Curso de buenos modales

Seguramente cuando te hayan preguntado que “qué quieres ser de mayor” nunca habrás contestado que “ser elegante”, pero no por esto renunciarás a la elegancia ¿verdad?.

 

Y es que comportarse bien no es tan difícil. Con unas pocas indicaciones es sencillo saber estar en cualquier situación.

 

 


 

COMPORTAMIENTO EN LA MESA:

Uso de los cubiertos.

Pelar la fruta.

 

Poner la mesa

 

Siempre, y especialmente si hay invitados, nos aseguraremos de que la mesa sea adecuada en su tamaño para acoger a todos los comensales; y también que el mantel, la vajilla, la cristalería y cubertería estén en perfecto estado y sin manchas.

 

Los tenedores se colocan a la izquierda del comensal, con las puntas dirigidas hacia arriba. Las cucharas y cuchillos a la dere­cha (el filo del cuchillo dirigido hacia el plato). Los cubiertos para el postre pueden disponerse en ángulo recto con los demás, de­lante del plato junto al borde superior, o a los lados de éste, como se indica en los dibujos; pueden también traerse al mismo tiempo que los platos. El cuchillo y el tenedor del pescado se colocan igual que los otros, pero siempre en la posición más alejada del plato.

 

Los cubiertos pueden distribuirse también a la derecha del plato de la manera siguiente: de fuera hacia dentro, la cuchara, el cuchillo de pescado, el cuchillo de carne, el tenedor de pescado y el tenedor de carne. Esta forma de disponerlos, al llamado estilo americano, no es muy frecuente en Europa.

 

Las copas o vasos se colocan delante, en el centro o un poco a la derecha. Si son varias las bebidas que se van a servir, puede situarse la copa de licor a la izquierda, a continuación la copa más grande para el agua, y las demás seguidas en orden de mayor a menor. La copa del vino suele colocarse más cerca del plato que la del agua.

 

La servilleta puede dejarse sobre el plato o a la izquierda del comensal. El pan se coloca a la izquierda del plato; en ocasiones, y según el grado de formalidad de la comida, se deposita en pe­queños platos de plata o de porcelana. Los saleros y pimenteros, los platillos con mantequilla o mostaza…, se distribuirán estratégi­camente por toda la mesa.

 

Debajo de los platos a utilizar puede colocarse un plato de base que no se usa para servir los alimentos y que se retira para tomar los postres. Cuando la comida se inicia con entremeses u otra entrada similar, suele colocarse un plato más pequeño en el lugar superior.

Cuando se tienen invitados, es un bonito detalle por parte de los anfitriones colocar un centro de flores naturales en la mesa, procurando que no dificulte el contacto visual entre los co­mensales.

 

En general, el puesto de honor se sitúa a la derecha de los anfitriones. En las comidas de gran etiqueta los sitios se señalan en la mesa con una pequeña tarjeta, escrita siempre a mano.

 

 


Servir la mesa

 

Si se cuenta con servicio, al presentar éste la comida por la izquierda, el comensal tomará los cubiertos de la fuente –uno- en cada mano si hay dos- sirviéndose lo que desee; al terminar de­positará nuevamente uno junto a otro los cubiertos en la fuente. Cuando se trata de servicio a la inglesa, será el propio camarero quien nos sirva. En estos casos es correcto dar las gracias al ser­vicio en el momento de servirnos la comida.

 

Se comenzará a servir a partir de la primera mujer a la de­recha del anfitrión; se continúa luego hacia la izquierda rodeando la mesa de forma que el anfitrión sea servido en segundo lugar.

 

Cuando sirven dos personas, una lo hace como se ha indicado; la segunda comienza sirviendo a la anfitriona, y continúa por quien esté a su izquierda hasta donde inició el primer servidor. Otra modalidad en el orden de servicio consiste en comenzar por la señora situada a la derecha del anfitrión, servir a continuación a las demás damas de derecha a izquierda; y después a los hombres, co­menzando por los que están sentados a la derecha de la dueña de la casa.

 

Las bebidas se sirven siempre por la derecha.

 

La copa de vino se llena aproximadamente a dos tercios de su capacidad.

 

Si traen los platos ya servidos, éstos se colocan en la mesa por la izquierda del comensal; y si pasan, ya servidos, de uno a otro, se hace de izquierda a derecha de modo que a cada comen­sal le llegue el plato por la izquierda.

 

Cuando todos han termina­do, los platos se retiran por la derecha del comensal de dos en dos, uno en cada mano.

 

 

No está bien llamar al camarero golpeando con el cubierto los platos o vasos: se hace un ademán con la cabeza o la mano. No es correcto tutear al camarero u otras personas del servicio. Normalmente tampoco deberemos ayudarles recogiendo los pla­tos, las fuentes…, pues éste es su trabajo y seguramente entorpe­ceremos su labor.

