El mundo secreto del Opus Dei (Michael Walsh)

UN MONSTRUO INVENTADO

Una fábula oriental cuenta que un rey llamó a tres ciegos
y los puso frente a un elefante. Uno tocó la trompa, otro sus patas, otro
el rabo. Y les preguntó qué tipo de animal era. Entonces los ciegos
describieron al rey un animal monstruoso…

Esta fábula no se puede aplicar más que en parte a este libro,
porque al menos los ciegos tocaron parte de lo que querían conocer. En este
libro no: gran parte de lo que aquí está escrito es sencillamente
inventado.
UN MONSTRUO INVENTADO

Una fábula oriental cuenta que un rey llamó a tres ciegos
y los puso frente a un elefante. Uno tocó la trompa, otro sus patas, otro
el rabo. Y les preguntó qué tipo de animal era. Entonces los ciegos
describieron al rey un animal monstruoso…

Esta fábula no se puede aplicar más que en parte a este libro,
porque al menos los ciegos tocaron parte de lo que querían conocer. En este
libro no: gran parte de lo que aquí está escrito es sencillamente
inventado.

Las páginas siguientes son un estudio sobre el monstruo que ha
pintado Walsh en su libro: "El mundo secreto del Opus Dei". Naturalmente,
el monstruo no tiene nada que ver con esta institución de la Iglesia.

El libro muestra hasta dónde puede llegar la ceguera ideológica, la
manipulación y la falsedad. Es un libro contra el Opus Dei, no sobre el
Opus Dei; pero sobre todo es un libro contra la verdad.

INDICE

INTRODUCCION

I. ESTUDIO DE ALGUNAS FALSEDADES

A. Acusaciones sobre acciones delictivas y conductas
inmorales
1. Un orfanato peruano
2. Implicación en muertes violentas
3. Detención ilegal y privación injusta de libertad
4. Desalojo ilícito
5. El IESE
6. Netherhall Educational Association
7. Reglas de moralidad
8. Las dictaduras latinoamericanas
9. Una "conspiración" contra el Estado Español
10. El Opus Dei y los medios de comunicación
B. Los asuntos Ambrosiano-IOR, Matesa y Rumasa
1. Las finanzas de la Santa Sede, el banco
Ambrosiano y el IOR
2. Matesa
3. Rumasa
4. Resoluciones judiciales
C. Actitudes contrarias a la fe, a la moral y a la
autoridad de la Iglesia
1. Acusaciones de ser una "secta"
2. Medios de formación y dirección espiritual
3. Uso de poder e influencia dentro de la Iglesia
4. Obstáculo contra la unidad de la Iglesia
5. El apoyo de los Papas y la jerarquía católica
6. Prácticas contrarias a las normas de la Iglesia
7. Apostolado
D. La sentencia de Munich
1. Primer proceso contra un libro calumnioso
2. Nuevos procesos judiciales
E. Acusaciones de secreto
1. El autor frente a la realidad del espíritu
y el derecho del Opus Dei
2. Declaraciones oficiales de la Santa Sede y del Gobierno italiano

II. ASPECTOS METODOLOGICOS

A. Metodología y estilo
1. Parcialidad
2. Método de atribución de responsabilidades
B. Fuentes
1. Manipulación de las citas de (Camino)
2. Otras citas -reales o ficticias-
del Fundador del Opus Dei
3. El recurso a "fuentes mentales e imaginarias"
C. Contradicciones
D. Una tesis preconcebida

III. RELACION COMPLEMENTARIA DE DATOS Y AFIRMACIONES ERRONEOS

IV. ASPECTOS PARTICULARES DE LA VERSION ESPAÑOLA

A. Comentario a la Addenda
B. Título, portada y contraportada

V. BIBLIOGRAFIA

A. Libros del Fundador del Opus Dei
B. Bibliografía básica sobre el Opus Dei
1. Biografías sobre el Fundador del Opus Dei
2. Publicaciones sobre el Opus Dei
3. Entrevistas a Mons. Alvaro del Portillo, Prelado del Opus Dei

INTRODUCCION

El mundo secreto del Opus Dei es una obra escrita desde la
animadversión personal del autor hacia esta institución de la Iglesia. Así
lo manifiesta el propio Michael Walsh en la pág. 17. Basta leer las últimas
palabras del libro para confirmar su ánimo hostil: "El Opus Dei con su
asociación con las élites de la riqueza y del poder no podría alegar ser
una fuerza para la liberación. Y como no supera esta prueba, como secta, no
es simplemente, menos que católica. Es menos que cristiana" (pág. 213).

Como consecuencia de esta actitud -no escribir sobre el Opus Dei,
sino contra el Opus Dei-, recurre a técnicas como: la manipulación de
textos; la presentación truncada de citas, con frecuencia fuera de
contexto; la parcialidad manifiesta en la selección de fuentes y
testimonios; las omisiones clamorosas y la difusión de rumores sin
fundamento.

Entre las acusaciones más notables que vierte contra el Opus Dei
cabe destacar:
a) conductas delictivas, como: venta de niños huérfanos e
indigentes, secuestro, conspiración, inducción al suicidio, amenazas de
muerte, coacción, defraudación, evasión de capitales y delitos monetarios.
b) acciones contrarias a la moral, como: constituir una secta,
recurrir al dinero para obtener un juicio favorable de la Iglesia -solución
institucional, beatificación del Fundador, etc.- y utilizar el sacramento
de la confesión como coacción psicológica. Estas acusaciones revisten
especial gravedad, al ser dirigidas contra una institución de la Iglesia.

La publicación de acusaciones semejantes tiene algunos precedentes.
En 1985, Jürgen Roth y Berndt Ender pretendieron publicar un libro en la
editorial Lamuv de Berheim-Merten, bajo el título Dunkelmanner der Macht,
con afirmaciones semejantes a las descritas en el párrafo anterior. El 22
de noviembre de 1985, el tribunal de Munich, de la República Federal de
Alemania, declaró que cinco afirmaciones difamatorias de dicho escrito
carecían de base de hecho y condenó a los autores y al editor a retirarlas
-así como cualquier otra afirmación que las contuviese en sustancia- de la
publicación en litigio. Más recientemente, la editorial Harper & Row, de
los Estados Unidos, ha parado la edición en ese país de El mundo secreto
del Opus Dei, prevista inicialmente para comienzos de 1989, a la vista de
las observaciones presentadas sobre su contenido.

I. ESTUDIO DE ALGUNAS FALSEDADES

Examinamos detalladamente, en primer lugar, algunas de las
afirmaciones y acusaciones falsas más significativas de El mundo secreto
del Opus Dei.

Este estudio requiere una primera observación: la versión
castellana del libro difiere sustancialmente en algunos puntos de la
versión publicada en Gran Bretaña. Y ésta a su vez difiere de un anticipo
del libro difundido en los Estados Unidos a principios de 1989. Sin
embargo, las acusaciones y las falsedades de fondo permanecen invariables.

La naturaleza de las modificaciones pone en evidencia que el
escrito original ha sido retocado, a la vista de diversas críticas
recibidas, (para que resultara menos patente la falsedad de las
argumentaciones).

En resumidas cuentas: Walsh empezó escribiendo un libro lleno de
acusaciones falsas avaladas por supuestos hechos; a medida que los hechos
son rebatidos, van cayendo del texto y quedan sólo las acusaciones.

Sólo esta observación -probada a lo largo de la presente
exposición- bastaría para calibrar hasta dónde alcanza el interés del autor
por ofrecer una investigación seria y rigurosa, y hasta qué extremos llega
su pretensión de exponer su particular opinión, independientemente de los
hechos.

Para simplificar la redacción de esta exposición, nos
referiremos a las sucesivas versiones con las siguientes abreviaturas:

V1: anticipo del libro difundido en los Estados Unidos a principios
de 1989;
V2: primera edición inglesa publicada en 1989;
V3: edición en castellano publicada en 1990. Si no se especifica
otra cosa, citaremos por esta edición.

A. Acusaciones sobre acciones delictivas y conductas inmorales

La palabra "conspiración" aparece al menos tres veces en el texto
de El mundo secreto del Opus Dei: pp. 143, 145 y 153.

Esta palabra no puede usarse a la ligera. Según el Diccionario de
la Real Academia Española de la Lengua, conspirar significa "unirse contra
un particular para hacerle daño", o "unirse contra su superior". La
definición de la palabra incluye, por tanto, la noción de ilegalidad.

Por otra parte, la "conspiración" es uno de los grados de
ejecución en el delito; existe conspiración cuando dos o más personas
se conciertan para la ejecución de un delito y resuelven ejecutarlo.

Este uso de la palabra "conspiración" (no es un mero recurso fácil
de estilo). El libro intenta probar repetidamente una pauta de actuación
ilegal e ilícita. Se sugiere, en numerosos pasajes la práctica de actos
ilegales -e incluso inmorales- para conseguir un beneficio en términos
económicos o de poder.

Sin embargo, el autor no logra pasar de simples sugerencias, que
cabe calificar de maliciosas, por su reiteración y escaso apoyo documental.
Tanto la acusación genérica de "conspiración" como los ejemplos concretos
en los que se apoya, carecen por completo de fundamento. Comentamos
algunos ejemplos:

1. Un orfanato peruano

En las pp. 9-10 el autor afirma que el "clero del Opus" estaba
culpablemente involucrado en un programa para enviar niños peruanos,
abandonados o indigentes a los Estados Unidos y Alemania, a cambio de
dinero. Se trata de una grave calumnia propagada por escrito y con
publicidad, sin fundamento y difundida de modo malicioso, como veremos a
continuación.

La acusación referida a un indeterminado "orfanato peruano" (p. 10)
es completamente inconsistente, como se pone de manifiesto al cotejar la
primera versión del libro. Allí se especifica (V1, p. 10) la localización
del orfanato en que supuestamente se llevan a cabo estas operaciones:
Ayacucho.

La realidad es que en Ayacucho únicamente hay un orfanato: el
"Puericultorio Andrés Vivanco". Está dirigido por las Hermanas de Santa
Ana, una comunidad religiosa. Su número de teléfono es 07-51-64912909. La
dirección espiritual de esta institución está confiada a los jesuitas. El
Opus Dei no tiene nada que ver con él.

Hay otros dos orfanatos en los pueblos próximos de Huanta y
Huancapi. También están atendidos por comunidades religiosas, las Canonesas
y las Franciscanas, respectivamente. En cualquier caso, aquí tampoco tiene
nada que ver el Opus Dei.

El propio autor reconoce que no comprobó estas acusaciones
gratuitas y difamatorias, incluso a pesar de que lo podría haber hecho con
una simple llamada telefónica.

Además, en su día, se le facilitó el número de teléfono del
orfanato. Sin embargo, prefirió eliminar la referencia a Ayacucho en la
versión publicada del libro (V2, p. 10). Esta omisión agrava, si cabe, el
alcance de la calumnia, ya que impide -a quien no conozca la génesis de
este libro- la comprobación de la falsedad de los hechos relatados.

A falta de una comprobación personal por parte del autor -que no
hizo ni quiso hacer-, pretende que "el vínculo entre los huérfanos y el Opus
quedaba bastante en evidencia por lo que Duncan me había dicho". Las
Oficinas de Información del Opus Dei en Perú y los Estados Unidos han
tratado de localizar, sin éxito, el paradero del tal "Ken Duncan". No han
podido verificar, por tanto, si este hombre existe y si ha hecho realmente
esas delaraciones. En todo caso, ya se apoye en un testimonio real o
ficticio, el autor del libro propaga una falsa acusación grave, sin
la más mínima prueba.

Las sucesivas versiones del libro no hacen sino aumentar la
confusión, eliminando datos -por ejemplo, la referencia a Ayacucho- que
ponían de manifiesto la inconsistencia de la acusación.

