libertad, don de Dios.

Me falta por poner un testimonio, mío para variar, sobre el tema de la vocación. Quiero decir porque alguno me lo ha comentado, que yo no he tenido ni traumas, ni depresiones, ni nada y que tampoco estoy "atascado" en el pasado. Ya dije que pertenezco al mundo del deporte; cuando entrenaba y perdíamos un partido, todo el equipo queríamos cuanto antes jugar el siguiente encuentro y la semana se nos hacía muy larga, para demostrarnos a nosotros mismos y a nuestros adversarios, que había sido un accidente. El "partido" anterior lo perdí (me relajé, esto en el fútbol sala no lo perdona el rival), pero para este que ya se que tengo que confiar más en Dios, ¡lo voy a ganar!. Intentaré aprovechar al máximo los medios de formación que tengo a mi alcance, junto con la dirección espiritual que, porque me da la gana y así quiero que sea, la llevo con un sacerdote del Opus Dei.

También quiero decir, que en mi propia experiencia he vivido lo que he dicho. Cuanto más cerca se está de Dios, más feliz es uno y más libre. Propósitos concretos: todos los días un ratito de oración y hacer un breve examen de conciencia por la noche. Esto, con una buena dosis de humildad.

Hoy, más que nunca, este es uno de mis charcos.
De la Misa de ayer
Vota esta noticia

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *