Las Preces del Opus Dei

Es la oración oficial del Opus Dei.
Se reza todos los días, en latín.
¿Qué son las Preces?
Es una oración de adoración y de acción de gracias (a la Santísima Trinidad, a Jesucristo, etc.), de petición (por el Papa, por los Obispos de todo el mundo, por el Prelado del Opus Dei, por los padres de los fieles del Opus Dei, etc.), de invocación de ayuda para ser santo(a la Virgen, a San José, etc.), que compuso el Fundador del Opus Dei a los pocos años de su fundación.

Dura aproximadamente tres minutos. Es una oración que no está impresa en libros de venta al público, ya que es una oración privada sólo para los miembros del Opus Dei. Esto no quiere decir que sea secreta, sino que sólo la rezan las personas que son del Opus Dei. No obstante hay muchos trozos de las Preces que están recogidas en la Biografía del Fundador del Opus Dei de Andrés Vázquez de Prada por si alguno tiene interés en consultarlas. Por otro lado, las preces tienen el reconocimiento eclesial pertinente.

Aquí tienes las preces traducidas en español.

Las Preces del Opus Dei
5 (100%) 1 voto
 

¿Promovió el fundador del Opus Dei que sus miembros se incorporaran a la división azul?

Francisco Ponz, Mi encuentro con el Fundador del Opus Dei (Madrid, 1939-1944), pág. 80-81, 1ª ed., junio de 2000:

"Por ese tiempo, se acusaba al Opus Dei ante algunas embajadas de Madrid de que sus miembros eran aliadófilos, mientras se decía en otras que eran germanófilos. En los ambientes políticos y universitarios de Madrid se fomentó, sobre todo entre los oficiales provisionales de la guerra civil, la inscripción voluntaria en al División Azul. Algunos del Opus Dei se inscribieron y otros no. Yo, que no había pasado de soldado, no me inscribí. El Padre, a pesar de que esa inscripción podía entorpecer la labor de la Obra, respetó la libertad de sus hijos. Como hubo bastantes más voluntarios inscritos que plazas disponibles, se eligió por sorteo a los que se podrían incorporar a la División Azul . La oración resultó eficaz y ninguno del Opus Dei resultó elegido." (pág. 81)