La mencionada Oficina de Información de USA ha protestado en los
términos más enérgicos posibles. Dado que se mencionan a los Estados Unidos
y dado que los hechos imputados implican colusión por recibir en los USA
a los niños secuestrados, esta gravísima acusación criminal afecta a la
integridad y reputación de los miembros de la Prelatura en ese país.

La Oficina de Información de la Prelatura del Opus Dei en España
protesta también enérgicamente ante la pretensión de difundir en este país
un libro que empieza con esta falsa acusación. Aunque los miembros
españoles de la Prelatura no hayan sido involucrados en la denuncia
formulada por Walsh, consideramos que atribuir al Opus Dei -en cualquier
país- acciones delictivas de esas características resulta infamante contra
todos sus miembros, sea cual sea su nacionalidad.

Por otra parte, en la versión inglesa el autor del libro reconoce
que Duncan le contó esta historia en Londres, y no en Perú. Parece que, a
pesar de la importancia que concede a este viaje ("la excusa de esta
tardanza mía es la necesidad que he tenido de viajar a América Latina", p.
7) lo único que trajo en claro fue su pintoresca descripción del Seminario
de Abancay, también desmentida por testigos visuales fiables.

Las demás referencias sobre los países de este Continente proceden
-o, por lo menos, están al alcance de cualquiera- de recortes de prensa y
libros accesibles.

Se puede decir, por último, que el citado seminario de Abancay está
totalmente dentro de la jurisdicción y de las actividades de la diócesis
católica local. El teléfono del seminario es 07-51-84321041.

2. Implicación en muertes violentas

En la p. 183, el autor sostiene que el Opus Dei contribuyó directa
o indirectamente, por negligencia culpable, a la muerte de varias personas.
El relato de Walsh pretende mostrar que las dificultades para abandonar el
Opus Dei indujeron a varias personas al suicidio o a descuidar gravemente
su salud, con resultado de muerte. Esta acusación está presentada de un
modo completamente inconsistente. Las fuentes son un anónimo jesuita
colombiano que "informó de suicidios" (¿de quién, cuándo, cómo?) y un
documento inédito cuyo autor "dice saber de forma directa de un suicidio en
el Opus Dei de Kenia y que ha (oído) de dos más de mujeres en Londres" (el
subrayado es nuestro). Los únicos hechos a partir de los cuales se podría
obtener -errónea y maliciosamente- la conclusión propuesta por Walsh son
los siguientes.

En 1966, una mujer española de 44 años (numeraria del Opus Dei) se
trasladó a Londres y vivió en la Residencia Rosecroft House, Hampstead.
Poco después de su llegada, padeció síntomas de una leve enfermedad
psiquiátrica. Una mañana, después de haber tomado su medicación
antidepresiva durante la noche, cayó por la ventana de su habitación en el
segundo piso de la casa. Fue urgentemente tratada en el Royal Free Hospital
por Mr. Lyonel Gracey y otro especialista de la unidad psiquiátrica del
hospital. Se había roto la cadera. Tras un periodo de tratamiento, volvió a
la normalidad y fue dada de alta. Poco después, regresó a España. Vivió muy
contenta con su vocación al Opus Dei. Murió de cáncer en Madrid, el 29 de
mayo de 1986, a la edad de 64 años. Todavía pertenecía al Opus Dei.

El otro caso es el de la Sra. Dione Forrest, supernumeraria del
Opus Dei. La Sra. Forrest vivió su pertenencia a la Prelatura con alegría y
sin conflictos, y desarrolló durante esos años una abundante labor. En 1984
se le diagnosticó una esquizofrenia endógena y murió mientras estaba
hospitalizada. Estamos en posesión de la documentación que certifica estos
hechos. El marido de la Sra. Forrest puede verificar también los detalles
del fallecimiento.

Es particularmente insidiosa la inclusión en este párrafo (p. 183)
de un relato de la muerte de Fr. Michael Richards, sacerdote del Opus Dei.
En este caso -que Walsh califica de "especialmente extraño- se da un
(nombre), y se atenta gravemente contra la memoria de una persona
fallecida, de la que se afirma que "pareció perder todo interés en sí
mismo y en la vida" y que "fue encontrado muerto aparentemente por causas
naturales, aunque (parece) haberse destruido a sí mismo por negligencia"
(el subrayado es nuestro).

Lo extraño del caso no son las circunstancias reales de la muerte
de Fr. Richards, que están perfectamente documentadas: falleció
(instantaneamente) a causa de una hemorragia cerebral, a la edad de 54
años. En el momento de su fallecimiento, se encontraba visitando a sus
hermanas en su residencia de verano de Broadstairs, en Kent, descansando de
su intenso trabajo apostólico como sacerdote. Disponemos de una
copia del certificado de su muerte confirmando este hecho. Más aún, tenemos
documentación complementaria sobre las circunstancias de su fallecimiento:
nada sugiere cualquier clase de suicidio o cualquier irregularidad que haya
conducido a su muerte.

Lo verdaderamente extraño es el juego de Walsh con el que mantener
su maliciosa suposición, a pesar de la evidencia. Este juego le lleva a
introducir importantes variaciones en su relato. Basta consultar las
primeras versiones del libro (V1 y V2, p. 169). Cuando estas versiones se
hicieron públicas, las críticas pusieron de manifiesto la notable
inexactitud de muchos de los detalles. Walsh ha eliminado o corregido
algunas de esas inexactitudes, pero sin embargo mantiene -ahora, sin ningún
otro fundamento que el recurso al "parece"- su errónea y maliciosa
hipótesis sobre negligencia culpable en este fallecimiento. Repugna a
cualquier persona honrada proferir tales infamias.

Pero Walsh no se conforma con atribuir al Opus Dei -falsamente,
como hemos visto- una negligencia culpable, en el caso de varios supuestos
suicidios. Sus insinuaciones maliciosas van más allá cuando intenta dejar
en el aire, de un modo particularmente insidioso, la sospecha de
intervención directa en el caso de muertes violentas. Naturalmente, según
se van agravando las acusaciones, el modo de exponerlas es más cuidadoso,
pero no pasará por alto a un lector atento el sentido de algunas
afirmaciones. Un ejemplo es el "consejo" atribuido a algunos amigos cuando
les habló de la investigación que estaba llevando a cabo sobre el Opus Dei:
que aumentara su seguro de vida (p. 15).

Estas insinuaciones son aún más manifiestas cuando establece una
comparación entre el caso de Calvi y el de Ruiz Mateos. Estos asuntos se
comentan con detalle más adelante. Sólo queremos denunciar aquí
enérgicamente el equívoco juego que el autor establece entre la muerte de
Calvi -que "puso fin a cualquier complicación del Opus" (p. 169)- y el
hecho de que Ruiz Mateos siga vivo. "Ambos, afirma Walsh, fueron gravemente
decepcionados por sus amigos (del Opus Dei), aunque Ruiz Mateos vive para
explicarlo" (p. 171).

3. Detención ilegal y privación injusta de libertad

En las pp. 181-182 y en otros lugares, el autor hace una serie
de acusaciones relativas, entre otras acciones delictivas, a supuestos
actos de detención ilegal y privación injusta de libertad.

Todo esto es manifiestamente falso. La retención por la fuerza es
un delito extremadamente grave, y no puede imputarse tan ligeramente como
lo hace Walsh. Examinemos los "testimonios" en los que se apoya.

En varios sitios, el autor cita a María del Carmen Tapia, a quien
califica como uno "de mis principales informadores" (nota 4, p. 16),
recogiendo afirmaciones escandalosas, supuestamente hechas en su presencia
por Mons. Josemaría Escrivá, y denunciando las actuaciones delictivas
señaladas en este apartado.

Ninguna de las personas que conocieron a Mons. Escrivá podría
pensar ni por un momento que él dijo, o incluso pensó, lo que ella refiere.
Al contrario: cientos de testigos oculares dan fe de su fama de santidad,
y especialmente de su amor a la Iglesia y al Papa. Muchos de estos
testimonios están documentados, pues se realizaron formalmente durante el
reciente proceso sobre la vida y virtudes del Fundador del Opus Dei, dentro
de la causa de beatificación.

Mons. Escrivá de Balaguer tuvo relaciones cordiales y respetuosas
con varios Papas. En concreto, el Papa Pablo VI encomendó el Centro ELIS
(un centro educativo en Roma) al Opus Dei, y visitó personalmente esa
institución para impartir su bendición, el 21 de noviembre de 1965.

Pero el autor ignora estos hechos públicamente conocidos, y se
aferra a las afirmaciones de la Sra. Tapia. El poco realismo de su
testimonio resulta evidente; basta comprobar sus contradicciones internas y
su falta de verosimilitud, especialmente a la luz de las públicas y
abundantísimas evidencias en contra, como las señaladas más arriba.

Las contradicciones internas son aún más patentes en las primeras
versiones del libro, donde afirma simultáneamente que la Sra. Tapia primero
"sirvió durante cuatro años como directora de la sección de mujeres (del
Opus Dei) en Venezuela", y luego fue a Roma a trabajar en la sede central
del Opus, donde "trató muy de cerca a Escrivá" (V1, p. 72).

Y más adelante (V1, p. 167) asegura que, después de varios años en
Venezuela, fue enviada a Roma en 1966 y estuvo bajo un "virtual arresto
domiciliario", siendo sujeto de persecución delictiva y abuso hasta que
finalmente fue "expulsada" del Opus Dei. Realmente, la diferencia entre ser
una íntima colaboradora de Mons. Escrivá, y ser víctima de prisión ilegal
es muy notable…

Las críticas hechas al libro han obligado al autor a rectificar
esta evidente contradicción. Así, en la nueva versión describe la
cronología de los hechos con más acierto, aunque no evita del todo las
incorrecciones.

La verdad es que María del Carmen Tapia estuvo diez años en
Venezuela, después de haber trabajado en Roma (en concreto, en la imprenta
de la Sede Central), desde 1954 hasta septiembre de 1956 (no los "cuatro
años" que sostiene el autor). Estuvo en Venezuela desde octubre de 1956
hasta octubre de 1965. Abandonó el Opus Dei el 27 de mayo de 1966. Ni
siquiera la versión corregida y más ajustada a la verdad sobre la
cronología de los hechos evita la inconsistencia del relato. "Me dijo
-afirma Walsh (p. 78)- que en cierta ocasión le oyó decir de Pablo VI que
'Dios en su infinita misericordia debería llevarse a ese hombre'". ¿Cuál es
esa "cierta ocasión"? ¿El periodo entre 1954 y 1956, cuando faltaban por lo
menos siete años para la elección de Pablo VI?

¿O fue quizá la temporada en la que estuvo sometida a "arresto
domiciliario" en Roma a su vuelta de Venezuela, en 1965? No parece que
alguien en esas circunstancias pueda ser el destinatario de semejante
"confesión".

Este es el valor del testimonio de la que el autor califica como
una de sus "principales fuentes de información". Cualquier investigación
periodística profesional intentaría cotejarlo con otras fuentes antes de
verter acusaciones delictivas. Walsh no lo hace así, y reproduce sin más un
increíble relato (p. 181).

Los inverosímiles incidentes referidos en esta cita (que incluyen
prisión ilegal asalto, agresión, y otros actos delictivos) llevarían a
cualquier persona razonable a pensar que es sumamente improbable.
Afortunadamente, el autor ha tenido el buen gusto de modificar el texto
inicial (V1, p. 167), redactado en estilo directo, suavizándolo y
eliminando algunos elementos que rayan lo grotesco.

Negamos categóricamente las falsas acusaciones que hace esta
persona a lo largo del libro, especialmente las acusaciones delictivas de
la pág. 181. La libertad de pensamiento y de circulación de las personas -y
cualquier otra libertad civil- son plenamente respetadas en el Opus Dei.
Tal libertad es, de hecho, exigida por los Estatutos de la Prelatura, n.
88.

