Comer el coco

¿Por qué te has hecho del Opus Dei? Eres demasiado pequeño, como para decidir toda tu vida ¿No crees que te han comido el coco?

Esto es algo que me han dicho algunas veces a lo largo de mi corta vida. Sobre todo me lo decían hace unos años, cuando me decidí a hacerme del Opus Dei. Me parece que ahora –después de siete años- se han dado cuenta de que no me habían comido el coco. De que era lo suficientemente maduro como para no dejármelo comer. Porque una persona que toma una decisión para toda la vida, cuando aún es joven, puede ser de todo menos inmadura.
Creo que preocuparse demasiado de que puedan comer el coco a un hijo, o a un amigo, indica falta de confianza en él. Es una reacción comprensible, que surge de la preocupación por una persona querida. Pero, al mismo tiempo, me parece que es como pensar que no es capaz de darse cuenta de lo que son las cosas. Como decirle que es tan tonto, que le pueden comer el coco.
Esta ha sido únicamente mi opinión, puede que esté equivocado. Me gustaría saber más opiniones al respecto, porque me parece tremendamente enriquecedor conocer nuevos puntos de vista. Además, puede que cambie de opinión sobre esto de “comer el coco” si alguno de los argumentos me convence. Sólo busco la verdad.


Un mail que recibí sobre este tema:

En uno de tus posts, el de “comer el coco” dices que “Porque una persona que toma una decisión para toda la vida, cuando aún es joven, puede ser de todo menos inmadura.”

Ojalá tuvieras razón. Por desgracia, la experiencia  nos dice que muchos jóvenes han tomado decisiones que iban a marcarles de por vida sin estar preparados para tomarlas. Por ejemplo, matrimonios equivocados, o malos amigos. O, simplemente, elegir o abandonar una carrera. No es la definitividad la que hace que una decisión en la juventud esté bien tomada, y sea madura.

También dices “Creo que preocuparse demasiado de que puedan comer el coco a un hijo, o a un amigo, indica falta de confianza en él”.

Bueno, también puede indicar que se conoce al individuo en cuestión.

Mira, para mí, la madurez o no en la toma de decisiones, no depende de la edad, porque a los 16 se pueden tomar decisiones muy maduras, y a los 40, dejarse comer el coco (hay tantos casos de esos, en las rupturas matrimoniales). Lo que permite a un chaval de 16 y a un señor de 50 elegir bien una cosa es la capacidad de discernir el bien y el mal.

En el Opus Dei, con el acompañamiento espiritual doble que se realiza, aparte de los ambientes familiares sanos que disfrutan muchos aspirantes, es posible, incluso probable, que se den con frecuencia las condiciones adecuadas para una opción vocacional de por vida. Pero, como la Iglesia (y el OPUS DEI) son muy listos, la opción legal definitiva no tiene lugar hasta más tarde.

Sin entrar en casos concretos, creo que la prudencia es fantástica.

Por otro lado, el Señor parece tener una especial  predilección para quienes desde la juventud, se entregan en sus manos

Un saludo, Antonio. Estás haciendo un buen trabajo.

Joaquín Mestre

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