Curso amistad para padres

1. En busca de la verdadera amistad.

 

Según Aristóteles, «la primera y verdadera amistad será la de los hombres virtuosos y buenos, que se aman en tanto que son buenos y virtuosos». Es decir, un afecto recíproco desinteresado fundamentado en la Verdad.

 

Según el mismo filósofo, existen tres clases de amistad: la que ya hemos nombrado, la amistad que se forma por placer y la que se contrae con miras de interés y utilidad.

 

En relación a este tema, solo nos referiremos a quienes siendo amigos de una persona la perjudican sin querer hacerlo. Son los bien intencionados que, deseando apoyar al amigo en todo, evitan criticarlo para hacerle ver los errores que comete en su vida mostrándole lo que pueda estar haciendo mal y que, como es sabido, se ve claramente desde afuera y muy oscuramente desde adentro.

 

Sintiendo cariño por el amigo, tratan de complacerlo y evitarle la visión de realidades que aquél no advierte. Se las arreglan para hacerle sentirse bueno aunque no lo sea tanto.

 

Posiblemente, puede también ser malo, visto desde afuera, pero el amigo, que le estima a pesar de todo, rara vez le hará ver aquella realidad. Pareciera que el concepto popular de amistad es «defender al amigo por encima todo», aunque esto signifique condenarlo a permanecer esclavo de sus vicios y defectos.

 

Es frecuente que los buenos amigos sean en realidad malos amigos, debido a que no entienden que la verdadera amistad no puede convertirse en tapadera de vicios, defectos o actos incorrectos, sino que consiste en desear el bien real al amigo y ayudarle a que lo consiga, aunque para ello sea necesario hacerle ver sus defectos e inconsecuencias, mostrándole cómo realmente es desde afuera para que, conociéndose más a sí mismo, pueda aprovechar esto en su propia autorrealización.

 

Ayudarle a no volarse en proyectos fantasiosos que puedan ser irrealizables, a no autojustificar sus fracasos, a enfrentar su propia realidad tal como es percibida desde su entorno.

 

Esto es lo que «el buen amigo» suele no hacer, sino que en vez de ello se dedica a reforzar las conductas inadecuadas del camarada palmeando su espalda y «acariciándolo» emocionalmente para hacerle sentir lo buen amigo que es, esperando que éste le devuelva la mano en forma equivalente.

 

La forma más probable de extraviar el camino en la vida consiste en estar rodeado de amigos o colaboradores incapaces de decirnos la verdad sobre nuestras propias actuaciones, que no se prestan a ser espejos fidedignos que nos permitan conocer mejor nuestras propias fallas y debilidades. Pareciera que la menor crítica amenazara con estropear la amistad, lo que efectivamente ocurre en muchas ocasiones, puesto que es evidente que hay sujetos «incriticables», debido a su narcisismo que los mantiene separados de la realidad objetiva.

 

Las amistades tienen tanta influencia en la vida moral de una persona que es preciso comprender que muchos amigos a quienes queremos como hermanos pueden ser nuestros peores verdugos si por tratar de agradarnos se abstienen de opinar verídicamente sobre nosotros, induciéndonos así a reforzar nuestros defectos, vicios o malos hábitos.

 

Para ser genuina, la verdadera amistad no debe tener caretas, ya que la hipocresía bien intencionada termina por debilitar o destruir a quien nos abstenemos de criticar.

 

Debemos, por tanto, aprender a distinguir entre «amistad» y amistad si es que queremos que ésta entregue sus más bellos frutos y no nos lleve a la frustración y desesperanza.

 

Hay quienes, habiendo sido defraudados por un amigo muy querido, se han desilusionado de la amistad, argumentando que «la lealtad no existe y todo es interés», lo que, siendo evidente en algunos casos, no es verídico cuando un amigo nos reprende con firmeza por una actuación incorrecta que hemos tenido.

 

Es preciso diferenciar las tres clases de amistad definidas por Aristóteles:

 

1.      La amistad perfecta de los hombres virtuosos, que se parecen tanto por su virtud porque se desean mutuamente el bien, en tanto que son buenos.

2.      Los que se aman por interés, por la utilidad que pueden sacar el uno del otro, no se aman por sus personas sino por el provecho de sus relaciones mutuas. Solo se busca en el fondo el bien personal.

3.      Cuando se ama por placer, en el caso de sujetos que comparten actividades placenteras.

 

Según Aristóteles, «el placer parece ser el único que inspira la amistad de los jóvenes; ellos viven dominados por la pasión y solo buscan el placer, y aun puede decirse, el placer del momento. Con el tiempo los placeres cambian y se hacen distintos. Así que los jóvenes contraen de relámpago sus relaciones amistosas y cesan del mismo modo en ellas. La amistad pasa con el placer al que debía su nacimiento, y el cambio en este placer es muy rápido. Los jóvenes se ven arrastrados por el amor; y el amor las más de las veces no se produce sino bajo el imperio de la pasión y del placer» (Moral, a Nicómaco).