4. Desalojo ilícito

En la p. 74, Walsh afirma que el Opus Dei desalojó ilícitamente a
los Oratorianos, una sociedad de sacerdotes, de un edificio de Roma. Más
aún, asegura que esta sociedad mantiene un fuerte oposición a la Prelatura
por este motivo.

Tenemos una carta del Procurador General de los Oratorianos, de
fecha 18-XI-88, que atestigua que esta historia es falsa y que la
sociedad mantiene cordiales relaciones con la Prelatura y sus miembros. Se
podría haber obtenido una comprobación de este hecho, llamando a la casa
central de dicha institución en Roma.

El modo de forzar los hechos en esta temeraria acusación revela la
categoría y el valor de los argumentos utilizados para intentar demostrar
que el Opus Dei actúa con desprecio de los derechos y sentimientos de las
personas.

5. El IESE

En la página 158, el autor ataca de modo gratuito y sin ningún
fundamento a la integridad moral de "la escuela de Empresariales del
Opus en Barcelona". Se refiere al IESE, el Instituto de Estudios Superiores
de la Empresa, fundado en 1958. Sostiene que la presunta actividad
fraudulenta de Matesa "arrojó alguna luz sobre el modo de hacer negocios
aprobado por el Opus".

Es evidentemente irracional e injusto inculpar a una institución
académica por la actuación de uno de sus antiguos alumnos, al que -por
otra parte- el Tribunal Supremo español exculpó muchos años después de
desatado el escándalo. Según este criterio, las tres o cuatro escuelas de
negocios más famosas de Estados Unidos podrían haber estado culpablemente
implicadas, por ejemplo, en la reciente ola de escándalos de Wall Street,
en relación con casos de "información privilegiada".

Esta acusación gratuita contra la reputación del IESE es
rotundamente desmentida por el prestigio de que el Instituto goza en todo
el mundo. La revista Fortune calificó al IESE (número del 23 de mayo de
1988) como una de las cinco mejores escuelas de su género en Europa.
Precisamente uno de los campos en los que ha destacado el IESE es en el
desarrollo de las enseñanzas sobre ética profesional. Un gran número
de personalidades académicas y del mundo de la empresa pueden atestiguar
los altos niveles de preparación profesional y ética que caracterizan al
IESE.

Sobre las relaciones de Vilá Reyes con el Opus Dei, véase el
apartado correspondiente de esta exposición.

6. Netherhall Educational Association

En las pp. 159-162 y más adelante, el autor hace una serie de
acusaciones de actividad fraudulenta y otras acciones ilegales, atribuidas
a miembros de la Prelatura en el Reino Unido, particularmente las
relacionadas con la Netherhall Educational Association (NEA). Estas
acusaciones han sido categóricamente rechazadas por la Oficina de
Información del Opus Dei en Gran Bretaña.

La imputación de que NEA recibe fondos fraudulentos, a través de
las Islas Normandas (Channel Isles) o de otras formas, es completamente
falsa: la NEA es una Asociación Benéfica Registrada (nº 236586). Como tal,
recibe de diferentes fuentes préstamos y subvenciones, así como herencias.

NEA no ha recibido créditos de bancos españoles o en moneda
española. Todos sus préstamos fueron hechos por diferentes bancos
europeos, en condiciones favorables, como es costumbre en los créditos
concedidos para fines benéficos. Todos los préstamos fueron formalizados en
los oportunos contratos, con unos plazos de devolución claros, y en
completa conformidad con el reglamento de control de cambio del Reino
Unido.

Todas las cuentas de NEA son auditadas por prestigiosas empresas
de contabilidad. Los primeros 13 años, la auditoría fue hecha por Arthur
Andersen; posteriormente ha sido hecha por Ernst and Whinney. Los contratos
de préstamo son examinados y el procedimiento normal para la auditoría se
completa con un balance contable de verificación al final de cada año.

Contrariamente a lo que dice el autor en la página 162, NEA no
tiene tal identidad como "Netherhall Educational trust". A mediados de los
años sesenta, NEA estableció el Netherhall House trust. Ni NEA ni NHT ha
proporcionado ni donado dinero al Prof. Seamus Timoney, como se indica. Ni
a la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz.

En 1964, el Prof. Timoney prestó sus servicios de ingeniería
mecánica para la construcción de Netherhall House, una residencia de
estudiantes en Londres; por estos servicios profesionales, se le remuneró
según las tarifas normales. De ningún modo esta compensación fue indebida o
fuera de la ley. Más aún, el Prof. Timoney no hizo uso, ni ha hecho uso del
Opus Dei para conseguir fondos ni "experiencias" útiles en su actividad
profesional.

7. Reglas de moralidad

En la p. 53, Walsh acusa gratuitamente al Fundador del Opus Dei
de haber decidido en su fuero interno que "las reglas ordinarias de la
moralidad podían ser, si no burladas, al menos esquivadas".

No está claro el origen de esta falsa acusación, obviamente valiosa
para la argumentación del autor sobre una presunta actividad conspiratoria.
En cualquier caso, el autor -en contra de la práctica periodística
aceptada- no confrontó con otra fuente ese temerario ataque personal.

Por el contexto, resulta perfectamente posible que ese juicio de
intenciones, referido nada menos que a 1945, sea una invención
completamente gratuita del autor. Así, Walsh acepta sin restricciones
hipótesis infundadas sobre el pensamiento del Fundador del Opus Dei,
abiertamente enfrentadas con las numerosas declaraciones públicas y los
escritos publicados de Mons. Escrivá de Balaguer, que él ignora o
menosprecia.

Sin embargo, en los abundantísimos escritos del Fundador del Opus
Dei no puede encontrarse ni el menor indicio que apoye las maliciosas
suposiciones de Walsh. Por el contrario, son numerosas las declaraciones
que desmienten explícitamente la interpretación propuesta por Walsh.

8. Las dictaduras latinoamericanas

En las pp. 140-141, el autor reproduce y acepta acusaciones
infundadas contra el Opus Dei de estar culpablemente comprometido con las
dictaduras latinoamericanas, incluidas la promoción de actividades
terroristas y acciones policiacas ilegales contra ciudadanos inocentes.
Defiende, por ejemplo, una implicación criminal del Opus Dei en las
dictaduras de Chile y Argentina. "El Opus Dei y Patria y Libertad (un grupo
terrorista de ultraderecha) trabajaron juntos durante los años de Allende",
asegura Walsh. Pocas líneas después añade: "El general Juan Carlos Onganía,
dictador de Argentina de 1966 a 1970, tomó el poder después de hacer un
retiro religioso auspiciado por el Opus Dei".

Más adelante (cfr. cap. II, A, 2) analizaremos la inconsistencia
del método utilizado por Walsh para difundir éstas y otras
afirmaciones semejantes. En esta parte de la exposición negamos
categóricamente tales acusaciones y desafiamos al autor a que aporte
datos para probarlas. No puede aportar nombres ni ningún otro dato,
porque carecen de todo fundamento real. Son completamente falsas.
Acusaciones similares, también sin pruebas, movieron a los tribunales
alemanes a la condena de autores y editoriales que las difundieron.

9. Una "conspiración" contra el Estado Español

En las páginas 142-145 y en otras, el autor sostiene que varios
miembros del Opus Dei formaban parte de una "conspiración" (pp. 143, 145)
para hacerse con el control del Estado español. Sus principales fuentes
para hacer esas acusaciones son una tesis doctoral -no publicada- escrita
para la New York's New School of Social Research por José V. Casanova y una
"conversación privada", descrita en la nota a pie de página en la p. 32.

Este aparato documental tan reducido resulta claramente
insuficiente para la defensa de las tesis del autor, tratándose de un tema
sobre el que se podría aportar una abundantísima y cualificada colección de
escritos, estudios y testimonios.

El hecho real en el que se apoya la argumentación del autor es la
presencia de varios miembros del Opus Dei -en el libre ejercicio de sus
derechos profesionales y políticos- en altos cargos de la Administración. A
partir de aquí, empiezan las suposiciones y la adecuada ocultación de otros
hechos igualmente patentes. Por ejemplo, el autor parece no dar importancia
al hecho de que, durante el mismo periodo, había otros miembros del Opus
Dei trabajando activamente contra el Gobierno de Franco, incluidos
profesionales de la universidad y la prensa. Algunos de ellos fueron
perseguidos por las autoridades por este motivo.

Este es el caso, por ejemplo, de Rafael Calvo Serer, cuyo
pensamiento es presentado de forma distorsionada. En la p. 146, Walsh cita
una supuesta afirmación suya, tomada al parecer del diario madrileño ABC,
y que "no habría dejado de agradar a Franco". Esta cita, atribuida a Calvo
Serer, llegó a sus manos a través de la traducción al castellano de un
libro francés, y en ningún momento se da la fuente original (fecha y número
de página) del artículo del ABC del que supuestamente se obtuvo tal
frase.

Quizá la incongruencia de la cita pase inadvertida en el ámbito
anglosajón, donde la postura de Calvo Serer es menos conocida. En España,
desde luego, resulta inconcebible la presentación de semejante disparate
como representativo del pensamiento de Calvo Serer, conocido por su abierta
oposición al régimen de Franco.

El autor del libro -si es que ha estado verdaderamente interesado
en conocer el Opus Dei- podría haber consultado numerosas fuentes en las
que se pone de manifiesto la diversidad real en la actuación política de
los miembros del Opus Dei.

Alguna de esas fuentes le resulta tan cercana como el Times de
Londres, que publicó un artículo en memoria de Rafael Calvo Serer el 21 de
abril de 1988. El artículo señalaba que Calvo Serer había estado repetidas
veces en prisión, había sido sancionado y, por fin, obligado a exiliarse de
España. Su periódico, el diario Madrid, había sido clausurado por el
Gobierno, el mismo Gobierno en el que trabajaban otros miembros del Opus
Dei.

La trayectoria política de Calvo Serer ha sido reconocida, también
fuera de España, por su empeño en defensa de la libertad de prensa y otras
libertades civiles durante el régimen de Franco. Calvo Serer declaró
repetidas veces que el Opus Dei no tenía nada que ver con sus posiciones
políticas anti-gubernamentales, del mismo modo que nada tenía que ver con
la postura pro-gubernamental de otros miembros del Opus Dei. Puede
consultarse la carta abierta de Calvo Serer publicada en el diario
Madrid, el 25 de octubre de 1971.

El propio autor tiene noticia de estas afirmaciones de Calvo Serer
(p. 143), aunque las desprecia. De nuevo Walsh ignora o menosprecia los
testimonios mejor fundados, la versión de los protagonistas o los
documentos más valiosos, y recurre -para confirmar sus propias presunciones
o prejuicios- a fuentes espúreas, de dudoso valor e incluso anónimas.

A pesar de todo, el autor sigue empeñado en "probar" una acción
coordinada del Opus Dei en política, y propone el siguiente ejemplo: "la
carrera de Villar Palasí fue típica de la forma en que los miembros se
ayudan unos a otros…" (p. 143). Difícilmente puede considerarse "típica"
cuando… el Sr. Villar Palasí no pertenece ni ha pertenecido nunca al Opus
Dei.

Además, la afirmación de que el Opus Dei ejercía un "poder
considerable sobre la propaganda del régimen en emisoras y en la prensa"
sorprenderá a las personas que vivieron aquellos años, y recuerden
los frecuentes ataques sufridos por el Opus Dei precisamente desde esos
medios de comunicación controlados por el Régimen.

Por otra parte, el autor prescinde del hecho de que la mayoría de
los españoles del Opus Dei -como la mayoría de los ciudadanos de cualquier
país- no tuvieron nunca intereses ni estuvieron nunca involucrados en el
mundo político. Ignorar a tales personas y concentrarse en un puñado de
relevantes y prestigiosas personalidades es, en sí mismo, una forma de
"elitismo".