 

Cuando no hay servicio, las fuentes pasarán de uno a otro de derecha a izquierda, sirviéndose el plato el comensal desde su lado izquierdo (es cortés que el hombre sostenga la fuente a la mu­jer, sobre todo si pesa demasiado). Si existe un carro o mesita para colocar las fuentes, platos…, se depositará en él la fuente al termi­nar de servirse todos los comensales. Las bebidas pasan también de derecha a izquierda pero, como queda dicho, se sirven siem­pre por la derecha.

 

Al servirnos, nunca lo haremos con los dedos o con el pro­pio cubierto usado, ni devolveremos a la fuente lo que ya se puso en el plato. Da una impresión muy poco delicada la persona que revuelve la fuente buscando lo que más le agrada: tomaremos la comida de la parte de la fuente más próxima a nosotros (lo más correcto es saber dejar para los otros lo mejor). Cuidaremos. tam­bién que no resbale por los bordes de la fuente lo que nos esta­mos sirviendo y que al dejar los cubiertos de servicio no queden dentro de ella por entero.

 

Si el salero, la pimienta, la mantequilla…, está lejos del alcan­ce de nuestra mano, no intentaremos estirar el brazo para coger­lo, sino que pediremos que hagan el favor de acercárnoslo. No de­bemos descuidar el por favor al solicitar algún servicio; ni el gra­cias, o una sonrisa de agradecimiento, cuando nos lo presten. Y estaremos atentos para acercar el pan o cualquier otra cosa que puedan necesitar las personas que están sentadas más cerca, evi­tando que se vean obligadas a pedirlas.

 

Cuando sea preciso usar vinagreras para sazonar los alimen­tos, al terminar de servirnos cuidaremos que no queden gotas en sus bocas que puedan resbalar por su parte externa, ensuciándo­las, pues esto resultará desagradable para quien las coja después.

 

Los platos no deben retirarse hasta que todos hayan termi­nado; en ese momento se irán recogiendo por la derecha, distri­buyéndose los nuevos. Antes del postre se dejará la mesa comple­tamente limpia, retirando toda la vajilla usada, los saleros, etc.

 


Uso de los cubiertos

 

Tenedor. Cuando no hay nada que cortar, como en una tar­ta se usa sin el cuchillo, y debe manejarse con las púas hacia arri­ba. El tenedor se sujeta por la zona del mango más próxima al ex­tremo que podamos, dejando descansar el cubierto sobre el dedo medio, colocando el pulgar sobre el mango y el índice paralelo a éste.

 

El tenedor es el único cubierto que, para los diestros, cam­bia de mano mientras se come: cuando se usa con el cuchillo se coge con la mano izquierda, con las puntas hacia el plato para pin­char, el dedo índice encima del mango y el extremo del mango sos­tenido entre los dedos pulgar y medio.

 

Cuchara. Se coge con la mano derecha, exactamente igual al tenedor. Debe sostenerse por el extremo del mango y colocan­do el hueco hacia arriba, no se toma con toda la mano ni por la mitad del mango. Se introduce en la boca por un lado y no total­mente, tomando todo de una vez (no está bien tomar de varias veces lo que de una se puso en la cuchara). Cuando el plato esté casi vacío, dejaremos lo que no podamos recoger con la cuchara (tam­bién, dependiendo de la ocasión, podemos inclinar el plato ligera­mente hacia fuera, y tomar ese poco que quede al final). La cu­chara no debe dejarse apoyada boca abajo, ni en el plato ni en el mantel.

 

Si es sopero, al terminar se deja la cuchara en el mismo pla­to. Si hemos tomado la sopa en tazón, se deja en el platillo, pues si la dejamos en el tazón se entiende que no hemos terminado.

 

Cuando se toma café, té o cacao no se deja la cucharilla den­tro de la taza, ni se bebe sujetándola con el dedo contra el borde:

 

la cucharilla sirve para remover, y esto sin hacer ruido; al termi­nar esta tarea, y sin lamerla, se deja en el platillo, al lado de la taza. El café y el té se beben a pequeños tragos, sin hacer ruido y sin sorberlos (no es bonito tomar estas bebidas a cucharadas). Si la bebida está caliente, esperaremos a que se enfríe sola, sin so­plar. Para beber, no se debe estirar el dedo meñique ni meter el pulgar en el asa de la taza.

 

En el uso de la cuchara y el tenedor, es el cubierto el que se acerca a la boca, y no al revés.

