Cooperadora desde hace 20 años: como pez en el agua

Lía es muy guapa. Abuela joven, rubia, alta y muy bien vestida. Abogada. Cuando le propuse entrevistarla, se sorprendió. Desde hace veinte años es Cooperadora del Opus Dei.

-Lía, ¿Cómo y porqué conociste la Obra?

Mirá, hace veinte años, uno de mis hijos estaba por recibir la 1ºComunión, y asistiendo a las charlas para padres en la parroquia, una amiga –que también era madre- me invitó a unas charlas en lo de otra amiga. Mi amiga era y es Cooperadora.  No tengo muy claro si fui por curiosidad o porque realmente me interesaba formarme. Pero fui, y aquí estoy.

-¿Cómo se encontraba tu formación personal en ese momento?

Fojas cero. Más abajo que en  un sótano. Había ido a un colegio laico. Mi padre murió cuando yo era muy chica. Solo se me pegó la piedad natural de mi madre, sin conocimientos profundos. Como la del “carbonero” que cuentan.

-¿Sabés que los Cooperadores no tienen vocación a la Obra, pero trabajamos “codo a codo” con ellos, sin secretos, compartiendo apostolados y medios específicos de formación?

Después de veinte años, comienzo a darle vueltas a la idea de que puedo llegar a tener vocación. Para eso me guían el sacerdote y una numeraria. No me la hacen muy fácil. Y yo siempre con miedo a dar ese paso.

¿Qué te atrajo?

-La espiritualidad típica de la Obra. Ser cristianos es una forma de vida, y la formación que me daban era claramente poder concretar, materializar esa “forma de vida” en mi propia vida.

Además, no desde  el primer momento, porque me costó unos años… pero cuando entré al centro de la Obra -dónde acudo actualmente- me sentí en mi propia casa. Me dieron encargos, recibía a la gente “como dueña de casa”. Mejor, como la hija de un padre común: nuestro Padre, hoy San Josemaría. Me dije: “Este es también mi Padre”. Vamos, mi situación era como la de un pez en el agua. Es mi familia. Con un añadido muy importante: el Oratorio, dónde está el Señor es lo más cuidado. Y me impresionaron mucho –y me siguen emocionando aún- los “detalles” para con el Señor en el Sagrario. Llamalos manteles que parecen no tocados, flores, velas, luces… como el arrodillarse cada vez que una pasa delante de Él y con dos rodillas si está expuesto el Santísimo. No lo veía en ningún lado, y me atrapó. Lo mejor para Dios.

-¿De que modo cooperas con los apostolados de la Obra?

Primero rezando, acercando amigas a los medios de formación, realizando encargos que me proponen y económicamente.

-¿Sabés que los cooperadores se pueden ganar indulgencias Plenarias y parciales?

Sí por supuesto…

Me los enumera. Y el único que no sabía era del  día que fue aceptada como cooperadora. La animo a que pida la lista  dónde figuran todos.

-¿Sabés que hay cooperadores que no son católicos?

-Me lo han dicho, pero no conozco ninguno.

Te  presento alguno si querés. Mi Padre, nombró hace muchos años un cooperador judío, que todos los meses le hace llegar su aportación para los apostolados. Porque no te olvides que el Opus Dei promueve la mejora del hombre en su totalidad, y eso interesa a los católicos y no católicos.

También es mérito de quién pude comunicar el espíritu de la Obra.

-¿A qué medios de formación asistís regularmente?

-Nunca dejé de ir al Curso de Retiro anual, las convivencias, los retiros mensuales,  los círculos, cambio impresiones regularmente con una numeraria que me conoce a fondo y me guía,  la Confesión semanal. Al principio me costó mucho guardar silencio en los Retiros anuales… ahora me molesta que me hablen. Me parece alucinante vivir bajo el mismo techo con Dios. Lo difícil es volver a lo de todos los días… pero eso es lo de la Obra ¿No? También se organizan  charlas de formación para matrimonios y sobre temas que están candentes en el momento y tenemos que estar seguras de lo que vamos a decir.

-¿Sabés que si bien no pueden ser de la Obra nadie que pertenezca a una orden religiosa, porque es otra vocación, sí pueden ser-en cambio- cooperadores? De hecho rezando mucho, como las Carmelitas.

– No lo sabía. Hablando de eso, cuando fui a la Beatificación y Canonización de nuestro Padre y vi esa cantidad tremenda de personas… y supe que la mayoría no eran de la Obra.. me dije “como se debe de rezar, como debe rezar cada miembro de la Obra, porque esto es trabajo de cada uno de ellos y de los cooperadores también” Lo importante que me hizo entender la Obra es que hay que acercar personas a Dios siempre. Es mi caso, el Señor me fue guiando hasta encontrarlo. Y a veces rezar significa ofrecer cosas que no te gustan y te hacen sufrir.

-Las aportaciones de dinero no son para mantener a ningún miembro de la Obra, sino para los apostolados.

-Eso me mueve más a colaborar cuando puedo.

Te quiero decir que me ayudaron estos veinte años a descubrir a un Dios que es Padre y misericordioso. La relación tan íntima con el Señor en la oración personal.

– Rebobinando, ¿que podemos concluir?

-Que puedo amar y hacerme santa con mi materia prima, el cuidado del Oratorio, el poder materializar la vida cristiana de cada día, la pluralidad y la diferencia de los miembros de la Prelatura, el amor al Papa sea quién sea, el sentirme en familia, el saber jugarse por algo que te exige más en todos los puntos de vista, la formación constante.

Le tengo, sí, un poco de miedo a entregarme totalmente a Dios.

-Nunca te van a pedir algo reñido con tu vida familiar, tu profesión.

-Lo tengo bien claro. Y estoy tan bien en la Obra, que a veces tengo que pensar que no todo es Tabor sino que hay Calvario. Quiero agradecer todo lo que me han dado en todos los niveles. No me alcanzan las gracias.

 

Bea Hellers

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