10. El Opus Dei y los medios de comunicación

El autor del libro describe otras presuntas acciones delictivas o
inmorales del Opus Dei en el ámbito de los medios de comunicación.
Esas acusaciones van desde las insinuaciones sobre la comisión de sabotajes
(p. 14) en periódicos, hasta la presentación de la actuación de miembros
del Opus Dei en estas profesiones como manipuladora.

Acusar a estas personas de "manipular a los medios de
comunicación en la búsqueda de lo que considera es su propio bien" (p.
151), además de ser gravemente injusto, carece de todo fundamento: ya
sea en Bogotá, Santiago o cualquier otra parte, estas personas ejercen
con pleno derecho su profesión, y nadie puede pretender limitar su
libertad.

Esa profesión es el medio que han escogido para ganarse la vida, con
independencia de su pertenencia a la Prelatura. Algunos ya eran periodistas
antes de incorporarse al Opus Dei; continuarían siéndolo incluso si, por
alguna razón, decidieran desvincularse del Opus Dei. Acusar a esos
escritores de estar envueltos en algún tipo de conspiración carece de
fundamento y sentido.

El tono de esta acusación sugiere que, para Walsh, los medios de
comunicación deberían negar el derecho de libre expresión a los miembros
del Opus Dei, sólo por el hecho de serlo, como hace él en su libro.

B. Los asuntos Ambrosiano-IOR, Matesa y Rumasa

En las pp. 157-171, el autor hace un elevado número de acusaciones
y tergiversaciones, fabricadas para montar una argumentación sobre una
continua conspiración criminal por parte de la Prelatura del Opus Dei con
relación a tres escándalos recientes. Nos detendremos en su estudio.

1. Las finanzas de la Santa Sede, el banco Ambrosiano y el IOR

a) En la p. 169, el autor afirma que, durante el pontificado de
Pablo VI, el Opus Dei consintió en aportar el 30% del presupuesto anual del
Vaticano, y que esta maniobra financiera tenía como fin directo garantizar
que el Papa erigiría a la Obra en Prelatura personal.

Esta acusación, además de contradictoria -recordemos que Walsh sólo
admite que el Opus Dei tuviera buenas relaciones con Juan Pablo II: según
su errónea interpretación, difícilmente podría llegar a esta clase de
acuerdos con otros Papas- es absolutamente falsa. El Opus Dei nunca ha
hecho -ni siquiera ha contemplado tal posibilidad- un acuerdo de este tipo,
dado que constituiría un soborno condenado explícitamente por el Derecho
Canónico de la Iglesia Católica.

En la terminología del Derecho Canónico se conoce a esta acción
como "simonía" y es una actividad extraordinariamente grave. Acusar al
Papa Pablo VI y a Mons. Escrivá es en extremo disparatado e irresponsable.
La acusación se agrava, además, con la presunción gratuita de Walsh al
interpretar por su cuenta y riesgo los móviles internos de Mons. Escrivá.

Semejante acusación resulta tan improbable en sí misma que
cualquier investigador serio llevaría a cabo una rigurosa comprobación de
los hechos antes de sostenerla, sobre todo cuando todas las partes
implicadas la han negado categóricamente, y cuando nadie de los que la han
sostenido ha podido aportar la más mínima prueba. Walsh prescinde de toda
comprobación y su acusación es, por tanto, un claro ejemplo de
irresponsable desprecio hacia la verdad.

b) En la misma página, el autor pretende involucrar al Opus Dei con
el escándalo de la quiebra del Banco Ambrosiano en Milán. La verdad del
asunto es que, como el Opus Dei ha declarado repetidas veces, ni la
Prelatura ni nadie en su representación ha tenido jamás ninguna relación
financiera ni con Roberto Calvi ni con el Banco Ambrosiano. L'Osservatore
Romano confirmó esto el 8 de octubre de 1982, en un editorial. Más aún, la
acusación (p. 171) de que el Opus Dei proporcionó 250 millones de dólares,
o una parte de esta cifra, en ayuda de la garantía que el IOR hizo del
Banco Ambrosiano es también absolutamente falsa. Ni tampoco lo hizo ningún
"banco del Opus Dei", dado que tales bancos no existen.

c) Relacionada con esta acusación absolutamente falsa está la
descabellada asociación que el autor establece entre un banco de Londres,
el Banco Urquijo Hispano-Americano, y el suicidio o la muerte de Roberto
Calvi en 1982. Este banco no está relacionado, de ninguna manera, con el
Opus Dei, y ningún miembro de la Prelatura ha trabajado jamás allí con
capacidad de gestión. El autor del libro, residente en Londres, podría
haberlo comprobado con una simple llamada telefónica urbana. Este pequeño
banco tiene solamente un español entre sus directivos, y todos los demás
son británicos. Ninguno de ellos es miembro del Opus Dei.

El referido banco en España no está relacionado con el Opus Dei
en ningún sentido, y mucho menos está controlado por la Prelatura. La
gratuita e infamante afirmación que aquí hace el autor arroja luz sobre su
irresponsabilidad e imprudente negligencia a la hora de comprobar los
datos, una falta de seriedad investigadora que caracteriza a todas las
acusaciones del capítulo 7 y del resto del libro.

2. Matesa

a) Ningún miembro del Opus Dei ocupó cargos directivos en la
empresa Matesa, en contra de lo que el autor afirma en la p. 157:
"…importantes escándalos en los que estaban involucrados miembros del
Opus y sus negocios". Villar Palasí, consejero legal de Matesa (llamado en
la p. 158 "un asesor legal del Opus Dei"), no es ni ha sido nunca miembro
del Opus Dei.

b) Los créditos concedidos a Matesa no fueron aprobados por el
ministro de Industria, Gregorio López Bravo. Fueron otorgados por el Banco
de Crédito Industrial, y la autoridad financiera competente en tales
transacciones dependía en sus directrices generales de actuación del
Gobierno de España (concretamente, del ministerio de Hacienda, no del
ministerio de Industria). Los créditos fueron aprobados por los dos órganos
del Banco de Crédito Industrial: el Comité Ejecutivo y el Consejo General.
Gregorio López Bravo, miembro del Opus Dei, no tuvo parte alguna en esas
negociaciones y no tenía ninguna conexión con esas organizaciones.

c) El Opus Dei jamás recibió fondos de Matesa. Juan Vilá Reyes hizo
algunos donativos personales, durante algunos años, al Instituto de
Estudios Superiores de la Empresa (IESE), en el que había estudiado. Esos
donativos sumaban en total 2 millones de pesetas. Aunque este dato fue
hecho público y Walsh lo conoce, aplica de nuevo su particular criterio de
selección en las fuentes y da crédito a los "rumores" según los cuales esa
persona dio (2.400 millones) de pesetas a diversas instituciones del Opus
Dei en España, Perú y los Estados Unidos (p. 158). Estos rumores son
absolutamente falsos, como queda de manifiesto, por ejemplo, cuando el
autor menciona una "universidad de Perú" entre los destinatarios de esos
"cuantiosos donativos". La única universidad que atiende el Opus Dei en
Perú es la de Piura; fue fundada en 1969, (después) de que se descubriera
el "escándalo Matesa".

d) Muchos de los detalles con los que el autor ilustra su relato
sobre el asunto Matesa parecen provenir de un artículo publicado en el
periódico socialista italiano Avanti (3 de julio de 1970). En algunos
aspectos, sin embargo, difiere del bulo original. El periódico decía que
los fondos de Matesa fueron a parar a colegios del Opus Dei en los Estados
Unidos, no a "residencias de estudiantes", como sostiene el autor. No
existían tales colegios antes de 1969. Difícilmente podría recibir
donativos una institución inexistente. Ninguna residencia recibió nunca
fondos de Matesa o de Vilá Reyes. Este mismo periódico italiano publicó una
(rectificación) el 10-VII-70.

3. Rumasa

a) En la p. 159 y en la p. 166, el autor incurre en inexactitud al
referirse a los donativos personales que Ruiz Mateos hizo a varias
actividades apostólicas confiadas a la Prelatura. En realidad, hizo
donativos a muchas instituciones religiosas y filantrópicas, entre las
cuales se cuentan algunas dirigidas por miembros de la Prelatura. Pero la
Prelatura nunca ha sido financiada de ninguna manera por Rumasa o por su
presidente. El propio Ruiz Mateos lo afirmó (21 de julio de 1983): "Rumasa
jamás ha tenido conexión alguna, y mucho menos de tipo económica, con el
Opus Dei".

b) En la p. 159, el autor afirma que el dinero de Rumasa fue
evadido ilegalmente para financiar las actividades en el Reino Unido de la
Netherhall Educational Association. Como ya hemos comentado (cfr. el
apartado I, A, 6 de esta exposición), esto es absolutamente falso. Esta
entidad nunca recibió fondos ni de bancos españoles ni de España en
general; todos sus créditos fueron prestados por bancos europeos, como
queda certificado en documentos públicos. Si el autor tiene datos de que el
Opus Dei, a través de Rumasa o de cualquier otro modo, ha participado en
la evasión de capitales, debe denunciarlo, ya que se trata de un delito
tipificado en el ordenamiento penal y perseguible de oficio. Si no tiene
datos, debe callarse, ya que la atribución falsa de acciones delictuosas
está asimismo tipificada como delito de calumnia.

c) El 2 de agosto de 1983, Ruiz Mateos afirmó que nunca había
habido ninguna conexión entre Rumasa, el Opus Dei, y el Banco del Vaticano;
y que nunca conoció a Roberto Calvi, Mons. Marcinkus ni ninguno de sus
representantes.

4. Resoluciones judiciales

Finalmente, conviene hacer notar un hecho significativo que
el autor ha ignorado substancialmente en el planteamiento de los asuntos
Matesa, Rumasa y Ambrosiano: estos tres casos no fueron meros "escándalos"
o "incidentes" sobre los que corrían rumores que exigían una investigación,
sino que fueron efectivamente investigados. Cada uno de ellos dio lugar a
un (proceso criminal) sometido a rigurosa investigación policiaca y a un
examen judicial de larga duración, aunque por su complicación y múltiples
conexiones no esté -en algunos casos- concluido. Las autoridades legales de
España e Italia dirigieron una exhaustiva investigación de todos los
hechos que concurrían en estos asuntos, y como resultado hubo procesos
judiciales, sentencias, penas y absoluciones.

En ningún momento a lo largo de las investigaciones criminales
desarrolladas en Italia estuvo el Opus Dei formalmente implicado, ni
siquiera de modo indirecto. Ni la Prelatura ni ninguno de sus directores
fueron en ningún momento juzgados o llamados a declarar, y ni siquiera
mencionados como cómplices no encausados. No hubo ninguna acusación de
conducta ilegal, porque ni la policía ni las autoridades judiciales
encontraron fundamento alguno para hacerlo. Y es que no había tales
fundamentos.

En el caso de España, la pretensión de involucrar a directores del
Opus Dei en procesos judiciales relacionados con la causa seguida
sobre Rumasa fue desestimada. El 11 de mayo de 1989, el juez central de
instrucción número 3 de la Audiencia Nacional acordó el archivo de la
denuncia presentada. Realizadas las oportunas investigaciones en España y
otros países, y oídos los testigos presentados por el querellante, el
Ministerio fiscal solicitó que se archivase la denuncia por no encontrar
motivo alguno que justificase la acusación, decisión finalmente adoptada
por el Juez Instructor.

Lo que el autor ha hecho aquí es rastrear las especulaciones sin
base y los rumores que rodearon a estos incidentes, al tiempo que ignora
los hechos de su desarrollo judicial. Pero los hechos, entonces como ahora,
hablan por sí mismos.