Andrés Vázquez de Prada, El fundador del Opus Dei, Vida de Josemaría Escrivá de Balaguer, II Tomo, pág. 237-238.
No había aún acabado la guerra civil española, cuando la Alemania de Hitler estaba empeñada en una política de reivindicaciones y anexiones territoriales que llevarían a una guerra europea, luego mundial. Y los españoles vieron con estupor cómo las fuerzas soviéticas y nazis, que pocos meses antes se habían enfrentado en suelo español, pactaban cínicamente el reparto de Polonia. Invadida Polonia en septiembre de 1939, vino después la invasión de otros países. En mayo de 1940 las tropas alemanas ocuparon Bélgica y Holanda para lanzarse sobre Francia, que atravesaron de norte a sur, hasta alcanzar en el mes de junio la frontera española por Hendaya.
El gobierno español adoptó inicialmente una política de neutralidad. En junio de 1940, modificó su postura inicial y pasó a la de "no beligerancia" que, con bandazos, mantuvo hasta 1943, en los años de los espectaculares avances y victorias alemanas. Durante ese periodo, hubo de negociar con sus antiguos aliados del Eje (entrevista de Franco con Hitler en Hendaya: 23 de octubre de 1940; y con Mussolini en Bordighera: 12 de febrero de 1941) y pasó el país por muy serias amenazas, reflejadas en su política exterior. A partir de la primavera de 1943, el gobierno español cambió nuevamente de rumbo y tomó la posición de una estricta neutralidad, deslizándose cada vez más en favor de los Aliados. España, finalmente, no entró en la guerra .
Gran parte de la Falange, partidaria del totalitarismo nazi, y con varios Ministros en el Gobierno, pretendió desde el primer momento favorecer la causa alemana y arrastrar al país al lado del presumible vencedor. De modo que en los primeros años de guerra Franco hubo de hacer inverosímiles equilibrios sobre la cuerda floja. Después de la ocupación de Francia, las presiones alemanas para cruzar España, tomar Gibraltar y pasar a África fueron tan fuertes que parecía muy difícil resistirlas (y lo mismo volvería a ocurrir a finales de 1942 con motivo del desembarco Aliado en el norte de África). En vista de la gravedad del momento, don Josemaría pensaba en sus hijos, que estaban casi todos en edad militar. Los veía desparramados otra vez por los frentes, y paralizado de nuevo el desarrollo de la Obra. Así, unas semanas antes de la entrevista de Franco con Hitler, el 1 de octubre de 1940, a aquellos de sus hijos que se habían reunido en Madrid en la víspera del décimo segundo aniversario de la fundación de la Obra, les replanteó la pregunta ya hecha antes de la guerra civil: Si yo me muero, ¿continuarás con la Obra? .
En 1936 la guerra española había truncado la esperanza de comenzar en París. Ahora, en 1940, la guerra mundial cortaba los planes de salida al extranjero de los jóvenes del Opus Dei, que deseaban estudiar en las Universidades europeas. Con espíritu abierto, católico, ponían como primera patria a España; y, como segunda, al mundo. Y esta generosa apertura, cuyas raíces estaban en el espíritu de la Obra y en el ejemplo de su Fundador, se traducía en una mentalidad de comprensión hacia quienes sostenían opiniones contrarias en cuestiones políticas.
Mientras tanto, la ideología nazi inficionaba rápidamente a la juventud universitaria, que, falta de experiencia y sobrada de ardor juvenil, caía en la intolerancia. Por eso, no entendían algunos que los miembros del Opus Dei se negaran a secundar, colectivamente, las órdenes y consignas emanadas del sector falangista que entonces prevalecía en el poder.

