El aborto es un asesinato

El aborto es un asesinato Opus Dei

Aprovecho para pediros que os acordéis un poco por mí para saber decir las palabras adecuadas en el caso de un amigo y se dejen ayudar y aconsejar. También pediros para que al final no cometan una tragedia mayor.

 

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Semana de oración por la Unidad de los Cristianos

Semana de oración por la Unidad de los Cristianos Opus Dei

La Semana de oración por la unidad de los cristianos (que comienza hoy y finaliza el próximo 25 de enero con la fiesta de la Conversión de San Pablo), fue el centro de la catequesis de Benedicto XVI durante la audiencia general de ayer. Dejo bibliografía:
El ecumenismo de Benedicto XVI, en una artículo publicado en ACEPRENSA.
Una publicación del blog Alemania, Economía, Sociedad y Derecho, sobre una entrevista a Jutta Burggraf: el ecumenismo es cuestión de oración y caridad.
Semana de oración por la Unidad de los Cristianos
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San José. Patrono de la Iglesia universal

San José. Patrono de la Iglesia universal Opus Dei

Ayer comenzaron los Siete domingos de San José. Modelo de silencio y humildad. Esposo de María, guardián fiel del Hijo de Dios, como reza la oración a él dedicada.

Que durante este tiempo se acreciente nuestra devoción a San José, nuestro padre y señor, como dice una de las muchas oraciones que se rezan para acudir a su intercesión al comenzar o al finalizar un rato de oración.

Referencias de escritos de san Josemaría Escrivá.

 

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Prácticas de cariño a la Virgen

Prácticas de cariño a la Virgen Opus Dei

Me encanta esta imagen de la Virgen de la Universidad de Navarra, es la que suelo poner en mi agenda. Además así me acuerdo de mi buen amigo One y de su padre.
Hoy en Madrid casi todos van con su maleta de ruedas camino de un largo periodo vacacional, pues también es fiesta el día 2 de mayo, día de la Comunidad, y hasta el jueves nada. Esta mañana ha resultado alfo difícil manejarse en el metro y el autobús, había menos espacio que el resto de los días, ¡nos vamos a quedar cuatro gatos aquí!.
Estamos a la puerta del mes de mayo, el mes de María. es un periodo en el que hacemos más romerías a la Virgen, combinamos esa manifestación de amor con la solicitud de que atienda nuestras necesidades espirituales o materiales. Es bueno hacerse con un buen devocionario.

Durante el día hay muchos momentos para acudir a ella: para decirla te quiero, para pedirla por alguien, para pedirla por nosotros. Desde por la mañana con el ofrecimiento de obras que solemos acompañar con la prontitud en el levantarnos (que no de despertarnos) cuando suena el despertador. Si nuestro primer pensamiento es para Dios, la diligencia será otra: ¡Oh Señora mía! ¡Oh Madre mía! Yo me ofrezco enteramente a ti y en prueba de mi filial afecto te consagro en este día, mis ojos, mis oídos, mi lengua, mi corazón; en una palabra, todo mi ser. Ya que soy todo tuyo Oh Madre de bondad, guardame y defiéndeme como a pertenencia y posesión tuya. Amén.

Continúa nuestro tiempo, salimos de casa y puede ser un buen momento para rezar el Rosario. A cada misterio, a cada letanía, podemos poner una intención. Tengo la costumbre, aunque no siempre me sale, de rezar alguna parte del Rosario más, de los misterios correspondientes a otros días.
Cuando comienzo un rato de oración, al finalizar también, acudo a Ella como Madre mía Inmaculada, sin separarla de San José y de mi ángel custodio. Luego llega las 12, ahora toca el Regina Coeli. Es breve, así que tengo que poner mucho empeño para no distraerme. Las oraciones vocales son las que más me cuestan, sobre todo las que son más cortas, aquí tengo un gran campo de batalla.