C. Actitudes contrarias a la fe, a la moral y a la autoridad de la
Iglesia

1. Acusaciones de ser una "secta"

El autor define a las sectas como "un movimiento entregado a una
creencia herética y a menudo a actos y prácticas rituales que se apartan de
los procedimientos religiosos ortodoxos". En la p. 18, y otra vez en la p.
186, compara el Opus Dei con diversos grupos religiosos que parecen cumplir
esa definición: la Iglesia de la Unificación (la secta Moon), el
Conocimiento de Krishna y la Misión de la Divina Luz. Esta afirmación
constituye el eje central de la crítica que pretende hacer al Opus Dei,
como se manifiesta no sólo en el hecho de que le dedique todo un capítulo,
sino además en que toda la obra está encaminada a intentar llevar a la
convicción de que el Opus Dei es un grupo cerrado y que, en consecuencia,
"como secta, no es simplemente menos que católica. Es menos que cristiana"
(frase con la que cierra el libro).

La gravedad de esas afirmaciones salta a la vista: constituye una
acusación que, dada su falsedad, implica una injuria jurídicamente
perseguible. Esa falsedad es, a veces, tan clara para cualquiera que
conozca algo del Opus Dei, que no resulta necesario detenerse a criticarla.
Comentamos, sin embargo, unos cuantos puntos.

Una secta es, por definición, un grupo separado, generalmente de
poco tamaño o al menos replegado sobre sí mismo, que actúa por entero o en
gran parte al margen de la legalidad. Nada de eso se aplica al Opus Dei. La
Obra es una institución plenamente reconocida por la Iglesia católica y
dotada de personalidad civil en todas las naciones en las que trabaja. Las
aprobaciones concedidas por la autoridad eclesiástica lo fueron después de
una cuidadosa investigación: la misma que suele emplear en casos análogos.
Así ocurrió en 1941, en 1943, en 1947 y en 1950, fechas de diversas
aprobaciones. Y este estudio atento volvió a repetirse, entre 1979 y 1982,
con motivo de su definitiva configuración jurídica como Prelatura personal.
El Opus Dei fue erigido como Prelatura personal por Juan Pablo II, con el
parecer favorable de la inmensa mayoría de los obispos de las diócesis en
que la Obra venía trabajando apostólicamente. Entre otros muchos textos, se
pueden citar unas líneas de la Declaratio de la Congregación para los
obispos, de 23 de agosto de 1982, que se refiere al Opus Dei como
"institución que ofrece probadas garantías doctrinales, disciplinares y de
vigor apostólico". Pensar que una institución que goza de esa plena y
amplia confianza sea una secta, caracterizada además "por una creencia
herética", es sencillamente ridículo.

El propio autor se ha visto obligado a reconocer que el Opus Dei
tiene un estatuto de legitimidad y plena aprobación dentro de la Iglesia
católica (pp. 186, 193, et passim). Sin embargo, persiste en acusar al
Opus Dei de sostener creencias y prácticas "sectarias".

2. Medios de formación y dirección espiritual

Resulta oportuno detenerse en las páginas que el autor dedica a
intentar dar un cierto fundamento a la acusación que dirige contra el Opus
Dei de ejercer un control de las conciencias de sus miembros, privándoles
así de su libertad; no sólo porque -como ya se ha dicho- se trata de una
gravísima calumnia que no puede ser pasada por alto, sino también porque
esas páginas manifiestan claramente la manipulación de textos y realidades
que lleva a cabo el autor. Veamos, concretamente, las tres prácticas que
menciona como medio para obtener ese supuesto control de las conciencias:
la confidencia o charla de dirección espiritual, el círculo y la confesión.

a) la charla de dirección espiritual. El autor la presenta en las
pp. 121-123 como una práctica que, de una parte, sería contraria al Derecho
Canónico y, de otra, a la intimidad de la persona. Una y otra cosa son
falsas.

En la p. 121 afirma que el Código de Derecho Canónico de 1917
prohibía en su canon 530 la "manifestación de la conciencia". En realidad,
ese canon establecía que "a los súbditos no se les prohíbe que puedan,
libre y espontáneamente, abrir su alma a los Superiores; más aún, conviene
que acudan a ellos con filial confianza". En todo caso, para entender la
confidencia tal y como es vivida en el Opus Dei hay que atender no a la
manifestación o cuenta de conciencia, tal y como se practica en algunas
órdenes y congregaciones religiosas, sino más bien a las charlas fraternas
en busca de consejo o dirección espiritual, ampliamente recomendadas por
toda la tradición espiritual católica, y vividas por muchos cristianos que
acuden a las personas de su confianza para recibir consejo y orientación.

Se trata, en suma, de una conversación sencilla en la que se habla
de materias exclusivamente espirituales y apostólicas, a fin de exponer con
plena libertad las propias preocupaciones y recibir estímulo y aliento, con
vistas a la santificación de la vida ordinaria, que es el fin exclusivo del
Opus Dei: los miembros del Opus Dei la han hallado siempre inmensamente
beneficiosa para su crecimiento espiritual y la paz de su alma. Se pueden
aportar numerosos testimonios en este sentido. La acusación que hace el
autor de que produce "daños psicológicos" carece por completo de
fundamento.

b) El Círculo. De él se habla en la p. 123, asimilándolo a los
capítulos de faltas en uso, ahora o en tiempos pasados, en algunas
instituciones. De hecho -y sin entrar en este momento a valorar esas
prácticas- el círculo que se vive en el Opus Dei tiene otro contexto: se
relaciona con los círculos de estudio, con finalidad formativa, practicados
en muchas asociaciones de fieles y en instituciones de muy diverso tipo.
Consta de un comentario del Evangelio y de una o dos breves charlas (en
total, dura unos cuarenta minutos) sobre algún punto de carácter doctrinal
o ascético. Hay también unos minutos dedicados al examen personal; al final
de ese examen, se permite que, si alguien libremente lo desea, pueda tomar
la palabra para referirse a un detalle del comportamiento que estima que
podría haber cuidado más especialmente, pero siempre que se trate de
detalles externos y no peyorativos, con exclusión expresa de asuntos de
conciencia. Por tanto, describir el círculo como algo encaminado a un
control de las conciencias es desconocer completamente su realidad.

c) La confesión. Se habla de la confesión en las pp. 124-126,
realizando afirmaciones particularmente graves, dada la importancia de este
sacramento. Sostiene Walsh concretamente que los miembros del Opus Dei
tienen prohibido "en la práctica" confesarse con nadie que no sea un
sacerdote de la Prelatura. Esto es completamente falso. Los miembros del
Opus Dei, como todos los demás católicos, gozan de completa libertad para
confesarse con cualquier sacerdote autorizado por la Iglesia. Así lo
establece la legislación canónica y así lo proclamó repetidas veces el
Fundador del Opus Dei, como Walsh no tiene más remedio que reconocer,
aunque quiera quitar luego importancia a esas declaraciones, alegando
textos de Mons. Escrivá de Balaguer que interpreta falsamente como intentos
de mantener en teoría esa libertad, pero negándola en la práctica.

Algunos de los textos que se cita son, sencillamente, falsos (como
el que refiere en la p. 125, líns. 12-15); otros tienen una explicación muy
sencilla, totalmente ajena a lo que Walsh afirma: en ellos, se aconseja a
los miembros del Opus Dei que se confiesen con sacerdotes de la Obra, ya
que pueden conocer más fácilmente su espíritu y sus problemas; o
dirigiéndose a quien pudiera tener la tentación de evitar la confesión con
sacerdotes de la Obra, le advierte que se ha colocado en una situación
falsa, que puede ser signo de falta de sinceridad y le expone a crisis
incluso graves. Pero en uno y otro caso, respetando -y así lo dice
expresamente- la libertad de cada persona y ese núcleo particulamente
íntimo que es la conciencia. Por tanto, la caracterización que hace el
autor de las confesiones en el Opus Dei como "chantaje moral" (p. 128) es
absolutamente falsa.

En todos los textos de Mons. Escrivá de Balaguer aparece siempre un
fuerte impulso espiritual y un deseo de colocar a cada alma ante Dios, pero
nada que tenga que ver con control de las conciencias o anulación de la
personalidad. Al contrario, la dirección espiritual que se imparte en el
Opus Dei tiende, como pueden testimoniar los miles de personas que
frecuentan sus actividades, a fomentar las personalidades individuales,
cada una de acuerdo con sus particularidades.

Conviene añadir finalmente que la insinuación que se hace en las
pp. 127-128 es particularmente intolerable. Con el único apoyo del relato
de una conversación, el autor pone en duda el respeto al secreto de la
confesión en el Opus Dei. El secreto de la confesión constituye uno de los
valores más importantes de la tradición católica y en el Opus Dei se
estima, cuida y vive con la misma delicadeza, al menos, que en todo el
resto de la Iglesia.

3. Uso de poder e influencia dentro de la Iglesia

En varias ocasiones, el autor atribuye al Opus Dei la utilización
del poder -y, específicamente, del poder económico- para conseguir o forzar
decisiones de las autoridades de la Iglesia. Nos remitimos a las
observaciones que hacemos más adelante sobre la configuración jurídica del
Opus Dei como Prelatura personal y sobre el Proceso de beatificación de
Mons. Escrivá de Balaguer.

En esta exposición se comenta también la descripción de supuestas
maniobras del Opus Dei para conseguir esa beatificación mediante el uso de
dinero o influencias. Además de esas observaciones, queremos llamar la
atención sobre el modo en que se aborda este asunto. En la p. 212, por
ejemplo, afirma el autor que el "Opus" ha dicho "¡está en el saco!",
refiriéndose al proceso de beatificación de Mons. Escrivá. Citar de esta
manera es claramente gratuito e insultante. No hay ningún portavoz llamado
"Opus" y nadie autorizado para hablar en nombre del Opus Dei (que sería lo
único que justificaría esta construcción) ha dicho jamás tal cosa.

Ni el autor ni la fuente de la que ha tomado la cita (un artículo
de Nicholas Perry) especifica el nombre de la persona que supuestamente
hizo este comentario. Las normas habituales de la profesión requieren que
lo hubiera hecho antes de poner la afirmación entre comillas. A menos que
pueda proporcionar ese nombre, sostenemos que esta cita, como muchas otras
cosas en El mundo secreto del Opus Dei, es una pura invención y una
denigración gratuita.

4. Obstáculo contra la unidad de la Iglesia

En las pp. 89-90, el autor describe con notable inexactitud un
incidente ocurrido en el Seminario de Logroño, del que extrae consecuencias
generales sobre supuestos atentados contra la unidad de la Iglesia. Citando
a un semanario de información religiosa -descrito páginas antes como hostil
hacia el Opus Dei (p. 85), pero utilizado frecuentemente como fuente del
libro-, atribuye al Rector de dicho Seminario una serie de acusaciones
contra el Opus Dei.

Bastaba haber consultado el número siguiente de la revista citada
para encontrar una rectificación de la propia revista, en la que -entre
otras cosas- se decía:
– "No es cierto que el informe fuera presentado en la Asamblea
Sacerdotal de la Rioja por el Rector del Seminario de Logroño".
– Dicho informe, elaborado por un grupo de personas del
Seminario, "no fue integrado en la ponencia del Rector".
– "La Asamblea no se centró en este tema concreto, sino en una
amplia perspectiva eclesial, dando a luz pública unas proposiciones de gran
interés para la evangelización y la vida de la diócesis".

El uso selectivo de fuentes aparece aquí en toda su evidencia. Para
contrastar la información, no hacía falta siquiera remitirse a otras
publicaciones o testimonios. Bastaba con consultar el siguiente número de
la misma revista (cuyo director, entonces, era "amigo" del autor).