 

 

Cuchillo. Se sostiene (no se agarra ni se empuña) con la mano derecha, tomándolo por todo el mango: el filo se sitúa ha­cia el plato, el dedo pulgar queda extendido por una de las caras del mango y el dedo índice presiona hacia abajo el dorso del cu­chillo, sin llegar a tocar la hoja; los otros tres dedos rodean el man­go para sujetarlo bien.

 

Además de cortar alimentos, el cuchillo sirve para llevar la comida hasta el tenedor (cuando comemos guisantes, por ejem­plo). Nunca lo emplearemos para acercarnos los alimentos a la boca, ni lo chuparemos (aunque queden en el filo restos de pastel…).

 

Al emplear los cubiertos es necesario retener el brazo junto al cuerpo, procurando no levantar el codo. Los cubiertos que es­tamos usando no se dejan nunca sobre el mantel, pues podríamos mancharlo. Para hacer una pausa durante la comida, dejaremos el cuchillo y el tenedor formando un ángulo entre sí sobre el pla­to (las puntas del tenedor hacia abajo). La postura correcta de los cubiertos al terminar de comer es dejarlos uno junto a otro, con las puntas del tenedor hacia arriba. Nunca deben usarse para se­ñalar, dar indicaciones, esgrimirlos, entrechocarlos…, sólo deben servirnos para comer.


 

Comportamiento durante la comida

 

Antes de sentarnos a la mesa, debemos lavarnos las manos, peinarnos y cambiarnos de ropa si la tenemos sucia o si estamos en chándal o en ropa de deporte. También seremos puntuales, no haciendo esperar a los demás (la falta de puntualidad de un invi­tado es una muestra de desconsideración que debe evitarse; ha­cer esperar, por un invitado que se retrasa, es una descortesía para los que llegaron puntuales). No nos sentaremos hasta que lo haga quien preside la mesa.

 

Si hay invitados, procuraremos tenerlo todo a punto para es­tar con ellos tranquilamente hasta la hora de la comida o la cena. Y antes de sentarnos les insinuaremos si quieren pasar a lavarse las manos.

 

Nos sentaremos correctamente, con los pies sobre el suelo y sin estirar las piernas, la espalda apoyada en el respaldo de la silla y colocados a una distancia adecuada de la mesa (ni totalmente pegados a ella, ni excesivamente lejos) y sin hacer equilibrios con la silla; los antebrazos se apoyan a ambos lados del plato, y con las manos siempre a la vista. Es un detalle de buen gusto ayudar a las mujeres a que se sienten, retirando la silla.

 

No se debe pellizcar pan ni beber agua antes de empezar a comer. Al comenzar, no se levanta la servilleta mientras no lo haga el más caracterizado; entonces la desdoblaremos, extendiéndola sobre las rodillas (cuando los niños sean más mayorcitos apren­derán a ponerse así la servilleta, y no sujeta en el cuello como un babero). Sólo la tomaremos para limpiarnos los labios antes de be­ber, al terminar un plato o para frotarnos los dedos. Cuando es­temos invitados, al dejar la mesa pondremos la servilleta encima -a la derecha del plato-, con orden pero sin intentar doblarla.

 

Lo más correcto es no empezar a comer hasta que todos es­tén servidos; si esperamos un plato que se retrasa demasiado, podemos rogar a los demás que empiecen sin nosotros. En algunos casos, también puede ser correcto empezar a comer inmediata­mente después de ser servido, pues así la comida no se enfría y se evita que la anfitriona insista en que… por favor no esperéis. Está muy feo hacer ademán, acercando el plato a la fuente por ejemplo, para que nos sirvan enseguida.

 

En la mesa, sobre todo cuando seamos invitados, debemos intentar hacer olvidar a los demás que estamos comiendo. Come­remos y beberemos con tranquilidad, ni muy rápido ni demasia­do lento, procurando adaptar nuestro ritmo al de todos. Conver­saremos cuando no estemos mascando (masticaremos siempre con los labios cerrados); no daremos la impresión de estar ham­brientos (por mucho apetito que se tenga, nunca se debe comer con ansia).

 

Procuraremos también no hacer ruidos de ningún tipo, como sorber la sopa o masticar sonoramente. Beberemos a pequeños sorbos, sin hacer desaparecer todo el contenido de la copa o el vaso de una sola vez.

 

En casa o cuando nos inviten, debemos comer siempre de todo. Rehusar la comida es una descortesía, aunque sí existe al­guna buena razón -alergia a algún tipo de alimento, por ejemplo- debe hacerse. Si te ofrecen repetir puedes hacer lo que desees (el placer del invitado supone un cumplido para la anfitrio­na, sobre todo silo ha cocinado ella). Es preferible repetir si se tie­ne más apetito que servirse en exceso. Y siempre nos comeremos todo lo servido. Cuando el alimento principal se acompaña de guarnición, se comen conjuntamente.