 

«Dime con quién andas y te diré quién eres» puede convertirse en un aforismo de insospechada veracidad.

 

El grupo de amistades tiene un peso importante en la formación del carácter y la personalidad del joven, teniendo a veces mayor influencia aun que la propia familia.

La unión amistosa que excluye la crítica sana, bajo el erróneo pretexto de «comprender y apoyar al amigo» , termina convirtiéndose en aquello que más le perjudica y, por ende, en una falta moral seria.

 

No es ético ayudar a una persona a que mantenga una visión equivocada de la realidad que le impida integrarse correctamente a la sociedad o cumplir con las normas morales pertinentes. Si reforzamos su falta de contacto con la realidad, terminamos haciéndole un grave daño, por muy buenas que sean nuestras intenciones o a pesar del cariño que podamos sentir por ese amigo.

 

Actuamos así en forma poco ética y lo impulsamos además a conductas inadecuadas.

 

Es menester depurar y profundizar el concepto de amistad, para convertir ésta en uno de los valores trascendentales más importantes, para que el hombre pueda enriquecer a otros y valorizarse a sí mismo mediante el intercambio de experiencias significativas que lo lleven a ampliar y ennoblecer su mundo interno.

 

Si cada uno de tres amigos virtuosos adquiere dos nuevos amigos a los cuales transmitir valores superiores, y así sucesivamente, no tardaría mucho en extenderse una cruzada de perfeccionamiento moral al servicio de toda la humanidad.

 

Para esto solo se necesita comprender y estar de acuerdo sobre el hecho de que el supremo bien reside en el conocimiento de la Verdad y la práctica de las más altas virtudes morales y espirituales.

 

Una cruzada moral de esta índole tiene que trascender todo interés mezquino, para superar diferencias e intereses raciales, políticos, filosóficos y religiosos.

 

2. El florecimiento de la amistad.

 

La amistad comienza por una simpatía mutua o por virtud, pero sólo se mantiene por la virtud, y crece en la medida que se desarrolla la virtud. A la vez, esto hace a la persona más amable y más capaz de amar.

 

La amistad se refiere a una relación de intimidad. Por tanto, no puede darse en profundidad hasta que una persona llega a descubrir su propia intimidad y aprende luego a compartirla con otros. Por tanto, teniendo en cuenta las características evolutivas de vuestro hijo, el objetivo actual no es tanto que lleguen a grandes profundidades en la amistad como sí, que traten de mantener una relación social amplia y practiquen la caridad cristiana con todos, porque únicamente así puede surgir la simpatía mutua que conduce a la amistad.

 

 

3. Del grupo a la amistad.

            Aproximadamente de 3 a 6 años, el niño reconoce que los juegos y las actividades no pueden ocurrir a menos que se tenga en cuenta el intercambio de turnos (que haya un elemento de intercambio) pero hay una conceptualización simple y egocéntrica de la amistad en términos de definir a un amigo como alguien que te da cosas o alguien con quien jugar. La amistad se basa en la proximidad y en los atributos físicos.

Aproximadamente de 6 a 9 años, hay una mejora en la comprensión de los conceptos de reciprocidad e intereses comunes, mas que en el concepto de "ayuda". Las simpatías y aversiones hacia otra persona es más probable que se consideren basándose en cuánto encaja cada amigo con los propios intereses, como por ejemplo en si les gusta el mismo tipo de juegos. También aparece la novedad de ser consciente de los motivos, pensamientos y sentimientos de los otros.

 

Los niños con más problemas para aceptar positivamente su papel dentro del grupo son los tímidos, que no se atreven a formar parte de un grupo y los mimados, que muchas veces lo pasan mal, porque de repente descubren que los demás no están dispuestos a satisfacer todos sus caprichos.

Aproximadamente de 9 a 13 años, el chico es más consciente de las opiniones que otras personas tienen sobre él y de cómo sus palabras y acciones afectan a los sentimientos de los otros. Son más cuidadosos con lo que hacen y dicen, ya que pueden hacer daño a los demás. La amistad ya se puede basar en compartir experiencias e intereses comunes y el ayudarse se convierte en algo más valioso que simplemente el jugar juntos. Se hacen más selectivos al escoger a los amigos, hay una división del genero (masculino/femenino) y la relación se hace más duradera. Hay un incremento en el valor de las cualidades personales, como la confianza, la lealtad y la capacidad de mantener promesas.

De adolescente a adulto, hay una aceptación del grupo, que se vuelve más importante que las opiniones de los padres, hay una profunda y amplia "revelación" de uno mismo, un deseo de ser comprendido por los amigos y un reconocimiento de que hay diferentes tipos de amistad (desde los "conocidos" a los amigos íntimos con interdependencia autónoma).

4. La mala influencia.

 

Como hemos visto, un buen amigo es una persona que lucha para superarse en un conjunto de virtudes. El problema es ¿cómo conseguir que nuestros hijos elijan a este tipo de persona como amigo, y luego que sigan con la relación?