5. El apoyo de los Papas y la jerarquía católica

Aunque está presente de diversos modos en todo el capítulo VII,
Walsh se atreve a hacer explícitamente, en la p. 200, la siguiente
afirmación: el apoyo jerárquico al Opus Dei "es muy difícil de comprobar".
Y concluye: "de los Papas anteriores al actual difícilmente puede decirse
que hayan sido entusiastas en su apoyo al Opus, y por cada obispo que les
acoge con beneplácito en su diócesis, está claro que hay muchos que, o no
les aceptan, o no están contentos de encontrarles instalados en su
jurisdicción cuando ocupan sus sedes".

a. Romanos Pontífices

Adjuntamos una relación no exhaustiva de declaraciones de los Papas
a partir de Pío XII: Juan XXIII, Pablo VI y Juan Pablo I. No documentamos
las manifestaciones de afecto de Juan Pablo II hacia el Opus Dei, ya que el
propio autor las acepta. Podrían aportarse muchos otros testimonios, pero
nos limitamos aquí a algunos que pueden comprobarse fácilmente en
documentos accesibles (libros y prensa). Lamentablemente, Walsh no aporta
ni una sola referencia de este tipo cuando lanza sus acusaciones.

PIO XII

En 1946, envía a Mons. Escrivá de Balaguer un retrato con una
dedicatoria (cfr. Vázquez de Prada, A., "El Fundador del Opus Dei", p. 245).

En otoño de 1947, recibe en audiencia a Carmen Escrivá de Balaguer
y Encarnación Ortega (el relato de la audiencia puede encontrarse en
Berglar, P. "Opus Dei", p. 250).

Recibe también en audiencia al Fundador del Opus Dei. Durante su
pontificado, el Opus Dei recibe las aprobaciones pontificias (cfr.
(passim), VV.AA., "El itinerario jurídico del Opus Dei").

JUAN XXIII

En verano de 1954, siendo Patriarca de Venecia, se hospeda en el
Colegio Mayor Miraflores (Zaragoza) y en el Colegio Mayor La Estila
(Santiago de Compostela), donde escribe un autógrafo en el libro de firmas.
(cfr. Gondrand, F., "Al Paso de Dios", p. 215; Vázquez de Prada, A., "El
Fundador del Opus Dei", p. 328).

En marzo de 1960, recibe en audiencia a Mons. Escrivá de Balaguer
(cfr. Gondrand, F., "Al Paso de Dios", p. 215).

Comentarios elogiosos sobre el Opus Dei y su Fundador (cfr. Carta
de Mons. Loris Capovilla, Arzobispo titular de Mesembria, Prelado de
Loreto, al Papa VI, 24-V-78; Berglar, P., "Opus Dei", pp. 249 y 412).

PABLO VI

En enero de 1964, recibe en audiencia a Mons. Escrivá de Balaguer.
(cfr. ABC -Madrid- 31-X-64; Gondrand, F., "Al Paso de Dios", p. 232).

En octubre de 1964, entrega un quirógrafo a Mons Escrivá de
Balaguer, en el curso de una audiencia (cfr. Vázquez de Prada, A., "El
Fundador del Opus Dei", p. 333; Seco, L. I., "La herencia de Mons. Escrivá
de Balaguer", p. 58; ABC -Madrid- 27-VI-76).

En noviembre de 1965, visita el Centro ELIS (cfr. Gondrand, F. "Al
Paso de Dios", p. 235-237; Vázquez de Prada, A. "El Fundador del Opus Dei",
p. 334; "Conversaciones con Mons. Escrivá de Balaguer" nº 5).

En junio de 1975, telegrama de pésame por el fallecimiento de Mons.
Escrivá de Balaguer (cfr., por ejemplo, LA VOZ DE ESPAÑA -San Sebastián-
29-VI-75).

En noviembre de 1976, se refiere a Mons Escrivá de Balaguer en una
audiencia general (cfr., por ejemplo, LA NUEVA ESPAÑA -Oviedo- 13-XI-76).

JUAN PABLO I

En julio de 1978, siendo Arzobispo de Venecia, escribe un artículo
en IL GAZETTINO, elogioso para el Opus Dei y su Fundador. (cfr. IL
GAZETTINO -Venecia- 25-VII-78).

b. Cardenales y obispos

Contamos con una relación de 82 declaraciones de Cardenales de la
Iglesia Católica que han manifestado públicamente su apoyo y estima hacia
el Opus Dei. La relación no es exhaustiva.

Podría añadirse, si es preciso, una relación similar con cientos
de declaraciones de obispos en ese mismo sentido. Ante la afirmación de
Walsh -"por cada obispo que les acoge con beneplácito en su diócesis, está
claro que hay muchos que, o no les aceptan, o no están contentos"-, nos
comprometemos a facilitar docenas de testimonios favorables por cada
declaración negativa contrastada de un miembro de la jerarquía católica que
él presente.

Como se ve, tiene razón Walsh al afirmar que es difícil comprobar
el apoyo de la jerarquía católica al Opus Dei. Pero la dificultad -contra
lo que él dice- está precisamente en el abrumador número de declaraciones
de apoyo.

6. Prácticas contrarias a las normas de la Iglesia

Uno de los apoyos de su hipótesis sobre actuaciones contrarias a la
unidad doctrinal y disciplinar de la Iglesia es su descripción de las
prácticas penitenciales (por ejemplo, p. 39).

El espíritu del Opus Dei promueve la búsqueda de la santidad en el
cumplimiento de las obligaciones ordinarias del cristiano, y de un modo
particular en su trabajo profesional.

(tomado de Opus Dei: verdades, críticas y secretos)

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Parent’s guide to Opus Dei (J.J.M.Garvey)

El año 1989 Sicut Dixit Press de Nueva York publicó un folleto titulado Parents’ Guide to Opus Dei (Guía para padres sobre el Opus Dei). El autor, J.J.Garvey, padre de dos mujeres del Opus Dei, pretendía, mediante una acusación global a la Prelatura y a sus actividades, prevenir a los padres de familia para que evitasen todo contacto de sus hijos con las tareas e iniciativas del Opus Dei. Al tratarse de serias y graves denuncias, presentadas además desde una común fe cristiana, la Oficina de Información de la Prelatura en aquella ciudad (524 North Av. Suite 200, NEW ROCHELLE, NY 10801, Tf. 9146320137, e-mail newyork@opusdei.org) se vio obligada a publicar en abril de 1991 la respuesta que ahora reproducimos. Aquella “guía” fue traducida al castellano en Guatemala en enero de 1992. Ahora, diez años después de su aparición, una asociación con sede en Barcelona ha decidido distribuirla en España. Este es el motivo por el que reeditamos aquella respuesta, a la que únicamente hemos añadido —a causa del tiempo transcurrido desde entonces— unas notas a pie de página que la actualizan y la completan con algunos datos.

Vaya por delante nuestro cariño y comprensión, siempre entrañables y prioritarios, hacia todos los familiares de los fieles del Opus Dei, incluso cuando —como a J.J.Garvey— les haya resultado muy costoso aceptar la legítima libertad de sus hijos, o de sus hermanos, que han optado en conciencia por emplearse de un determinado modo en el seguimiento de Cristo. Ojalá Dios les llene a todos ellos de paz y de satisfacción, como ocurre gozosamente en la gran mayoría de los casos. Así pues, con la presente reedición de este documento, ya ciertamente algo antiguo, pretendemos únicamente restablecer la verdad.

Oficina de Información del Opus Dei en Barcelona

SUMARIO

I. La “Parents’ Guide to Opus Dei”.
1. Qué es la Parents’ Guide.
2. El Opus Dei en la Iglesia.
3. Las fuentes de la Parents’ Guide.
4. La libertad de los fieles del Opus Dei.
5. Incorporación, permanencia y salida del Opus Dei.
6. Otras cuestiones.

II. Algunos errores e inexactitudes.
1. Un equivocado “argumento de autoridad”.
2. Una documentación errónea.
3. Un ejemplo fabricado.
4. Identificación de centros y actividades.
5. Actividades para jóvenes.
6. Finanzas.
7. Consentimiento personal.
8. Educación en la fe y en la piedad.
9. Plena libertad intelectual.
10. Declaración de intenciones.

III. Documentación
1. Constitución Apostólica, Ut Sit, erigiendo el Opus Dei como
Prelatura Personal.
2. Carta de Peggy Garvey, hija de J.J.Garvey.

IV. Bibliografía.

I. La “PARENTS’ GUIDE TO OPUS DEI”

1. Qué es la Parents’ Guide?

El folleto titulado “Parents Guide to Opus Dei”, (Guía sobre el Opus Dei para Padres de Familia), elaborada por “Ad Hoc Alliance to Defend the Fourth Commandment” (Alianza ad hoc para la Defensa del Cuarto Mandamiento), tiene la intención de conseguir que padres de familia y otras personas eviten el contacto con el Opus Dei.

El autor del folleto hace serias acusaciones al Opus Dei, que son bastante más que críticas o meras expresiones de desaprobación personales. Acusa a la Prelatura de fraudes e ilegalidades deliberadas, contrarias no sólo a las leyes civiles y de la Iglesia, sino a la misma vida cristiana.

La mayoría de los lectores, aunque no conozcan a fondo el Opus Dei, perciben en seguida el carácter de prejuicio y de falta de mesura de este texto, que es un ataque contra una institución plenamente autorizada y aprobada por la Iglesia católica, y pone en tela de juicio tales aprobaciones.
¿De dónde surgen este tipo de acusaciones? El fenómeno de algunos padres que tienen dificultades para aceptar la vocación de sus hijos e hijas, aunque sean, como en este caso, mayores de edad, no es nuevo en la Iglesia. Con alguna frecuencia, hay padres que rechazan o que perciben negativamente el hecho de que sus hijos puedan ser llamados por Dios para servir plenamente a la Iglesia y a las almas. A veces, mientras admiten teóricamente la posibilidad de una vocación divina, hay padres que se sorprenden y se resisten a que Dios llame a sus hijos y a sus hijas a un camino concreto, diferente del que hubieran preferido para ellos.
Hay situaciones en las que la inquietud o preocupación de los padres es comprensiblepor ejemplo cuando son padres católicos que aceptan la autorizada voz de la Iglesia, y alguien en ese contexto les dice que sus hijos o hijas han sido engañados por una secta. El folleto de referencia cita frecuentemente un documento del Vaticano que define lo que es una secta (un grupo no aprobado por los Obispos y separado de la comunión de la Iglesia). Ante una acusación de este tipo, esto es lo primero que esos padres deberían preguntarse: ¿esta institución ha sido aprobada por la Iglesia?, ¿ha sido apoyada por los Papas y los Obispos?

Precisamente porque la Prelatura del Opus Dei ha recibido esas aprobaciones, y porque la Ad Hoc Alliance (editora de la Parents’ Guide) se presenta como un grupo de católicos creyentes, “preocupados y ofendidos” por el Opus Dei, la Oficina de Información del Opus Dei en Estados Unidos pensó que sería útil preparar esta respuesta oficial, que muestra la falsedad de sus acusaciones —y de sus recelos y miedos— acerca del Opus Dei.

Nuestro propósito no es discutir con el autor del folleto ni tampoco tratar de instruir a nadie acerca de la realidad de la vocación divina. Esta respuesta se limita a mostrar a los lectores que el autor tiene una idea completamente tergiversada del Opus Dei, y a tratar de explicar que su postura contra la Prelatura no es compartida por mucha gente razonable (en primer lugar, las autoridades legítimas de la Iglesia) que conocen la realidad directamente. Una detallada refutación, punto por punto, de las muchas falsedades que contiene la Parents’ Guide requeriría un tratamiento mucho más extenso.