 

De nuestro trozo de pan o panecillo iremos tomando con los dedos lo que necesitemos, sin emplear el cuchillo. No debe usarse para rebañar o limpiar el plato (no obstante, el hacerlo o no pue­de depender en ocasiones del lugar), y jamás ha de servir para ju­gar o como entretenimiento de los dedos. Cada trocito, además de para ser comido, lo utilizaremos para empujar al tenedor deter­minados alimentos que no pueden ser pinchados. Si tenemos los mismos cubiertos para todos los platos, no debemos usar el pan -como si se tratara de una bayeta- para limpiarlos. No se come pan con los postres de fruta o dulce.

 

Mientras comemos no debemos inclinarnos sobre el plato, ni apoyar los codos sobre la mesa. Está muy feo hacer mezclas im­propias en el plato o en el vaso, lo mismo que dejar caer de la boca parte de los alimentos (para dejar huesos, por ejemplo, se acerca el tenedor a la boca, se depositan sobre él, y del tenedor los dejamos en el borde del plato).

 

No está bien ponerse a leer, a ver la televisión, a escuchar la radio o a cantar mientras se come. Tampoco es educado hablar o beber con la boca llena, o soplar para enfriar la comida que está muy caliente. Hay que beber con limpieza, sin que el liquido re­base los labios y procurando no manchar el vaso; éste se sujeta con una sola mano, dejando libre la otra.

 

Cuando nos inviten a comer, hemos de evitar todo gesto o comentario que pueda indicar deficiencias en el servicio (como limpiar los cubiertos o el plato con la servilleta, por ejemplo).

 

Si se produce alguna pequeña catástrofe, como derramar una copa, debemos disculparnos y, si estamos invitados, hacer el gesto de ayudar a limpiar el desaguisado. Pondremos todos los medios para no manchar el mantel, el traje del vecino o el nuestro.

 

Hay algunos temas, como los relacionados con la política y el dinero, o por ser desagradables -como enfermedades, opera­ciones quirúrgicas, bichos… -, que es más correcto no tratar. Del mismo modo, evitaremos hablar en la comida sobre la misma comida.

 

Nadie deberá escarbarse las encías o los dientes con los pa­lillos y, menos aún, dejarlos en la boca, chuparlos o masticarlos: es una ordinariez. Fumar es siempre un serio perjuicio para la sa­lud, pero, además, es de mal gusto y puede molestar cuando se hace entre dos platos: el humo y la nicotina impiden que el fuma­dor y los demás comensales puedan apreciar totalmente los sabo­res y aromas de la comida y de la bebida.

 

Si estamos invitados debemos recordar siempre que es muy importante acomodar nuestras maneras a las de los demás co­mensales, como aconseja el refrán: a donde fueres, haz lo que vie­res. No es correcto levantarse de la mesa antes de que lo haga la señora de la casa. Al término de la velada daremos las gracias a los anfitriones. En algunos casos podemos mostrar ese agradeci­miento correspondiendo con algún presente (flores, bombones…).

 


Métodos para comer algunas frutas

 

 

La manera más elegante de comer melocotones, peras y manzanas es trocearías en cuartos, separando el corazón o el hue­so, pelar y comer cada cuarto pinchándolo con el tenedor y manejando el cuchillo con la mano derecha. Si te gusta la piel, no hay ninguna razón por la que no puedas comértela (en ese caso es mejor que laves antes la fruta).

 

Las naranjas no son fáciles de pelar: lo haremos con cuchi­llo y tenedor, partiéndola primero por la mitad y, tras dar varios cortes verticales, separaremos la piel sin desgarrar los gajos para no perder el jugo ni pringamos con él.

 

Las mandarinas, cerezas, uvas, ciruelas y otras frutas pare­cidas se comen con los dedos. Los huesos y las pepitas se dejan caer en la mano, que habremos acercado a la boca, depositándo­las en el borde del plato.

 

Los albaricoques se comen con piel (por eso es mejor servir­los lavados). Si son pequeños se pueden comer con la mano; si son muy grandes puede usarse el cuchillo para partirlos por la mitad, sujetándolos con el tenedor, desprender el hueso, e ir cortándolo en trocitos a medida que se va comiendo.

 

El plátano es fácil de comer. Se puede pelar y comer con la mano; y también, de forma más elegante, con cuchillo y tenedor:

 

Después de cortar los dos extremos -sujetando el plátano con el tenedor- y de abrir a lo largo la piel con el cuchillo, se saca de ella dejándolo sobre el plato, para cortarlo luego en rodajitas con el tenedor, que se llevan a la boca a medida que se van cortando.

