El dolor inútil y la Cruz

El dolor inútil y la Cruz Opus Dei

 

Edurne era  una vieja sirvienta que conocí hace meses. La atendí en sus últimos días de vida, y estoy seguro de que está en el Cielo. Cuando la vi por primera vez estaba sentada en un sillón, con una manta sobre las rodillas ytemblando como una hoja. La señora de la casa me puso al corriente de la situación:

El médico dice que se muere…Y no sabemos de qué. Hasta hace unos meses seguía cuidando a los niños día y noche. Se desvivía. “No sé cómo les aguantas, Edurne, le decía yo…Déjalos estar. No los mimes tanto”. Pero ella se quitaba hasta dormir…Con decirle que, cuando mi hija tuvo lo del riñon…nada, una tontería…Pero quería ofrecer los suyos por si hacían falta para un transplante…Fígurese para trasplantes estaba la pobre…Bueno, pues hace dos meses le tuvimos que pedir que no trabajase más: apenas veía…teníamos miedo…Siguió viviendo con nosotros, pero se fue apagando.

 

(…)

-¿Y si el dolor no sirve para nada…?

 

 Yolanda tiene la habilidad de hacer la pregunta oportuna en el momento justo.

 

-¿A quién le sirve, por ejemplo, que yo tenga una enfermedad grave, un cáncer…?

 

-¿Y a quién servía  -le contesté- todo ese desvivirse de Edurne, cuando ya estaba casi ciega y más que una ayuda

era un estorbo, incluso un peligro?

 

-Supongo que a ella misma…Era su manera de estar viva, ¿no? 

 

Sí. Y, sobre todo, era la única forma de amar que le quedaba.  

Jesucristo nos descubrió este misterio. Él nos enseño que amar es, ante todo,  donación de uno mismo. No ama más el que más goza, sino el que vive hasta sus últimas consecuencias ese “Le doy mi ivda”, que tan alegremente decimos como si fuera una pura imagen lírica.

 

Dar la vida es, desde luego, una locura. Sólo los seres espirituales podemos hacerlo. Y la entrega en cada gesto, en cada renuncia, cada minuto; pero siempre, necesariamente, con dolor; porque nuestro ser  se resiste a ese enorme “desperdicio” de vida que es el amor. Por eso todos los enamorados del mundo sueñan con sufrir. Jesús hizo realidad su sueño y “nos amó hasta el extremo” con su Pasión y su Cruz.

 

Dios no quiere nuestro dolor…¿Para qué serviría? Pero nosotros sí lo necesitamos, porque es nuestra forma de amar, de estar vivos, de entregar el alma. ¿Cómo podríamos darla si no existiera el sacrificio?

 (Enrique Monasterio. www.almudi.org)

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¿Puedo hacer con el dolor algo más que huir de él?

¿Puedo hacer con el dolor algo más que huir de él? Opus DeiMala cosa es huir cuando lo más recomendable en este caso es aceptarlo. Cuesta hacerlo pero el que se sobrepone a su dolor  llega mucho más lejos. Quien acepta esta situación -dice Yepes- convierte el hecho doloroso en una tarea: la de reorganizar su vida contando con esa drámatica verdad que se ha hecho presente entre nosotros. Me exige tomar decisiones y una de ellas, no pequeña, es qué voy a hacer.

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