Por la tarde hago la visita al Santísimo, para devolver su venida a mí esta mañana en la Misa. Aquí, además del Avemaría, también metemos a la Señora en esta práctica de piedad: yo quisiera, Señor, recibirte con aquella pureza, humildad y devoción con que te recibió tu santísima Madre; con el espíritu y fervor de los santos.

Por la noche, las tres Avemarías. Nos levantamos con nuestra Madre y nos dormimos también con Ella. Agradezco a la Obra el amor a la Virgen que me ha inculcado.

También tenemos otras manifestaciones de cariño, como la de decir una jaculatoria cada vez que nos encontramos con una imagen suya. Colocar una imagen de María en nuestra cartera o agenda, en un sitio de nuestro lugar de trabajo, en nuestra habitación … Nunca querremos suficiente a la Virgen, es el camino más corto para arrancar del Señor aquello que necesitamos. Últimamente han surgido varios asuntos por los que tengo que pedir, se que para conseguirlo tengo que estar más cerca de Él, los medios son la oración y la Eucaristía, la humildad y la fidelidad.
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Dios está interesado.

¿Estamos tristes? Hay un problema entre nosotros y Dios. Esto más o menos viene a decir un punto en uno de los libros del fundador del Opus Dei. Como voy un poco mal de tiempo, dejo que tú busques.

Un buen remedio para esos momentos: la oración. Confianza y abandono en Dios, pero poniendo todos los medios humanos. No preocuparse: si tiene remedio porque lo tiene y si no lo tiene, pues ofrecerlo por un motivo bueno al Señor. Omnia in bonun!, que no significa que seamos masoquistas.

Aceptar las cosas con optimismo. Que vean en nuestra cara que somos hijos de Dios, es el primer interesado en nuestra felicidad y Él también desea que tengamos deseos de Él.
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Argumentos objetivos o la forma de fabricar buenas excusas

Solemos atribuir al corazón casi todo aquello por lo que nos movemos a la hora de realizar nuestros actos. En la audiencia del pasado miércoles del Papa Benedicto XVI, hablándonos del Niño que está en el pesebre, nos dice “que lo acojamos en nuestros corazones, en nuestras casas y ciudades, como han hecho a lo largo de la historia tantos hombres y mujeres que, siguiendo el ejemplo de los pastores y de los Magos, pero sobre todo de María y José, han creído en el misterio de la Navidad, transformando su vida en fuente de luz y de esperanza”.

Dando vueltas a esto, me viene a la cabeza todo el tiempo perdido por mi parte en estos últimos años. En la Misa de mi parroquia del primer día del año, en la homilía, nos sugerían que pensáramos si añadíamos años a nuestra o vida a nuestros años. Se agolpa el tiempo que estuve apartado de Dios y la cantidad de historias que me sacaba de la manga para demorar mis compromisos con Él: estoy cansado; no me apetece; si por un día… ; si no lo hago no pasa nada porque no es pecado; luego me confieso y ¡solucionado!; prefiero dedicar mi tiempo a los demás; mañana; luego; … ¡¡nunca!!. La mejor excusa, la que ponemos cuando suena el despertador, ¡cómo cuesta! Y qué rápido funciona nuestra cabeza para proponernos un plan alternativo para no ponernos en pie. Estas luchas darían para escribir todos los días.

También, el miércoles por la tarde, leía un punto de SURCO, del fundador del Opus Dei, que lo he tomado como “eslogan” para mi lucha actual, para no caer en la mezquindad en el trato con Dios.

Todos nos decimos que queremos ser santos. Sabemos que no es un camino sencillo (en ocasiones se nos olvida y abandonamos), que hay cuestas, ¡pedazo de cuestas!, y que habrá tropiezos. Lo malo no es meter la pata, es dejarla metida. Tenemos que tener la capacidad de reconocer nuestros errores y confiar en Dios. Ayer, hablando con un amigo, me decía que un cristiano si no hace las cosas es porque no quiere, no porque no pueda, ¡si tenemos a Dios a nuestro lado y de nuestro lado!