 

El melón se come haciendo cortes verticales en la raja y pe­lando luego corte a corte (esta fruta debe llegar a la mesa sin pe­pita y partida en rajas).

 

Cuando comamos sandía, primero iremos sacando las pepi­tas con el tenedor; luego cortaremos cada pedazo con el cuchillo v nos lo acercaremos a la boca con el tenedor (si aún quedan pe­pitas, se dejan caer en la mano y, a continuación, se depositan en el plato).

 

 


 

LA ROPA:

Combinar los colores.

 

Lo más visible de la persona es el vestido. Él nos da forma y expresión exterior, y de él nos servimos para atestiguar a los de­más la deferencia que nos merecen.

 

La persona verdaderamente elegante no toma al pie de la le­tra los dictados de la moda. La observa, la sigue, pero no se hace esclava de ella. Antes que la moda debemos tener en cuenta que el vestido debe ser proporcionado al cuerpo -debe sentarnos bien-, al ambiente y al lugar donde vayamos a estar.

 

El cuidado de la ropa

 

Nos esforzaremos en conservar nuestra ropa siempre limpia sin restregarnos por el suelo, las paredes u otros lugares que pue­dan estar sucios. A pesar de este cuidado, es lógico que la ropa ter­mine manchándose y sea necesario mandarla a limpiar con cierta frecuencia.

 

Dejar la ropa colgada en el armario o bien doblada en su si­tio contribuye también a que se conserve mejor y dure más, aun­que esto pueda suponer a veces un pequeño sacrificio.

 

La ropa adecuada a cada situación

 

El tacto y la consideración con los demás en el vestir supone aprender a usar la ropa adecuada para cada ocasión. Es tan ri­dículo ir a un solemne acto académico con calcetines de deporte y pantalón de montaña> como ir de compras en traje de baño, aun­que estemos en vacaciones; tampoco seña cortés recibir una visi­ta en bata o zapatillas…

 

Vestiremos, pues, según las circunstancias en que nos encon­tremos: para ello deberemos tener ropa adecuada para el trabajo, para el deporte, para ir de excursión para ocasiones importantes y alguna ropa más vieja para hacer arreglos o tareas de limpieza como pintar una pared, arreglar el jardín, limpiar el coche, lavar los platos… (después de realizar alguna de estas tareas es necesario limpiar los restos de suciedad y dejar las herramientas u otros instrumentos empleados en su sitio).

 

El frac y el smoking son los trajes de etiqueta de caballero. El primero se usa en ceremonias celebradas por la tarde y el segundo cuando éstas son por la noche. El traje largo y el traje de noche son los vestidos de las damas para esas ocasiones. El cha­qué es el traje de etiqueta de hombres para ceremonias muy solemnes.

 

Cuando te pongas un traje, lo más correcto es que uses ca­misa blanca, camisa de tonos claros o de rayas o cuadros discre­tos. Como regla general las corbatas con dibujos se llevan con ca­misas lisas y viceversa. El triángulo de la parte delantera final de la corbata no debe sobrepasar más de dos o tres centímetros la cintura del pantalón. Los puños de la camisa sobresaldrán un cen­tímetro, o poco más, por debajo de las mangas de la chaqueta. Los gemelos se usan con camisas de doble puño.

 

La chaqueta de caballero se abrocha siempre hacia la dere­cha. Si es cruzada, deberá mantenerse abrochada cuando se per­manezca de pie, y se llevará sin chaleco.

 

En relación con la combinación de colores, existe hoy una flexibilidad considerable. No obstante, si sabes que no tienes muy buen gusto para esto puedes preguntar si la elección que has he­cho no es muy chocante… Los colores discretos y los cortes mo­dernos pero poco marcados harán que una prenda nos dure más tiempo y nos sirva para más ocasiones distintas.

 

Los calcetines deben combinar con los zapatos y pantalones. No es elegante usar calcetines blancos de deporte cuando vesti­mos de calle. Es indispensable la limpieza y el lustre de los zapa­tos: si se llevan sucios, aunque se vaya bien vestido revelamos des­cuido y abandono.

 

Para vestir bien no es necesario mucho dinero: sólo se re­quiere tener buen gusto o saber pedir consejo a quien lo tiene. Una buena prenda, aunque sea un poco más cara sale casi siem­pre más económica que varias muy baratas: antes de comprar hay que ser prudente y pensarlo bien.