Vota esta noticia
 

Matesa y el Opus Dei

El caso MATESA (Maquinaria Textil del Norte de España) sólo se entiende -y con dificultad- si se conoce el ambiente en que se producían las maniobras políticas del tardofranquismo. En síntesis, sucedió que un sector trató de eliminar a otras personas, por considerarlas obstáculos cara al futuro, es decir, cuando Franco muriera. A la vez el caso fue jaleado por la oposición, por considerar que contribuía a desacreditar al propio franquismo. MATESA fue un lance monetario-fiscal de importancia, que alcanzó máxima publicidad cuando fue utilizado por Fraga, Solís y la "prensa del Movimiento", en contra de Carrero Blanco y López Rodó y de quienes aquéllos -los azules- consideraban compañeros políticos de López Rodó, y los asimilaban -a falta de mejor simplificación- a los tecnócratas del Opus.
José Vilá Reyes, empresario textil catalán hasta entonces prestigioso y popular, es denunciado en 1969 por la Dirección General de Aduanas, dependiente del Ministerio de Hacienda, en asunto relativo al comercio exterior y a los créditos oficiales para la exportación. El fraude del que se le acusa puede suponer varios miles de millones de pesetas. Coincide que los Ministros de Hacienda y Comercio, Espinosa y García Moncó, son miembros del Opus Dei, como también el anterior Ministro de Hacienda, Navarro Rubio. Su relativa tardanza en tomar medidas para investigar el problema, permite la utilización política del affaire por sus enemigos políticos: en contra de la opinión de Franco, siempre partidario de silenciar estos asuntos, lo lanzan a la opinión pública con cierto sensacionalismo. Cuando todo parecía dar a entender que los tecnócratas habían recibido un golpe mortal, Franco decide sacar del Gobierno a Fraga y Solís, así como a Espinosa y García Moncó, pero nombra Ministros a diversas personalidades más bien en la línea de Carrero y López Rodó, que continúan, respectivamente, como Vicepresidente y Ministro de Planificación.
Los perdedores en la crisis conservan, sin embargo, una fuerte cuota de poder en el ámbito de los medios de comunicación oficiales (muy importantes entonces, cuando la libertad de prensa apenas existía aún en España). Y montan una gran campaña, basada en datos falsos, pero tan enormes que se hacen verosímiles:
– se presenta a Vilá Reyes como miembro del Opus Dei: la realidad es que nunca lo había sido ni lo será (así lo ha dicho el interesado en infinidad de ocasiones); su única relación, como cientos de empresarios por aquellos años, había sido asistir a cursos organizados por el IESE, centro de estudios empresariales con sede en Barcelona, dependiente de la Universidad de Navarra;
– se presenta el interés del Opus Dei en tapar el asunto, porque MATESA habría entregado a la Obra miles de millones de pesetas procedentes de créditos oficiales (para conseguir verosimilitud se inventa una cifra exacta: 2.490 millones de ptas.). De poco sirven los desmentidos del interesado y de la Oficina de Información del Opus Dei. Vilá Reyes, en unos diez años, había donado a la Universidad de Navarra millón y medio de pesetas;
– además, se dijo que el Opus Dei tendría interés en tapar el escándalo, porque varios miembros de la Obra ocupaban cargos directivos en MATESA, y habían conseguido un trato de favor por parte de las personas de la Obra que entonces estaban en el Gobierno. Ante el desmentido fulminante del Opus Dei, nadie insistió ya en este punto, fácilmente demostrable, pues, efectivamente, nadie del Opus Dei ocupaba cargos ejecutivos en MATESA.
Pero el caso siguió adelante, en los medios de comunicación, así como en una Comisión especial de las Cortes Españoles (el parlamento del régimen de Franco, en el que lógicamente predominaban los azules), en el Juzgado Especial de Delitos Monetarios, y finalmente en la Audiencia provincial de Madrid y en el Tribunal Supremo. En estas diversas instancias, ningún miembro del Opus Dei, de los implicados en el asunto, fueron acusados ni condenados por dolo. Su honorabilidad sería reconocida públicamente, incluso, por Gil Robles, abogado de Vilá Reyes, a pesar de la escasa simpatía que tenía por el Opus Dei. También lo reconoció así el propio Franco, aunque bien a su modo: cuando los tres ex-ministros fueron encausados por el Tribunal Supremo, y para evitar que el affaire siguiera adelante, con desprestigio del Régimen, les indultó antes de que hubiera sentencia. Sólo Mariano Navarro Rubio consideró que debía dejar clara su inocencia, y escribió un extenso y detenido libro, El caso Matesa, Madrid, 1978.
Lo que nunca tuvieron interés en divulgar quienes montaron el caso MATESA fue que puso en marcha todo, consecuencia de un trabajo realizado también con profundo sentido ético y social, un miembro del Opus Dei, Víctor Castro, de profesión militar, que había sido nombrado tiempo atrás Director General de Aduanas.

A causa de esto, en vez de averiguar lo que pasaba, se apresuró a desbancar a los "azules" y a confirmar en sus puestos a los elementos del Opus, de los cuales he de decir que, en conciencia, aunque esa entidad no me sea simpática, no cometió ninguna irregularidad, y menos inmoralidad".
Gil Robles, en "El Correo de Andalucía", 17-IX-1978.

Vota esta noticia
 

Rumasa y el Opus Dei

El 23 de febrero de 1983, el Gobierno español, presidido por el socialista Felipe González, dictó un Decreto-ley para expropiar a José María Ruiz-Mateos las diversas empresas y actividades mercantiles que existían en torno al llamado grupo RUMASA, y que incluían algunas entidades bancarias conocidas. En aquella época, José María Ruiz-Mateos era miembro supernumerario del Opus Dei. Esta grave decisión -basada en informaciones puramente financieras y técnicas- fue una de las más importantes del Gobierno de Felipe González en sus primeras semanas de mandato, tras las elecciones generales de 1982. Suscitó lógicamente la máxima atención de los medios informativos, que -aparte del problema económico y financiero en sí- estaban pendientes de cómo iba a tratar la acción gubernativa del PSOE a los bancos y a la Iglesia, y más concretamente al Opus Dei, que acababa de ser erigido en Prelatura personal. Además, el propio Gabinete debía convencer a la opinión pública de la legalidad del Decreto-ley, tan dudosa que, tiempo después, sólo el voto de calidad del Presidente del Tribunal Constitucional pudo superar el empate producido entre los diversos Magistrados. El Presidente, García Pelayo, era conocido por su afinidad con el partido gobernante.