2. El Opus Dei en la Iglesia

En la pág. 1 de Parents’ Guide se afirma que el autor (y sus colaboradores en la Ad Hoc Alliance) “han tratado de ser leales a la Iglesia, al Papa y a su Magisterio docente”. Esta afirmación se repite, al menos implícitamente, en varios párrafos a lo largo del folleto.
Sin embargo, a pesar de esas declaraciones, el autor adopta una postura contraria. Reconoce en distintos lugares que el Opus Dei ha sido aprobado por la Iglesia, pero desecha el dato como irrelevante . En efecto, en diversos pasajes se sugiere que cualquier defensa que haga el Opus Dei apelando a su aprobación por la Iglesia no tiene sentido; la idea de que “el Papa lo aprueba” es para el autor una cláusula de estilo sin contenido, un “cliché anulador del pensamiento”, “una forma de no responder a una pregunta crítica” (pág. 37).
Ahora bien, el autor señala en la pág. 29 que “dejamos esta evaluación [si el Opus Dei es o no una secta] a las autoridades competentes de la Iglesia”. Parece que se quiera ignorar que la Iglesia ya ha juzgado repetidamente —y aprobado públicamente—, a lo largo de los años, al Opus Dei, sus fines y su naturaleza.
Desde sus comienzos, el Opus Dei recibió la aprobación y varias recomendaciones firmes, entonces de ámbito local, del obispo de Madrid, donde había nacido. El Opus Dei recibió la aprobación completa de su espíritu, medios y apostolados en 1950 por el Papa Pío XII; esta autorización llegó tras muchos años de estudios preparatorios, incluyendo una aprobación diocesana en 1941 y otras dos aprobaciones pontificias oficiales, en 1943 y 1947.
También el Papa Juan XXIII valoró favorablemente al Opus Dei y, entre otras cosas, encargó a esta institución el desarrollo de una labor apostólica en la misma ciudad de Roma, el denominado Centro Elis, con una parroquia aneja puesta bajo la responsabilidad de sacerdotes del Opus Dei. Cuando el Papa Pablo VI visitó ese centro en 1965, elogió la labor realizada en presencia de Mons. Josemaría Escrivá, el fundador del Opus Dei, y dijo: “Aquí todo, todo es Opus Dei”.
Poco antes de llegar a ser Papa con el nombre de Juan Pablo I, el Cardenal Luciani, en uno de los artículos que lo hicieron famoso, escribía: “La extensión, el número y la calidad de los miembros del Opus Dei, ha hecho pensar en no sé qué miras de poder, o férrea obediencia de gregarios. Lo contrario es lo verdadero: sólo existe el deseo de santificarse, pero con alegría, con espíritu de servicio y con gran libertad”.
El apoyo y aliento que Juan Pablo II ha dado al Opus Dei son bien conocidos; lo que quizá es menos conocido son las muchas veces que se ha reunido con miembros jóvenes de la Prelatura y les ha transmitido su aliento. En una de esas ocasiones, por ejemplo, les dijo: “El vuestro es un gran ideal”.
El proceso de beatificación del fundador del Opus Dei fue alentado por los tres últimos Papas. Y fue Juan Pablo II quien, el 9 de abril de 1990 le declaró, de modo solemne, Venerable, indicando así que había vivido las virtudes cristianas en grado heroico. Mediados los años 80, el Papa pidió al Opus Dei que estableciera en Roma el Ateneo Romano de la Santa Cruz, una institución para estudios superiores de Filosofía y Teología, fundada en Roma en años recientes . El Santo Padre, personalmente, ha ordenado sacerdotes a más de doscientos miembros de la Prelatura del Opus Dei. El 6 de enero de 1991 Juan Pablo II ordenó Obispo al entonces Prelado del Opus Dei, monseñor Álvaro del Portillo .
Bajo la guía del Papa Juan Pablo II, se llevó a cabo un completo estudio del Opus Dei, desde 1979 hasta 1982, que terminó con la erección de la Obra como Prelatura personal, el 28 de noviembre de 1982. Como parte de este estudio, la Santa Sede consultó a más de dos mil Obispos del mundo entero. El estudio también incluyó el examen de varias acusaciones difamatorias hechas al Opus Dei en las décadas pasadas, incluyendo las que aparecen en la Parents’ Guide. Contadas veces una institución de la Iglesia ha sido objeto de un estudio tan pormenorizado.
En la solemne Constitución Apostólica que erigió formalmente al Opus Dei en Prelatura personal (Ut sit, 28-XI-82), la Santa Sede califica el carisma fundacional del Opus Dei como “de inspiración divina” y se felicita por el crecimiento que ha tenido, “con la ayuda de la gracia divina”, de modo “que se ha difundido y trabaja en un gran número de diócesis en todo el mundo”.
Los Estatutos oficiales de la Prelatura (1982) no cambiaron la relación entre el Opus Dei y los Ordinarios diocesanos. Los directores de la Prelatura deben obtener permiso del Obispo diocesano antes de comenzar el trabajo apostólico en una diócesis, y también antes de establecer cada nuevo centro en la diócesis. También se asegura que los miembros de la Prelatura conocen bien las directrices pastorales dadas por el Obispo, y que las llevan a la práctica. La autoridad del Prelado abarca únicamente el ámbito que corresponde a los fines propios de la Prelatura: la convicción de la llamada a la santidad y al apostolado, a través del trabajo diario y la vida cotidiana, en todos los estratos de la sociedad. Por lo demás, los fieles de la Prelatura permanecen sujetos a la jurisdicción del Obispo diocesano en todas aquellos ámbitos relacionados con la pastoral ordinaria que afectan a los demás fieles laicos de la diócesis.
De hecho, la inmensa mayoría de los Obispos de las diócesis en las que trabaja el Opus Dei han agradecido y continúan agradeciendo la ayuda que les prestan los fieles de la Prelatura. Y además, en muchos casos les encomiendan tareas de especial responsabilidad en su diócesis. Por ejemplo, en Boston el Cardenal Law pidió que un sacerdote de la Prelatura se encargase de la capellanía de un hospital; en Chicago, el Cardenal Bernardin confió a sacerdotes del Opus Dei una parroquia en el centro de la ciudad; el Cardenal Hickey, de Washington D. C., nombró a un sacerdote de la Prelatura como miembro del Consejo Presbiteral…

Así pues, no sólo el Papa anima y alienta al Opus Dei . También muy distintas autoridades de la Iglesia Católica, en todo el mundo, han aprobado su espíritu numerosas veces, en declaraciones formales y autorizadas, y han asegurado su lealtad a la jerarquía; han confirmado, en consecuencia, a la Prelatura del Opus Dei en el lugar que le corresponde en la estructura jerárquica de la Iglesia .

3. Las fuentes de la Parents’ Guide

Los testimonios a favor de la Prelatura proceden de fuentes fiables, fidedignas, y con frecuencia incontrovertibles: de los cinco últimos Romanos Pontífices, de centenares de Obispos, de sacerdotes y religiosos; y de toda clase de gente, católicos y no católicos. Cientos de miles de padres de familia y otros parientes de fieles de la Prelatura o personas cercanas a sus apostolados, testifican el bien que les hace a sus hijos, y a ellos mismos, el Opus Dei.
El gran apoyo que encuentra el espíritu del Opus Dei en todo el mundo se puede ver, entre otros lugares, en las muchas publicaciones y escritos acerca del Opus Dei, incluidos varios documentos papales. Sólo una parte muy limitada de estos trabajos ha sido incluida en la págs. 45-47 de la Parents’ Guide. A las personas que deseen obtener más datos acerca del Opus Dei les recomendamos que lean esos trabajos, que encontrarán no sólo en los centros del Opus Dei, sino también en la mayoría de librerías, para que juzguen por sí mismas.
En contraste con este apoyo al Opus Dei, las aseveraciones de la Parents’ Guide —incluyendo sus acusaciones de actividades ilegales o poco éticas— se toman de hechos distorsionados, artificialmente sacados de contexto, o simplemente imaginados.
Conviene tener en cuenta los siguientes datos:
§ De los once miembros que aparecen en el llamado Comité Consultivo (pág. 9) de la Alliance Ad Hoc sólo dos personas tienen o han tenido hijos en el Opus Dei. Pues bien, ni esas dos personas ni el propio autor pueden afirmar que sus hijos fueran admitidos en el Opus Dei antes de los 18 años, ni que hubieran hecho un compromiso voluntario de por vida en el Opus Dei antes de los 23 años.
§ Para dar una cierta apariencia de legitimidad a sus aseveraciones, el autor cita a varios Papas (especialmente a Juan Pablo II), así como textos de los Padres de la Iglesia, párrafos de documentos oficiales de la Iglesia y pasajes de la Escritura. Por el contrario, ninguno de esos pasajes dice nada, ni siquiera implícitamente, que pueda considerarse una crítica hacia el Opus Dei. Es más, con mucha frecuencia son textos que podrían ser utilizados para apoyar el espíritu del Opus Dei, si se eliminan las manipulaciones que han sufrido. En contraste con lo anterior, que es fácilmente verificable, el autor afirma (pág. 39) que el Opus Dei utiliza las Sagradas Escrituras “distorsionando[las] para engañar”. Además, y como ya se ha dicho antes, el autor califica cualquier declaración papal que sea favorable al Opus Dei como simple “cliché anulador del pensamiento” (p. 37).
§ Las citas de Camino, uno de los libros escritos por el fundador del Opus Dei, son presentadas por el autor con interpretaciones siniestras, que no están evidentemente en el texto original. Cualquier persona razonable verá, sin duda, que cada una de esas citas se refiere a detalles concretos de la ascética cristiana. Y coincidirá en su interpretación con la que dio la Comisión del Vaticano que investigó tanto ése como los demás escritos suyos en el transcurso de su Causa de Beatificación. Esa Comisión, en efecto, estudió minuciosamente todos los escritos de Mons. Escrivá de Balaguer. Y a su término, en 1990, como ya hemos dicho, el Papa Juan Pablo II declaró Venerable al fundador del Opus Dei .
§ El autor cita repetidamente un trabajo titulado Vocación (publicado en España en la colección Mundo Cristiano), de José Luis Soria, sacerdote de la Prelatura, y lo llama “manual de proselitismo” del Opus Dei (pág. 40). Esa publicación es un pequeño folleto, difundido entre todo tipo de público, que trata de la vocación a servir a Dios en términos generales, incluyendo la vida sacerdotal y la religiosa. De hecho, no existe en el Opus Dei un “manual de proselitismo” ni nada que se le parezca. La existencia de tal documento, como también la llamada “Agenda oculta” o “Estatutos Secretos”, son puras invenciones.
§ El autor también cita un libro inglés titulado The secret world of Opus Dei (El mundo secreto del Opus Dei), de Michael Walsh (p. 47). El autor es un ex sacerdote jesuita, y el libro una simple recopilación de falsedades que se han dicho contra el Opus Dei. Se trata de un libelo que acusa al Opus Dei, por ejemplo, de fraudes, crímenes diversos, conspiración criminal, traición, homicidio, gangsterismo político y hasta de secuestro de niños en Perú para venderlos en EE UU. El autor no ofrece ninguna prueba que apoye estas graves acusaciones; simplemente se limita a repetir rumores insostenibles, muchos de los cuales tienen su origen en publicaciones anticatólicas. Resulta irónico (y al mismo tiempo significativo) que el autor de la Parents’ Guide sitúe un libro así entre la bibliografía recomendada, junto a dos obras de Santo Tomás de Aquino y San Agustín, bajo el epígrafe “Otras fuentes” (p. 46-47).
§ La fuente más utilizada por el autor es, sin duda, John Roche. Las afirmaciones de Roche aparecen continuamente en Parents’ Guide y esta persona es presentada (pág. 48) como una fuente de “material inédito”, entre el que se incluyen citas supuestamente textuales de Crónica, una publicación para los fieles de la Prelatura. Desde hace muchos años, John Roche se ha dedicado a realizar todo tipo de afirmaciones calumniosas contra el Opus Dei. Acusa también a la Prelatura de cometer crímenes y delitos públicos de todo tipo —incluidas detenciones y secuestros, coacciones e intimidaciones— como también violaciones del Derecho Canónico (por ejemplo, ordenaciones sacerdotales hechas por la fuerza). Son, desde luego, cargos absolutamente falsos. Para una mayor información, puede acudirse a nuestra Oficina de Información de Estados Unidos.
§ Todas las citas textuales atribuidas a la revista Crónica, que aparecen en Parents’ Guide, proceden del mencionado John Roche. El autor de Parents’ Guide, desde luego, no las ha obtenido directamente del Opus Dei. Esos textos son citados siempre fuera de su contexto, o bien han sido torpe e inexactamente traducidos; o, en algunos casos, han sido completamente inventados.
§ Debe añadirse que, para defenderse de las acusaciones criminales de estas dos fuentes principales de Parents’ Guide (M. Walsh y J. Roche), un miembro de la Prelatura presentó ya hace años una querella ante la Justicia civil en Munich (República Federal de Alemania). El juicio fue ganado por esa persona del Opus Dei: el día 22 de noviembre de 1985, el Tribunal de Munich declaró oficialmente que las acusaciones contra el Opus Dei no tenían “ningún fundamento de hecho”, y prohibió, bajo pena de multa, repetirlas públicamente.
§ Por otra parte, las acusaciones contra el Opus Dei realizadas por J. Roche, así como, en realidad, todas las acusaciones sobre conductas contrarias a la ética que formula la Parents’ Guide, ya habían sido examinadas (y rechazadas) con anterioridad por la Santa Sede, durante el intenso estudio que realizó desde 1979 a 1982, antes de la erección del Opus Dei como Prelatura personal. El mismo Roche pudo formular personalmente sus cargos, junto con otras personas contrarias al Opus Dei. Y sus declaraciones fueron examinadas también durante el proceso para la Causa de Beatificación de Mons. Escrivá. Así pues, las autoridades de la Iglesia han tenido oportunidad de evaluarlas y compararlas con hechos probados y otros testimonios jurados. Los cargos presentados por Roche fueron desechados uno por uno, por no encontrarse en ellos ningún fundamento que los avalara.
§ Así pues, el autor de la Parents’ Guide no ha sido justo ni razonable al usar sus fuentes de información, que resultan evidentemente partidistas. Ha ignorado las declaraciones oficiales de la Santa Sede —incluyendo las del Papa Juan Pablo II, a quien cita sólo selectivamente cuando le conviene, y con frecuencia fuera de contexto— y ha formulado en su lugar acusaciones temerarias, procedentes de fuentes no confirmadas y evidentemente insostenibles: acusaciones que, como hemos dicho, han sido declaradas sin fundamento, tanto por tribunales civiles como por la misma Iglesia.