 

 


Anexo I. Cena con invitados. Algunas ideas importantes

 

La mantelería

 

El mantel es el vestido principal de la mesa. Salvo para comidas familiares (incluso en estas, debería evitarlo), olvídese de mantelitos individuales y manteles de papel. Es muy recomendable utilizar un bajo-mantel o muletón, que sirve para varias cosas importantes: evitar que el mantel resbale, proteger la mesa de comidas calientes, evitar humedades por el derrame de líquidos, proteger la mesa de golpes y evitar ruidos durante el servicio de mesa. El muletón o bajo-mantel nunca deber ser mayor que el tamaño del mantel, para que no sobresalga. Tampoco debe ser muy grueso, para que no haga el efecto de estar debajo de una "colchoneta".

 

Tamaño

 

El mantel debe cubrir al completo la mesa, pero sin colgar hasta el suelo. La regla general es que solamente debe colgar, como mucho, un tercio de la distancia que haya desde la mesa hasta el suelo. Por supuesto, tampoco deberá quedar corto, dejando al descubierto una parte de la mesa o del muletón, o quedando al "ras" de la mesa, tapando justamente el borde de la misma. Si el mantel es calado es obligatorio poner un muletón o "fondo" para evitar que se vea la mesa.

 

Diseño

 

El mantel debería conjuntarse con la mayor parte de elementos que componen la mesa. Con la vajilla, con los adornos, etc. El color mas utilizado y elegante es el blanco, y los colores pasteles suaves o el color marfil. En determinadas ocasiones, como Navidad por ejemplo, se pueden utilizar manteles con diversos motivos referentes a la fecha. Las servilletas, deben estar a juego con el mantel, o al menos ir conjuntadas con él (si no pertenecen al mismo juego). Éstas se colocan a la derecha del plato, aunque en diversos libros de protocolo las sitúan a la izquierda también. Encima del plato, no se debería aunque también se hace.

 

Servilletas

 

Es un elemento imprescindible en toda buena mesa. Habrá que contar con servilletas de recambio para poder cambiarlas a lo largo de la comida (sobre todo si vemos que hay algunas muy sucias).El tamaño más utilizado es de 50 x 60 cms., aunque existen muchas variantes. Se doblan en forma de triángulo o de rectángulo y se dejan a la izquierda del plato (o la derecha como dijimos anteriormente). Los doblados artísticos solo están permitidos en fiestas familiares o muy informales. Y nada de meter la servilleta en la copa, salvo en las ocasiones citadas como familiares o poco formales.

 

Vajillas

 

La vajilla es un elemento imprescindible en la mesa, tanto a diario como en ocasiones especiales. Aunque existen diversidad de materiales, las más habituales son de porcelana y de loza. Igual nos ocurre con los diseños y los tamaños. Las modas y los fabricantes han dado lugar a una libertad (dentro de unos límites) en cuanto a tamaños y diseños. Lo mejor será escoger, algún diseño clásico, válido para cualquier ocasión, pues se pasan menos de moda, y son más fáciles de combinar. Para diario o reuniones informales puede contar con una vajilla de diseño más moderno y atrevido.

 

 

Composición

 

Una vajilla debe contener, al menos en su formato más básico: platos hondos, platos llanos y platos de postre. Las vajillas más completas pueden llegar a tener un número de piezas elevado, aunque muchas de ellas no se suelen utilizar nada más que en contadas ocasiones. Podemos encontrarnos vajillas con: platos y tazas de consomé, soperas, salseras, bandejas de los más diversos tamaños y formas, platos especiales para espárragos, caracoles, cuencos diversos, etc. Cuidado con utilizar elementos extraños de la vajilla que puedan poner en un compromiso a nuestros invitados.

 

Algunos elementos que inicialmente no componen la vajilla, son los bajo-platos o platos de presentación, cada más utilizados y muy elegantes. Se colocan como elemento decorativo, y como base de la vajilla tradicional. En comidas formales procuraremos utilizar vajillas de calidad (tipo Sevre, Limoges, Rosenthal …). Cuando coloque los platos en la mesa recuerde que nunca se colocan dos platos iguales juntos (dos llanos o dos hondos juntos, por ejemplo). Tampoco se coloca directamente sobre el mantel (o bajo-plato) un plato hondo.

 

 

Cubiertos

 

Al igual que la vajilla, es un elemento imprescindible en cualquier mesa, ya sea formal o informal. En cuanto a sus diseños y tamaños, podemos decir que hay tantos como fabricantes. Aunque la mayoría de cubiertos sigue una línea básica, nos podemos encontrar verdaderas "rarezas" o maravillas. El material más utilizado es, generalmente, el acero inoxidable, aunque existen otros materiales, que no por ser menos utilizados, son también de gran calidad, como son la plata y la alpaca. Estos últimos suelen ser solo utilizados en ocasiones puntuales.