Se trató de implicar al Opus Dei por una doble vía:

a) lanzar que Ruiz-Mateos había hecho a la Prelatura cuantiosas donaciones, y

b) difundir una supuesta participación de Directores del Opus Dei en las decisiones del propio Ruiz-Mateos, también después de la expropiación.

Ambos aspectos fueron desmentidos formalmente por la Oficina de Información de la Prelatura, subrayando, cuando fue necesario, que ningún Director había dado indicaciones o consejos, ni menos aún habían intervenido en supuestos pactos. Como es lógico, además de negar los hechos en sí, se insistía en la razón era de fondo: los fieles de la Prelatura actúan siempre bajo su responsabilidad, con la misma libertad que cualquier otro ciudadano, sin que, por tanto, sus decisiones libres en las propias actividades profesionales, sociales, políticas, económicas, etc., se puedan atribuir en ningún modo a la Prelatura.

El asunto se complicó con las divergencias que surgieron entre el propio Ruiz-Mateos y otros miembros del Opus Dei, a los que daba la impresión de reprochar que hubieran concedido más importancia a sus responsabilidades en el Banco Popular (Luis Valls) o en la AEB (Rafael Termes, Presidente de la patronal bancaria), que a lo que él consideraba estricta justicia.

La evolución de los acontecimientos, y la fortísima tensión que debió soportar Ruiz-Mateos, le llevó a comportarse y hacer declaraciones a la prensa que no se correspondían con las obligaciones espirituales y formativas a las que se había comprometido libremente con el Opus Dei; llegó, incluso, a realizar afirmaciones injustas y falsas sobre la Prelatura y algunos de sus Directores. A mediados de 1986 se le hizo ver claramente que debía rectificar. No se avino a razones y rechazó la ayuda espiritual a la que tenía derecho, y se le ofrecía una vez más. En cambio, pidió que se le apoyase en el terreno jurídico-penal y empresarial, amenazando en caso contrario con montar un escándalo en la opinión pública. A la vista de su actitud, y de acuerdo con lo previsto en los Estatutos de la Prelatura, José María Ruiz-Mateos dejó de ser miembro del Opus Dei en 1986.

En su desquiciamiento, presentó por esas fechas una querella contra Directores del Opus Dei en España, tratando de implicarles en conductas contrarias a la moral cristiana. La denuncia -después de recibir los trámites previstos en el derecho español, con audiencia de las partes, etc.- fue archivada en junio de 1989 por el competente juez de instrucción de la Audiencia Nacional. El órgano jurisdiccional competente confirmaba así la limpieza y transparencia en la actuación de los miembros de la Prelatura inculpados injustamente por Ruiz-Mateos.

En cuanto al problema en sí, están pendientes de solución jurídica muy diversos aspectos. Las diferentes y variadas actuaciones del Ruiz-Mateos en defensa de su derecho han tenido siempre mucho eco en los medios de comunicación.

Vota esta noticia
 

¿De donde sacan el dinero los sacerdotes?

De los ingresos que tiene el Opus Dei, ya que es el Opus dei el que se compromete a mantener a todos los sacerdotes. A pesar de que el Opus Dei como tal asuma gastos directos por este concepto, no es necesario distribuir cantidades fijas a todos los sacerdotes, porque sus necesidades y circunstancias son distintas.
Actualmente el Opus Dei se hace cargo directamente de los gastos de formación, de asistencia médica (hospitalización, intervenciones quirúrgicas, etc.), y de sostenimiento ordinario de los sacerdotes de su presbiterio que carezcan de ingresos propios suficientes (muchos sacerdotes trabajan en colegios, etc. y reciben un sueldo por el trabajo que desarrollan, que les permite cubrir holgadamente, estos gastos.

