CONSUMISMO DESCONTROLADO

Es incuestionable que nuestra sociedad se encuentra abocada a un consumismo creciente, que en estas fiestas navideñas se ha visto incrementado de manera notable. Tan es así, que en la misma mañana del día de Reyes, podías ver en los contenedores juguetes y objetos tirados, bien por haber sido estropeados al poco tiempo de sacarlos de su envoltorio, bien por no ser del gusto del que lo recibió.
Quizá esto último pudiera parecer algo exagerado, pero el hecho se queda pequeño ante la realidad que vivimos día a día.

Lo preocupante no es ya la sensación compulsiva de comprar en los adultos, sino que esta sensación se ha transmitido a los más jóvenes, que atrapados en su proceso educativo de autodominio y autocontrol, no tienen los mínimos resortes para afrontar esta situación.

Los comercios utilizan todo tipo de reclamos para conseguir la atención de los consumidores: día de la madre, del tío, del vecino o de la mascota; temporadas de rebajas reales o figuradas; ofertas de dos por uno, regalos por comprar lo que sea, por ser el cliente número 100; llevar los productos a tu casa o al trabajo; poner tu fotografía en el establecimiento por ser un buen cliente, darte una vuelta en limosina por el barrio, etc.

Como dijo el clásico lo importante no es “tener” sino “ser”, pero parece que en el siglo XXI el criterio dominante es otro.

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SALUD, DINERO Y AMOR

En estos primeros días del nuevo año, es normal que todos nos deseemos lo mejor, y que se cumplan los buenos deseos que cada cual tiene.

Tanto en las emisoras de radio como en las cadenas de televisión, los presentadores aprovechan para desear a su audiencia que consigan muchos premios, que mejoren su salud, que hagan viajes a países exóticos, etc. Por supuesto que estos deseos son bien intencionados, pero la realidad es que quien se plantea un año en la mera consecución de estos objetivos, tiene una visión un tanto raquítica y material de su vida.

Todos podemos nombrar a muchas personas que a pesar de no tener unos ingresos económicos elevados, son muy felices. De la misma forma, también conocemos a personas con una delicada salud, pero que el estar en su compañía resulta muy reconfortante, por la serenidad y alegría que transmiten.

En cambio, en lo que estamos todos de acuerdo, es que una persona sin amor no puede ser feliz. El amor, en todas y cada una de sus vertientes, es necesario para la persona. Cuando uno acude a una residencia de ancianos, y se acerca a una persona que está sola en una esquina y se pone a hablar con ella, enseguida nota que lo pide no es dinero o más salud, sino que te pide con la mirada y con la palabra, un poco de amor.

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Vivir para los demás

La frase de Einstein: “solo una vida vivida por los demás merece la pena ser vivida”, nos puede servir para reflexionar sobre la actitud de los demás y la nuestra propia.
Por un lado, resulta fácil traer a nuestra memoria personas conocidas, por haber dedicado su tiempo y su vida a los demás. También conocemos, cada uno en nuestro ámbito, personas que se dedican con generosidad a ayudar a los que tienen a su lado.

La felicidad se aleja de nosotros, cuando la perseguimos egoístamente, en cambio se nos acerca, cuando dedicamos nuestro tiempo y nuestra mejor sonrisa, a los que nos rodean.

Si cada día pensamos un poquito más en los demás, y un poquito menos en nosotros mismos, podemos estar seguros que estamos contribuyendo, a que nuestra sociedad esté siendo más humana.

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GLOBALIDAD Y SOLIDARIDAD

Vivimos en un mundo tan global, que nos enteramos en tiempo real de lo sucedido a 10.000 km de nuestra casa, pero en cambio pueden pasar semanas sin saber que al vecino de arriba le han operado de apendicitis. Podemos conmovernos ante la imagen de un niño desamparado por la última riada en un país centroamericano, pero ni miramos a la cara al pobre que nos pide una limosna en la calle.

Despreciamos los programas del corazón, donde se habla sin recato de las intimidades personales, pero en cambio aprovechamos el descanso de media mañana en el trabajo, para difundir los últimos chismes que se comentan de fulanito.

Si de verdad queremos ser solidarios, empecemos por serlo con los que tenemos más cerca, de lo contrario estaremos viviendo una triste ficción.

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SE NOS VA EL TIEMPO

Para la persona del siglo XXI, el tiempo constituye su caballo de batalla, pues no hay día en el que no estemos “discutiendo” con tan poderoso adversario.

Si acudimos al banco, queremos ser atendidos nada más cruzar la puerta, y nos exasperamos si hay alguien delante de nosotros. Cuando esperamos ante un semáforo, nos parece que perdemos el tiempo, por lo que decidimos atravesar la calzada con el riesgo de sufrir un accidente.

Nos resulta intolerable la actitud del conductor que nos precede, por lo que le increpamos tocando el claxon, pues su lentitud nos hará llegar 35 segundos tarde al trabajo. Si la conexión a Internet se demora unos segundos, nos desahogamos dando nerviosos golpecitos a la mesa. De hecho la frase que más repetimos es: “no tengo tiempo”.

Debemos cambiar nuestro modo de vida, y en lugar de considerar al tiempo como un adversario, tenemos que verlo como un generoso aliado, que nos hará disfrutar de las cosas que merecen la pena: contemplar sin prisa los juegos de nuestros hijos, explicarles con paciencia ese problema de matemáticas que no entienden, hablar con calma con nuestra mujer/marido, disfrutar de la compañía de los amigos…

Como decía aquel: “el que siempre va con prisa, no sabe a dónde va”

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