 

Variedad

 

Si solo tiene una cubertería, elija una de diseño sobrio y elegante, la cual le puede valer para cualquier ocasión. Evite elegir formas rara o diseños incómodos. La variedad de cubiertos podemos decir que es ilimitada. Casi cada plato tiene el suyo. Podemos encontrarnos cubiertos para marisco, caracoles, para cortar tartas, para servir legumbres, etc. Aunque raramente se utilicen, algunos pueden ser de verdadera utilidad. Totalmente prohibido utilizar bajo ningún concepto cubiertos de plástico o madera. Ni en comidas con amigos, salvo alguna comida en el campo o finca, y aún si podemos evitarlo mucho mejor.

 

Composición

 

En nuestra cubertería deberíamos contar al menos con: cucharas, tenedores, cuchillos y cucharillas de postre. Algún cucharón y cacillo para servir. Si queremos tener algo más sofisticado, o necesitamos tenerlo por los compromisos que acuden a nuestra casa, sería bueno contar con: cubiertos para pescado, cucharillas para helado o sorbete, cuchara salsera (para acompañar a la salsera) y alguna otra pieza. Si su grado de sofisticación es muy alto, puede completar su cubertería con los más diversos "artilugios" que harán las delicias del más "esnob", pero seguramente no, la de algunos de sus invitados.

 

Colocación

 

El cuchillo se coloca a la derecha del plato, con el filo hacia adentro. La cuchara se coloca a la derecha del cuchillo con la concavidad hacia arriba. Y el tenedor se coloca a la izquierda del plato, con las puntas hacia arriba. La utilización es muy sencilla: se empieza utilizando los cubiertos más alejados del plato (de fuera hacia adentro). Los cubiertos de postre se colocan en la parte superior del plato, y en otras ocasiones solo se ponen en el momento de servir los postres. Los cubiertos se colocan a 3 ó 4 cms. de distancia a cada lado del plato. Procure no utilizar los mismos cubiertos durante toda la comida. Cámbielos, siempre que le sea posible, para cada plato.

 

 

Uso de los cubiertos

 

La correcta utilización de los cubiertos denota, en gran medida, la buena educación de una persona. Como regla general todos los cubiertos se cogen por el mango en su parte superior. El tenedor, utilizado en solitario se coge con la mano derecha y con las púas hacia arriba. Se utiliza para llevar los alimentos a la boca, y para trocear alimentos blandos como verduras, tortillas y huevos. Si se utiliza con el cuchillo, el tenedor de coge con la mano izquierda y las púas hacia abajo, siendo su misión llevar los alimentos a la boca.

 

La cuchara, se coge con la mano derecha y la concavidad hacia arriba. Es utilizada para alimentos líquidos (sopas), pastosos (cremas, purés) y otros platos como legumbres y platos caldosos. El cuchillo se coge con la mano derecha y el filo hacia abajo. Y se utiliza haciendo una ligera presión con el dedo índice, por la parte opuesta al filo. El cuchillo nunca se lleva a la boca, ni se chupa ni se limpia (con la boca o la servilleta). La función del cuchillo es cortar o trocear los alimentos. La regla general para la utilización de los cubiertos es: la comida se lleva a la boca y no la boca a la comida.

 

Ninguna de las piezas de la cubertería se limpia con la servilleta. La cuchara se puede utilizar con el tenedor únicamente para servir ensalada. Aunque existen gran variedad de cubiertos, como hemos visto, por regla general, se utilizan solamente los más básicos, no siendo necesarios la mayoría de los cubiertos "extraños" o poco utilizados. En determinadas ocasiones, sobre todo en restaurantes, veremos que no se ponen todos los cubiertos en la mesa, sino que se van poniendo a medida que se cambian los platos. Es una práctica muy utilizada cuando son pocos los comensales, pues en caso contrario sería casi imposible hacerlo.

 

En la mesa

 

Cuando estamos en la mesa y queremos hacer una pausa los cubiertos deben reposar en el plato y no, sobre el mantel o la servilleta. Se deben colocar en ángulo de 45º, el tenedor con las púas hacia abajo y el cuchillo con el filo hacia adentro. Si terminamos y deseamos que nos retiren el plato, debemos colocar los cubiertos, colocados de forma paralela, a un lado del plato (haciendo la similitud con las agujas de un reloj, en la posición de las cuatro y veinte). Los alimentos se cortan a medida que se van comiendo y solamente se trocea entero un alimento a los niños y personas incapacitadas o muy mayores.

 

Presentaciones

 

Cuando asistimos a cualquier acto (fiesta, reunión, encuentro de trabajo, etc.) surge la cuestión de las presentaciones. También cuando vamos acompañados por la calle y nos encontramos con personas que no se conocen entre ellas. Las relaciones sociales, las conversaciones e incluso muchos negocios empiezan previamente con la presentación de las personas por una tercera parte conocedora de ambas. Da lo mismo donde se encuentre: una reunión, una cafetería, en la calle. Siempre debe presentarles.