Vota esta noticia
 

El hecho de que algunos miembros de la obra estuvieran presentes en la vida pública española ¿no pol

Entrevista realizada a San Josemaría Escrivá, fundador del Opus Dei, por Jacques Guilleme-Brulon. Publicada en Le Figaro (París), el 16-V-1966.
Ni en España ni en ningún otro sitio…
Insisto en que cada uno de los socios del Opus Dei trabaja con plena libertad y con responsabilidad personal, sin comprometer ni a la Iglesia, ni a la Obra porque ni en la Iglesia ni en la Obra se apoyan para realizar sus personales actividades. Gentes formadas en una concepción militar del apostolado y de la vida espiritual, tenderán a ver el trabajo libre y personal de los cristianos como una actuación colectiva. Pero le digo, como no me he cansado de repetir desde 1928, que la diversidad de opiniones y de actuaciones en lo temporal y en lo teológico opinable, no es para la Obra ningún problema: la diversidad que existe y existirá siempre entre los miembros del Opus Dei es, por el contrario, una manifestación de buen espíritu, de vida limpia, de respeto a la opción legítima de cada uno.

Vota esta noticia
 

¿Qué beneficios reciben los cooperadores de la Prelatura del Opus Dei?

Se benefician de la oración que los fieles del Opus Dei ofrecen diariamente por todos los que de un modo u otro ayudan o han ayudado a la Prelatura. En determinadas ocasiones, además, los sacerdotes de la Prelatura ofrecen el Santo Sacrificio de la Misa por el eterno descanso de las almas de los cooperadores fallecidos. Por otra parte, la Santa Sede ha concedido unas indulgencias que los cooperadores pueden lucrar, en unas determinadas fechas del año, observando las condiciones establecidas por la Iglesia —confesión sacramental unida a la conversión del corazón, comunión eucarística y oración por las intenciones del Papa— y siempre que renueven, por devoción, sus obligaciones como cooperadores.

Vota esta noticia
 

¿Qué es un cooperador de la Prelatura del Opus Dei?

Los cooperadores del Opus Dei son personas que, sin ser miembros de la Prelatura, ayudan a los apostolados del Opus Dei de diversas maneras. Para ser cooperador no se requiere una vocación específica.

Por lo general, los cooperadores provienen de los parientes, amigos, colegas y vecinos de los fieles de la Prelatura, o bien de la gente que recibe o ha recibido algún beneficio espiritual del apostolado del Opus Dei, o se da cuenta de la tarea de promoción humana y social que se realiza a través de las diversas labores apostólicas que atiende la Prelatura. El Vicario Regional del Opus Dei nombra a una persona cooperador, a propuesta de un fiel de la Prelatura. Pueden ser cooperadores también los no católicos y los no cristianos.

Vota esta noticia
 

Los aspirantes o adscritos

La edad mínima para incorporarse jurídicamente al Opus Dei es de dieciocho años. Por tanto, nadie puede ser admitido antes de los diecisiete, ni se toma en consideración la petición de admisión de quienes no hayan cumplido los dieciséis años y medio. Las personas que, a partir de los catorce años y medio, deseen pedir la admisión, podrán hacerlo como aspirantes, mediante una carta dirigida al Vicario Regional (persona que representa al Prelado en cada país); a partir de los dieciséis años y medio, si perseveran en su propósito, pueden escribir la correspondiente carta al Prelado del Opus Dei. Los aspirantes no son por tanto fieles de la Prelatura. En el momento en que una persona pide la admisión como Numerario o Agregado, queda bajo la jurisdicción de la Prelatura. Los aspirantes, por tanto, no están aún bajo esa jurisdicción, y no son fieles del Opus Dei ni han adquirido ningún compromiso jurídico.