Con Jesús tenemos que hacer lo mismo que con nuestros amigos: hablar. No le hace falta que le contemos las cosas, las conoce, pero “quiere conocerlas de primera mano”, de nosotros. Nos espera en cada Sagrario, ¡desde hace XXI siglos!, para escucharnos, Él siempre está y en ocasiones el banco lo dejamos vacío. Este medio que no aprovechamos suficientemente se llama oración, ya lo sabemos. Es, así pienso, uno de los mejores propósitos que he sacado últimamente, hacer todos los días un rato de oración. Me esfuerzo por ser constante a ese momento, sabiendo, como leí en el libro “Tiempo para Dios”, de Jacques Philippe, que la calidad será fruto de la fidelidad.

Santa Teresa de Ávila, decía, más o menos, que no necesita demonio que lo tiente aquel que no hace oración.

La Madre Teresa de Calcuta, manifestaba en la última entrevista que la hicieron, que en su Congregación rezan cuatro horas al día. Tampoco olvidamos como siempre se la veía con el Rosario en la mano. Cuánto aprenderían de esta santa muchos de aquellos que dicen que prefieren dedicar su tiempo, eso dicen que hacen (creo que se refieren a que lo harían), en lugar de dedicarlo a Dios. Expongo sólo la última pregunta y su respuesta:

—¿Qué mensaje le gustaría dejarnos?
—Teresa de Calcuta: Amaos los unos a los otros, como Jesús os ama. No tengo nada que añadir al mensaje que Jesús nos dejó. Para poder amar hay que tener un corazón puro y rezar. El fruto de la oración es la profundización en la fe. El fruto de la fe es el amor. Y el fruto del amor es el servicio al prójimo. Esto nos trae la paz.

En el trato con Dios en la oración, iremos avanzando en vida interior y nos llevará a abandonarnos cada día más en Él. Lo llevaremos bastante mal como sólo confiemos en nuestras fuerzas.

Es la hora de ir fijando objetivos. Un rato de oración, en el mejor lugar y a la mejor hora, ¿no puedo? Pero si soy capaz de estar con un amigo en un bar una hora, hablando de cualquier cosa, ¿no seré capaz de sacar treinta minutos para hablar con el Señor? O diez, o quince o veinte, ¿ni cinco siquiera?. Será bueno que piense entonces en la cantidad de tiempo que paso en la televisión, leyendo, pasando el rato, ¡esa play!, ¿aprovecho bien el tiempo? Conclusión, organizarse (si cuidamos el orden, el orden nos cuidará a nosotros), colocar lo más importante primero en mi agenda y… a tirar de frente.

La teoría ya la conozco. Ahora, a meterme en la cabeza que la lucha es día a día, no “rajarme” si no me salen la cosas como me propongo… Y acudir más frecuentemente a la confesión. Mira tú, que buena manera de acoger a Jesús Niño, como nos dice el Papa. Ponerle un corazón donde pueda reinar y para no ponerme “colorao” ante Él, tengo que saber aprovechar los medios que me ha dejado: los Sacramentos.

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Oración

De vez en cuando, durante el día, viene bien parar un rato. Si ese tiempo lo dedicamos para hablar con Dios pues mucho mejor. Si hacemos todos los días un ratito de oración iremos comprobando lo bien que le sienta a nuestra alma, y a nuestro cuerpo también.
Si hay algo que nos entristece, pues lo hablamos con el Señor y procuramos poner patas a los "problemas" para que se vayan. También, poco a poco, conseguiremos fortalecer nuestra voluntad, cada día nos iremos identificando más con el Señor. Recordemos lo que decía Santa Teresa, aquel que no hace oración no necesita demonio que le tiente. También leamos para conocer lo que dice sobre la oración para llegar a Jesús y sepamos aprovechar su estancia en cada sagrario convirtiéndonos en almas de Eucaristía.

Aprendamos a poner primero en nuestro día las primeras piedras, seamos generosos. Acudamos a María y a José, fijémonos en San Juan al pie de la Cruz junto a nuestra Madre. Haciendo oración estaremos más y mejor dispuestos para escuchar, atender y llevar a puerto lo que Dios espera de nosotros.