 

Cuando presentar

 

Las normas de cortesía subrayan que siempre que se encuentre con personas que no se conozcan entre ellos, deberían ser presentados. Es una manera de evitar que estas personas se sientan excluidas de la conversación. Las excepciones pueden ser en grandes actos donde el anfitrión no pueda atender a todos sus invitados, ni estar haciendo presentaciones toda la velada. Para ello, puede contar con la ayuda de amigos comunes que realizar la tarea de ir presentado gente que no se conozca entre ella.

 

Reglas básicas

 

Las tres reglas básicas para hacer las presentaciones son por razones de sexo, edad y categoría. Es decir, la mujer siempre es presentada por el hombre. El más joven siempre es presentado al de mayor edad. Y el de menos rango o categoría, siempre es presentado al de mayor rango o categoría. Hay excepciones, en presentaciones que se dan dos supuestos de los indicados. Por ejemplo, una chica joven y un anciano. Prevalece la edad al sexo y será la chica presentada a la persona mayor. La mayor parte de las excepciones vienen dadas por una lógica cortesía, que nos indica si hay que variar este "orden" básico.

 

Situación

 

Las reglas anteriormente expuestas, pueden variar en función del entorno donde tenga lugar el encuentro. Por ejemplo en el trabajo, que por razones obvias, no presenta a un directivo primero a su secretaria y luego al jefe (por lo que prevalece el cargo al sexo), pero si al contrario si esa misma situación se da en una fiesta o en la calle. Lo mismo ocurre con otros muchos detalles de cortesía que por pura operatividad y funcionalidad de los negocios se obvia. Por ejemplo, no va a levantarse de su silla cada cada vez que su secretaria entra en el despacho (aunque según la cortesía siempre debe ponerse de pie un hombre ante la presencia de una mujer).

 

Excepciones

 

Las excepciones más comunes a las reglas dadas son: la edad y la categoría prevalecen sobre el sexo. Dos personas del mismo sexo, se presenta la más joven a la de más edad, pero aun siendo de distinto sexo, también prevalece la edad. Lo mismo ocurre con la categoría. En los lugares de trabajo, prevalece la jerarquía establecida en la empresa. Se puede dar el caso de tener que presentar dos personas, cuyas definiciones por categoría y edad nos son difíciles de determinar (no sabemos bien quien es mayor o quien tiene mejor puesto o título). Podemos tratar de enterarnos quien "es más" (más mayor, de más categoría) u optar por buscar un tercero que nos haga la presentación de estas personas.

 

Fórmulas utilizadas

 

Lo más utilizado es decir el nombre completo de las personas presentadas. Por ejemplo: Juan Vostel te presento a Carlos Frestor. También podemos empezar diciendo sólo el nombre de pila, para terminar dándole el nombre completo: Alejandra te presento a Juan Vostel. Juan, Alejandra Presnart. En el caso de parejas, puede presentarla como su esposa o compañera: Carlos, mi esposa. O también, mi esposa seguido de su nombre completo. Pero nunca debe presentarla como la Señora de … su apellido. Eso lo pueden hacer terceras personas que no sean el marido (por ejemplo un tercero: Maria Preti, señora de Vostel). La fórmula de introducción a la presentación suele ser: Permítame que le presente a … También se utiliza: Disculpe o disculpe que le interrumpa,  quería presentarle 

a …

 

Respuestas

 

Ante las presentaciones, las fórmulas para responder más utilizadas son: Encantado de conocerle, es un placer e incluso cuando la persona tiene una gran categoría o prestigio se puede responder con "Es un honor …". Hay fórmulas menos formales que se utilizan en actos más familiares e íntimos, como es: Me alegro de …, pero solo debe utilizarse para actos poco formales. Al igual que en la correspondencia ya no se utilizan fórmulas obsoletas como "a sus pies, señora", "para lo que guste mandar …" y fórmulas similares.

 

Auto presentación

 

Hay actos multitudinarios, en los que los anfitriones no pueden presentar a todos sus invitados. Es perfectamente válida la autopresentación. Podemos hacerlo con una fórmula similar a: "Permítame que me presente …". En estos casos, además de decir nuestro nombre completo, es conveniente añadir el motivo de nuestra presentación o interés por la persona que hemos "abordado". La autopresentación, también es muy utilizada en el entorno laboral: Hola soy Carlton Lasqui, el nuevo ayudante de dirección. Siempre debe indicar su nombre completo y cargo o función en la empresa.

 

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