A todos, y de modo especial a los más jóvenes, se les explica que su vocación no comporta ningún secreto. Saben que pueden aconsejarse con quienes deseen: obrar así es una manifestación de sentido común. No obstante, hay que recordar que la doctrina multisecular de la Iglesia sobre este punto es clara: cada uno puede y debe seguir libremente la vocación que Dios le muestra –buscando los consejos que exige la prudencia–, sin necesidad de ningún permiso de su familia, ni para permanecer célibe, ni para el matrimonio, ni para el sacerdocio.

Los aspirantes o adscritos
5 (100%) 1 voto
 

Familia de sangre

How do Numeraries and associates relate to their parents and brothers and sisters? (por el momento sólo está en inglés, pero en breve la traduciremos)


Numerary members are men and women who practise apostolic celibacy so as to be fully available to take care of the apostolic undertakings and the formation of other faithful of the Prelature. It is something to which they commit themselves specifically. In fact when required they are ready to change jobs to facilitate the needs of the Prelature's apostolates. At times they may give up their present job (normally only for a period) to devote themselves to the Prelature's functions of formation and government. They usually live in centres of Opus Dei.

Associate members also live apostolic celibacy. Each one lives with his or her family or wherever they decide. Their availability to help with formational and apostolic activities depends on their individual circumstances.

Numeraries continue to live at home or wherever else they were living before they joined Opus Dei until after a period of initial formation. It is worth noting that by the time most numeraries move to live in a centre of Opus Dei, they are at least 20 years of age.

In the case of a numerary, a vocation to Opus Dei brings with it a new set of relationships with other members, not unlike those family relationships in their parents' home. In establishing this new relationship they act in much the same way their parents did when they left their parents' home to form their own families. Numerary members respond to God's call to create an environment of family affection among the faithful of Opus Dei.

Numeraries lead very full lives. It is worth bearing in mind that they have a full-time job like any other citizen, practising their trade or profession. The tasks of formation and direction of the apostolates therefore (except for special cases when they are temporarily called to full-time internal governmental duties), are carried out after work hours, when another man or woman would be occupied with family duties.

Also, in order to look after other members of the Work, men and women numeraries undertake studies in theology and philosophy at a level comparable to that of a candidate for the priesthood. Clearly, fitting all that into their lives does not leave much time for other things. Numeraries love their parents very dearly, but, for example, they will not be able to spend annual holidays with them: because this is the main time they have for their theological studies and formation.

Naturally they visit their parents and other family members and spend time with them. But like young married people, they are sometimes unable to make it to some birthday parties, anniversaries, or the like. This does not mean that the bonds of affection with their families have been in some way lessened, but simply that they have taken on new responsibilities, as children invariably do when they grow up. It is true to say that numeraries do not spend as much time with their families as some parents, perhaps, might like them to, or as much as another unmarried son or daughter might do. It is a common misconception to treat a numerary as being equivalent to an unmarried son or daughter, free from duties to spouse and children. The amount of time a numerary spends with his parents will depend on the individual circumstances of all concerned, the health of the parents, whether they live in the same city or country, and so on. But in general it will compare favourably with, for example, the time a parent of a large family can afford to spend with his own parents while leaving the other spouse to look after the children. When parents of numeraries or associates are in financial need, they receive at least as much help from their son or daughter in Opus Dei as from their other children.

Blessed Josemaría Escrivá often referred to the Fourth Commandment as the "most sweet precept of the Decalogue" and insisted that members of Opus Dei should respect, honour and love their parents even more intensely after joining Opus Dei. Indeed he often said that members owe ninety per cent of their vocation to their parents. Experience shows that most parents of numeraries are very happy to see their son or daughter in Opus Dei. Indeed many remark that these are their happiest children and are those who often show them most love and affection. Also, over time, a member's parents find that they have not only retained the love and affection of their son or daughter but also have acquired the affection of their child's many new brothers and sisters in Opus Dei. Often parents discover their own vocation to Opus Dei through the vocation of one of their own children. Indeed the Prelature is perhaps unique among Catholic Church institutions in that mothers and fathers, brothers and sisters, are all capable of receiving the same vocation to Opus Dei. One of the regular features of activities in Opus Dei centres are spiritual and other activities for parents and family members, especially at times like Christmas and Easter.