 

Visto desde otra perspectiva, se trata también del problema de lo que se suele llamar “mala influencia”. y aquí vamos a considerar lo que es una mala influencia.

 

Por una parte, debemos ser realistas y reconocer que no sirve para mucho proteger al hijo de las influencias externas de modo continuo, porque en algún momento se va a encontrar con ellas, y si no está preparado para ello serán mucho más perjudiciales. Sin embargo, tampoco se trata de abandonar a nuestros hijos, creyendo que no debemos o no podemos ayudarles.

 

Una mala influencia es ésa que consigue un cambio de actitud en una persona, de tal forma que su comportamiento habitual no se relaciona con criterios rectos. El resultado más nefasto de una mala influencia es un cambio radical en los criterios de la persona, que implica una destrucción o un abandono de la verdad.

 

En otras palabras, la mala influencia tiende a favorecer el desarrollo de vicios más que de virtudes en nuestros hijos.

 

Si aceptamos esta aclaración, veremos que la influencia ocasional de una persona no tiene mucha importancia, con tal de que el cambio producido en el hijo se refleje en un comportamiento esporádico. Es decir, si algún compañero de un hijo le ha explicado sus razones para apoyar el control de natalidad y nuestro hijo acepta estas razones, porque no tiene criterios claros en el asunto, no es importante que nos diga que está a favor del control de natalidad. Incluso nos permite aclarar la cuestión. Ahora bien, si esta idea está complementada por otras que se traducen en un modo habitual de comportamiento y de entender las cosas, la situación es grave.

 

Por eso, podemos decir que la “amistad” más peligrosa que puede tener una persona es la relación que se basa en una dependencia del otro, de tal forma que el chico acepta toda su influencia sin utilizar sus propios criterios. Los padres deben cuidar especialmente las llamadas “amistades” entre sus hijos, todavía poco maduros, y personas seguras de sí mismas pero con criterios falsos.

 

En segundo lugar, habría que cuidar la relación de amistad que el hijo puede tener con otro no centrado en sus características personales, sino en las actividades atractivas que esa persona proporciona. Por ejemplo, la atracción en torno a las Cartas Magic, que en sí no tiene nada de malo, pero sí lo tiene si refleja en el dueño o en sus padres una falta total de sobriedad.

 

Por último, se debe cuidar a los hijos de esta edad que cambian de compañero continuamente, sin criterio, que no piensan en lo que quieren ni en lo que esperan del otro. La amistad implica un servicio. El hijo que no ha aprendido a servir, difícilmente puede conseguir una amistad fundamentada en la relación humana de mejora.

 

Pero todavía no hemos contestado la pregunta formulada anteriormente: ¿cómo conseguir que nuestros hijos elijan “buenos” amigos?

 

4. ¿Cómo conseguir que los hijos sean y elijan “buenos amigos”?

 

·        El desarrollo en la sociedad de los hijos vendrá facilitado, principalmente, por tener la seguridad de encontrarse aceptados en el hogar y saberse queridos incondicionalmente por sus padres.

 

·        El hijo elegirá lo que considere atractivo. Y ese “atractivo” dependerá, en gran parte, de lo que los padres han enseñado a sus hijos desde pequeños.

 

·        Los padres deben tratar de orientar a los hijos en el tipo de actividad que realizan, sabiendo que en cada grupo puede haber una mayoría de personas aptas para ser amigos, o lo contrario.

 

·        Inducir a los hijos a interesarse por los demás. Con el ejemplo y una comunicación audaz que les permita pensar para caer en la cuenta. Los padres deben tratar de orientar al hijo para que vaya cumpliendo adecuadamente como amigo, visitando al otro cuando está enfermo, animándole cuando se sienta triste, acompañándole a cumplir cualquier encargo, esforzándose por mantener el contacto periódico no sólo en los tiempos normales de contacto, sino también en las vacaciones.

 

·        Los padres no pueden ni deben intentar sustituir a los amigos de sus hijos. Los hijos esperan de sus padres que sean eso, sus padres.

 

·        Los hijos deben ver en sus padres personas dispuestas a comprometerse, a ayudar, a dar, aunque cueste, porque así la amistad es valiosa.

 

·        Es bueno organizar actividades en que la familia pueda sentirse unida pero basta con el sentido común para entender que también se debe dar cabida a que los hijos organicen planes con sus amigos.

 

·        Los padres deben respetar la intimidad de sus hijos (parte de esa intimidad son las relaciones con los amigos), pero también tienen el deber de crear un ambiente y de crear situaciones atractivas para luego conocer a los amigos de los hijos.

 

·        Cuando los padres consideren que un chico es una influencia negativa para su hijo deben poner los medios con prudencia y audacia para salvar la situación. Cuando el hijo sea más maduro se le podrá decir categóricamente que no y explicarle por qué. No podemos decir que no continuamente, y de hecho no hará falta si hemos conseguido orientar a los hijos adecuadamente acerca de lo que es una verdadera amistad.

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