Soledad

 

 Soledad Opus Dei

Hace algo más de una semana fallecía después de una larga enfermedad Pedro de Miguel. Más conocido como “Peter”. Era numerario del Opus Dei como yo y habíamos coincidido, viviendo en la misma ciudad, en  un muchos momentos. Me acuerdo concretamente las actividades formativas que atendimos juntos los añós 2002-2004 en Bilbao. Teníamos tiempo para hablar de todo un poco. Con la misma afición por la lectura, siempre acabamos hablando de libros. Sus gustos no eran los míos. Así se lo decía pero como en todo se sabía adaptar a quien tenía delante. Me acuerdo que me recomendó porque era de lo  último que había leído una novela de Patricia Highsmit que había sido recientemente reeditada. Era julio del 2004.

Se estaba bien con él. A pesar de que nos han separado unos cientos de kilómetros, no por eso he dejado de rezar por él en la Misa y de informarme de su estado de salud.

Pedro de Miguel estaba considerado uno de los grandes expertos españoles en el mundo del cuento y del microrrelato. Además de su lectura y estudio, Peter también predicaba con el ejemplo.
Hace unos años publicó “Soledad“:

“Le fui a quitar el hilo rojo que tenía sobre el hombro, como una culebrita. Sonrió y puso la mano para recogerlo de la mía. Muchas gracias, me dijo, muy amable, de dónde es usted. Y comenzamos una conversación entretenida, llena de vericuetos y anécdotas exóticas, porque los dos habíamos viajado y sufrido mucho. Me despedí al rato, prometiendo saludarle la próxima vez que le viera, y si se terciaba tomarnos un café mientras continuábamos charlando.

No sé qué me movió a volver la cabeza, tan sólo unos pasos más allá. Se estaba colocando de nuevo, cuidadosamente, el hilo rojo sobre el hombro, sin duda para intentar capturar otra víctima que llenara durante unos minutos el amplio pozo de su soledad”.

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Dios no lo ha inscrito en el paro

Dios no lo ha inscrito en el paro Opus Dei

Este es el comentario que me hacía, hace unos días una persona, que había sufrido el fallecimiento de un hijo suyo de 20 años.  Es verdad para las personas que tenemos fe, pensamos en el Cielo no como un lugar donde se está sin más -”estés donde estés” se dice mucho en estos días- sino como el sitio que Dios nos tiene preparado y al que llegamos después de haber luchado por cumplir el proyecto que Él tiene para cada uno. Hace unos días el Papa Benedicto XVI decía: La verdadera amistad con Jesús se expresa en la forma de vivir: se expresa con la bondad del corazón, con la humildad, la mansedumbre y la misericordia, el amor por la justicia y la verdad, el empeño sincero y honesto por la paz y la reconciliación. Éste, podríamos decir, es el «documento de identidad» que nos cualifica como sus auténticos «amigos»; éste es el «pasaporte» que nos permitirá entrar en la vida eterna.  Allí no se entra por enchufe sino por meritos propios. Pero sí hay algo que nos llevamos:  los afectos de todas las personas queridas o que nos han demostrado cariño y ahora estamos en el mejor sitio para devovérselo. Por eso hay no paro en el Cielo. San Josemaría Escrivá decía que desde el Cielo os podré ayudar más…Así lo ha hecho y así lo hacen todos aquellos que interceden por nosotros: parientes, amigos…

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Como estaba preparada se adelantó para ayudarnos a toda la familia.

Un día de diciembre del 2005, al llegar al colegio donde trabajo como sacerdote, me comentó una profesora que una chica  joven del   Opus Dei había fallecido como consecuencia de un accidente de tráfico. Me pedía que rezara por su familia y por las que le acompañaban. Así lo hice. Hace unos días ordenando unos papeles me encontré con unas las palabras que la madre de Miryam había leído en el funeral. Aquí copio unos párrafos:

Estos días, cada vez que en un suspiro de dolor quería decir “Mi hija….” escuchaba una voz interior, que me decía: “No es tuya es Nuestra”. Nuestra hija: de Fernando, mía y sobre todo, hija de Dios.

Ha sido un regalo de Dios, cada hijo lo es, pero Miryam estaba más preparada, para llegar la primera y ayudarnos a los demás. Como dice su padre: “es una enamorada de Dios”, y Dios de ella.

Esta mañana me he dado cuenta de que lo que sentía no era tristeza o infelicidad…era ¡Cuanto Amor! Un amor tan grande que duele! y eso no puede ser otra cosa que el Cielo en la Tierr. Por eso me he querido vestir de color azul, el color del cielo.

Los que me conocen saben que me gusta la opera, pues me venía a la cabeza una pieza de la opera Rigoletto, es el encuetro del padre con la hija…¡Cuánto amor!…Me das Miryam amor de Dios que te ha creado, que te ha pedido mucho en lo poco, en las cosas pequeñas de cada día, amor a los demás, amor de verdad, queriendo lo mejor para ellos que no es otra cosa que acercarles a Cristo. “Siervo bueno y fiel entra en el gozo de tu Señor”

Amigas, ¡Cuánto os quería! ¡Nunca me dijo una intimidad vuestra! Si me contaba algo paa pedirme consejo y ayudaros, me lo decía sin nombre, yo no sabía de quiene estabamos hablando.

(…)

Miryam quería dar su vida por amor a Dios para ayudar a los demás, ¡quería hacer mucho apostolado! Donde hiciera falta…Pues si Dios se la  ha llevado será que su labor en la Tierra está aqui, en nosotros, demos pues todos un paso adelate hacia ios ¡Convirtámonos! Virgen Inmaculada ayúdanos.

Mireia Castán

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