Someone wanting to join Opus Dei, at whatever age, will naturally tell those closest to him, as he would if he were to become engaged. He won't always rush to do so, just as a boy won't rush to introduce his girlfriend to his parents after his second date, or tell them he is thinking of entering a seminary when the idea first comes to his mind. Ideas and plans have a natural gestation process in the mind and heart, a time when things are part of the deepest intimacy of the person, not to be untimely revealed, and this should be respected. The reality is that most people do, in fact discuss the matter with their parents before asking to join Opus Dei. Both they and their parents have the right to consult whomever they want at any time, just as they are free to leave if they decide not to continue in their vocation.

The time at which parents are consulted in the prospective vocation of their children varies according to the desires and circumstances of the persons involved. Obviously parents are aware when their sons or daughters are frequenting centres of Opus Dei, and of the nature of the formational activities that take place there. They have ample opportunity to get to know Opus Dei, something which is encouraged by the Prelature. Likewise, they can consult and advise their children at any time, and most do so.

It is possible that some parents may for a while feel distanced from their daughters and sons because, understandably, they would like to have them around the house more. Sometimes, the sons or daughter may not have properly explained to their parents their vocation and its demands. Sometimes also, parents may have unduly projected their own plans onto their son or daughter, and may feel disappointed because they have not followed the life-plan they envisaged for them. It's also possible, though not excusable, that a daughter or son might be careless about visiting them or about writing regularly, even if they were not very far from where they live, perhaps on the mistaken excuse that they are too busy. It can also happen that a domineering parent may resent no longer being able to impose his or her will on their now adult son or daughter. Another factor is the universal experience that a person's character can change as he or she goes from teens to adulthood, and parents may be quick to attribute changes in mood or behaviour, for example, to involvement with Opus Dei when, in reality, they may result from many other causes.

In 1981 Cardinal Hume issued some recommendations for the Archdiocese of Westminster. The second of his points stated that: "It is essential that young people who wish to join Opus Dei should first discuss the matter with their parents or legal guardians. If there are, by exception, good reasons for not approaching their families, these reasons should, in every case, be discussed with the local bishop or his delegate". In the context of the topic being studied here, it is interesting to note that the Cardinal's recommendations acknowledge that a young person may in fact find it difficult or impossible to discuss this matter with his parents, or that such discussions may be inappropriate. This echoes common opinion among ecclesiastical authors and theologians: that in choosing and following their vocation as a priest or religious – the only vocations they used to consider until very recently – not only is the individual not obliged to consult his parents, in certain cases it would be imprudent to do so. Two Doctors of the Church, St. Alphonsus Liguori and St. Thomas Aquinas, are the standard authorities on this matter. The former – after mentioning that children should consult their parents when they are thinking of getting married – says that children would do better not to consult their parents about their plans to enter religious life or to live a celibate life. At first, this may sound surprising. But the reasons given are that parents have no experience of this type of life and that on certain occasions, parents, for different reasons, turn into avowed enemies of their children's desires, and try to prevent their carrying them out. Parental opposition – in one form or another – to a son's or daughter's vocation is not something exclusive to the Middle Ages. Recent documents from the Bishops Conference of England and Wales, and from the Bishops of Ireland, speak of parental opposition to the vocation of their children.

Some of the reasons for this parental opposition are given in the Bishops of England and Wales' document referred to: ignorance of what it entails; parents' desire for children to do well in life; insecurity (many parents regard the priesthood as a risk); celibacy (misunderstood and criticised), etc. There may also be a difficulty due to a weak or missing faith in those most involved. The problem is a real one, and the de-Christianisation of society has not brought a solution any closer. It is also an ancient problem: St. Patrick, writing of early Irish vocations, also mentioned it.

In summary, nothing could be farther from the truth than to suggest that the parents of numeraries and associates constitute some kind of problem for Opus Dei. On the contrary, these families are the greatest help to Opus Dei in its work of apostolate.

Vota esta noticia