Como decíamos ayer (II)

Como decíamos ayer (II) Opus Dei

Hoy de lunes, casi todos volvemos a la rutina habitual. Durante estos días hemos aprovechado el tiempo para estar más con nuestra familia y con nuestros amigos. Nos habrán surgido infinidad de anécdotas que las explotaremos al máximo para reirnos un buen rato cuando las contemos. Hemos asistido a los oficios y a las distintas procesiones de los lugares en donde hayamos elegido pasar este periodo.
Cada uno habrá vivido esta Semana Santa, todo el tiempo de cuaresma, como mejor haya podido. Es posible que no haya salido del camino habitual de nuestra vida: caída, levantarse, arañazo y curarse, vuelta a caer y vuelta a levantarse. Hace poco leí, creo que en la biografía del Cura de Ars, que los santos no es que comenzaran bien, sino que terminaron bien su vida. Esto es lo que importa. Es normal que nos enlodemos de vez en cuando, nuestra naturaleza es así de débil, pero no es menos normal el arrepentimiento y ser capaces de levantarse con más ímpetu para acudir a los medios que tenemos: la confesión.

En mi etapa de entrenador, en algunas ocasiones, para responsabilizar al jugador y que, una vez que comienza la citación para el encuentro, mantuviera la mayor concentración posible sobre lo que íbamos a tener durante las próximas horas, pues no teníamos nada mejor que hacer y además era lo único que podíamos hacer en ese espacio de tiempo, que procuraran no pensar dónde irían de cena después y dónde pasarían el resto de la noche divirtiéndose. Esto puede parecer fácil, pero, por lo menos para , no resulta siempre.

Una de las cosas que he redescubierto durante este tiempo es el procurar vivir sin prisas. Me explico, si me propongo por las mañanas hacer un rato de oración y asistir a Misa, pues debo procurar no pensar en el trabajo, a quien hay que llamar o ver … Esto se puede trasladar perfectamente a la hora del trabajo, de las conversaciones con los nuestros, en cualquier actividad que desarrollemos. Daremos también paz a los que nos rodean; que se sientan escuchados, esto puede ser una buena manera de que a nuestra caridad la llenemos de cariño en lo que hacemos.

Estamos recién cargadas las pilas, así que ¡a por ellos, oeee! ¡a por ellos, oeee!.
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