De san Josemaría podemos llevar a la oración el último capítulo de Amigos de Dios, que se titula Hacia la santidad y saquemos propósitos. Hoy el vínculo que pongo es del resultado que ha salido de poner la palabra oración en sus escritos. Cada día de la semana podemos dedicarlo para hablar sobre temas concretos con Dios, de todo lo que nos afecta: nuestra familia, amigos, trabajo, virtudes, piedad, … Todo es oración.

Por último otra recomendación. Un libro de San Alfonso María de Ligorio titulado El gran medio de la oración.

La oración es un diálogo con el Señor, "la oración es la elevación del alma a Dios o la petición al Señor de bienes conformes a su voluntad. La oración es siempre un don de Dios que sale al encuentro del hombre. La oración cristiana es relación personal y viva de los hijos de Dios con su Padre infinitamente bueno, con su Hijo Jesucristo y con el Espíritu Santo, que habita en sus corazones" (Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica, 534).
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Dios aprieta … pero no ahoga

Dios aprieta ... pero no ahoga Opus Dei

En ocasiones queremos buscar en las prácticas de piedad parte de nuestros problemas (nos quita los minutos que podríamos dedicar a otras cosas y ¡total! … por un día) en una jornada llena de agobios y de falta de tiempo. Excusas, todo es cuestión de orden, de presencia de Dios y de humildad. Y aún así es muy posible que sigan nuestros "estreses".
Primero lo importante. Es muy fácil, terminamos siendo unos auténticos expertos, ir dejando para después los asuntos referidos al alma. Comenzamos por un pequeño imprevisto, continúa con una omisión y finaliza con el olvido. La experiencia nos dice que en todo lo relacionado con la piedad no hay cosa pequeña, como no la hay en el cariño humano. Todo tiene su importancia, el amor se acrecienta día a día, el amor exige sacrifricio y olvido de uno mismo hacia el otro. El amor es cosa de dos y ya sabemos lo que hizo el Señor por nosotros.

En la actualidad estoy haciendo un rato de lectura espiritual con el Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica. El viernes pasado me alegró leer cómo se nos recomienda hacer, A TODOS, un rato de oración antes y después de comer (exactamente dice de la comida). Muchos tendríamos que conocer mejor lo que dice nuestro Catecismo y empaparnos verdaderamente de los medios que Cristo nos ha dado para llegar a Él y conocerle mejor. También me llamó la atención, ¡ya ves!, que hablaba de las distracciones en la oración y venía a decir que dónde están esas distracciones está nuestro corazón. ¿Cómo está nuestro corazón? ¿Dónde está nuestro corazón?.
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Más vale tarde … que nunca.

(Esta foto es de Molinoviejo Pabellón. La hice cuando estuve).

Los jueves suelo poner un enlace con la web del Vaticano en el que aparece el mensaje del Papa en la Audiencia General del día anterior. Este pasado fuí a ponerlo pero no estaba. Por la tarde estuve con un amigo y le comenté el asunto. Bueno, tendrán "problemas de línea". El domingo por la mañana, escuchando la radio, oí el por qué, el Papa estaba unos días de retiro espiritual.

Hice el mío a principios de diciembre. Una vez al año viene muy bien realizar este parón y hacer examen. Sólos con Dios (aunque alguna dispersión hacemos), cara a cara en el sagrario. Momentos para ser valientes y decirle a Jesús que sí y si lo que queremos es decir que no, el mejor lugar es ese, delante del sagrario, a Jesús ahí escondido, presente para nosotros.
Esos momentos de oración son como pedacitos del cielo en la tierra, buscar la intimidad con Dios para afrontar propósitos decididos y reales para avanzar en la vida interior. Si alguno es de Madrid y le cuesta ir, que me lo diga que le acompaño, pero yo voy de fin de semana, el mío está hecho.

El Papa y la Curia concluyen sus días de retiro espiritual (Fuente: Biblioteca Almudí).

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