4. La libertad de los fieles del Opus Dei
A lo largo de la Parents’ Guide, la acusación principal que se formula es que la Prelatura actúa indebidamente en contra de los principios éticos, con respecto a la libertad de personas jóvenes. La acusación de que el Opus Dei “recluta” [sic] a jóvenes de 12 años de edad (p. 32) es enteramente falsa y absurda. La verdad sobre este punto es que la Prelatura respeta meticulosamente la moral individual y colectiva y los derechos civiles y eclesiásticos de sus miembros, como también respeta a todas las personas, incluyendo a padres y familiares.
Aunque ya ha sido publicado en multitud de ocasiones, para que no quede duda:
§ El Opus Dei nunca niega información a las personas que la solicitan razonablemente y tienen derecho a ella. Esta es la praxis habitual que sigue la Prelatura.
§ En contra de lo que la Parents’ Guide sugiere (pág. 50), todas las actividades y centros del Opus Dei son claramente identificables como tales. La relación con la Prelatura está explícitamente incluida en las publicaciones destinadas a informar a un público general sobre las actividades de esos centros.
§ Los programas del Opus Dei dirigidos a la formación de gente joven tienen el objetivo único de colaborar con la Iglesia en su tarea educativa y catequética. Estos programas y actividades forman parte de la misión que la Santa Sede ha confiado de modo explícito al Opus Dei, y son conocidas y aprobadas por la Jerarquía de la Iglesia, en todas las diócesis donde trabaja apostólicamente la Prelatura.
§ En la gran mayoría de los casos, estos programas formativos han sido solicitados explícitamente por padres de familia —algunos miembros del Opus Dei, otros amigos y colaboradores—, para sus hijos y los hijos de matrimonios amigos. En cualquier caso, los menores de edad no pueden asistir a estos programas sin el consentimiento de sus padres.
§ Son muchos miles de personas, de todas las edades, las que participan en las actividades apostólicas del Opus Dei. De ese gran número, algunos —un pequeño porcentaje—, llegan a descubrir que Dios les llama a servir a la Iglesia y a buscar su propia santidad a través de la vocación al Opus Dei. Pero también muchas otras personas descubren a través de esas actividades que tienen vocación al sacerdocio o a la vida religiosa. Y una inmensa mayoría simplemente profundizan en sus convicciones cristianas, que les serán útiles toda la vida. Como en cualquier otro camino de dedicación plena al servicio de la Iglesia, la vocación al Opus Dei se basa en una decisión personal, a la que se llega con entera libertad.
§ En ninguna institución de la Iglesia al hecho de que cada uno descubra que tiene una vocación determinada se interpreta como un “reclutamiento” [sic]. Se trata de una decisión muy importante, que requiere reflexión, oración, búsqueda de evidencias y una valoración prudente por parte de los implicados, incluyendo también, como es lógico, el juicio de los directores del Opus Dei. Las personas que expresan su deseo de incorporarse al Opus Dei tienen siempre la libertad de aconsejarse prudentemente con cualquier persona cualificada, incluidos sus padres, hermanos, familiares y amigos. Por otra parte, el largo proceso de incorporación al Opus Dei lleva consigo diversas decisiones, que todas las personas implicadas deben tomar cuidadosamente, para asegurar tanto como sea posible que el consentimiento del interesado es total, libre y profundo. No puede ser de otra manera, puesto que el compromiso con el Opus Dei, que se realiza en conciencia, significa necesariamente actualizarse de continuo, lo que exige un ejercicio constante y responsable de la libertad personal.

5. Incorporación, permanencia y salida del Opus Dei
Nadie puede incorporarse jurídicamente a la Prelatura hasta que ha cumplido al menos dieciocho años de edad, la mayoría de edad legal en casi todos los países. Lo cierto es que casi todas las personas que se incorporan al Opus Dei lo hacen después de haber cumplido los veinte o treinta años; y bastantes lo hacen aún más tarde.
No hay votos en el Opus Dei. El vínculo personal con el Opus Dei se realiza por medio de una declaración bilateral (la Prelatura y el interesado en presencia de dos testigos), en forma de contrato. Por esta declaración, la Prelatura se compromete a proporcionar al interesado su ayuda y orientación en los asuntos doctrinales, espirituales, ascéticos y apostólicos propios de la vocación al Opus Dei, y a cumplir las otras obligaciones que respecto a los fieles de la Prelatura se determinan en su derecho propio, como la atención pastoral por parte de los sacerdotes de la Prelatura (quedando siempre a salvo la libertad de los miembros para acudir a otros sacerdotes).
El fiel cristiano que desea incorporarse al Opus Dei —la otra parte del contrato— declara libremente que está decidido a buscar la santidad con la ayuda de Dios y a hacer apostolado de acuerdo con el espíritu del Opus Dei, y se compromete a permanecer bajo la jurisdicción del Prelado y de aquellos que le ayudan en el gobierno de la Prelatura, en aquellos asuntos que afectan al ámbito propio de su compromiso (no en otros ámbitos, como puedan ser los políticos, profesionales, culturales, sociales, etc.). El contrato dura un máximo de doce meses, hasta que es renovado (renovación que se realiza, como hemos dicho, en conciencia y sin testigos, durante al menos cinco años consecutivos). La incorporación al Opus Dei sólo podrá hacerse para toda la vida tras un mínimo de cinco años de renovación del contrato temporal. Este tipo de contrato fue autorizado explícitamente por el Vaticano por medio del decreto Prelaturæ personales, de la Sagrada Congregación de los Obispos (1982).
Antes de esa incorporación jurídica, los pasos previos siguen el itinerario siguiente:
§ Una persona que ha pedido formalmente ser admitida en la Prelatura, debe esperar como mínimo un período de seis meses antes de que se le conteste afirmativa o negativamente. Durante ese tiempo de espera, se le explican detalladamente los aspectos espirituales y prácticos del Opus Dei.
§ Al finalizar ese plazo, si continúa deseándolo y se cree que tiene realmente vocación, esa persona es admitida. A lo largo de los siguientes doce meses (como mínimo), se le explican de nuevo todos los aspectos que deberá vivir a lo largo de su vida, y se da respuesta a todos sus interrogantes. En todo este tiempo, a pesar de haber solicitado formalmente la admisión y de habérsele concedido, la persona interesada no está todavía incorporada jurídicamente a la Prelatura. Sólo al concluir este período (es decir, cuando ha transcurrido ya un año y medio tras haber solicitado la admisión), la persona interesada y los directores del Opus Dei pueden decidir de común acuerdo establecer el mencionado compromiso contractual, por un máximo de un año. Naturalmente han de juzgar en conciencia, en cada etapa, que se trata de una llamada de Dios para aquella persona concreta, dentro de las limitaciones que tienen los hombres para juzgar sobre estas cuestiones de conciencia. Finalmente, antes de realizar el compromiso contractual, debe verificarse explícitamente que la persona interesada: a) entiende plenamente los compromisos que va a adquirir, y b) celebrará ese contrato libremente.
§ A continuación, como se ha dicho, en los siguientes cinco años (como mínimo) cada miembro debe renovar voluntariamente su compromiso contractual para continuar en la Prelatura. Si no hace esta renovación, automáticamente deja de pertenecer al Opus Dei.
§ Después de este período inicial mínimo de cinco años (por tanto, a la edad de 23 años, al menos), cada miembro puede realizar si lo desea el compromiso contractual para toda la vida, si están también de acuerdo en ello los directores del Opus Dei. De todos modos, a partir de ese momento, si alguien no se siente con fuerzas y no desea continuar, debe decirlo, y el Opus Dei siempre permite la suspensión del contrato. Naturalmente, las autoridades de la Prelatura, ante una situación de este estilo, sugerirán a esa persona que reflexione, igual que lo hizo antes de incorporarse, y que haga oración personal sobre esa cuestión, pero al final la decisión es responsabilidad del interesado. El Opus Dei respeta siempre la libertad de cada uno. Como es obvio, no es posible llevar a cabo una misión apostólica con personas que no estén satisfechas o se sientan infelices, porque así no pueden servir espiritualmente a sus semejantes. En casos como éste, lo mejor para la persona será su salida de la Prelatura.
§ Por otra parte, también debe señalarse que, a lo largo del proceso de incorporación jurídica al Opus Dei que se ha descrito, los miembros del Opus Dei no abandonan sus ocupaciones habituales. Continúan realizando su trabajo habitual (en el caso de los jóvenes, sus estudios) y relacionándose con sus colegas, y están sujetos, por tanto, a todas las influencias de la sociedad.
§ Es importante hacer notar que cada aspecto del espíritu del Opus Dei y de su vida apostólica (no solamente el proceso de incorporación) debe ser asumido libre y responsablemente por cada miembro. Cada persona busca personalmente, la santidad, y se empeña personalmente, en hacer apostolado, porque libremente lo desea, ya que libremente ha escogido hacerlo así cada día de su vida. La dedicación voluntaria es siempre necesaria, para sacar el rendimiento oportuno de los talentos personales y de los sucesos de la vida ordinaria, en el servicio de Dios y de la Iglesia. Por tanto, cualquier forma de coacción o intimidación es absolutamente incompatible con la vida en la Prelatura, que respeta plenamente el fuero interno de la conciencia: sus miembros, que no conciben el ejercicio de sus deberes personales sin libertad, no lo tolerarían.

6. Otras cuestiones
§ El Opus Dei es una institución públicamente erigida por la Iglesia en su seno, y públicamente reconocida por distintas legislaciones civiles como parte integrante de la Iglesia católica. No es una organización secreta ni nada que se le parezca, como sugiere el autor. La Prelatura está incluida en el Annuario Pontificio de la Santa Sede y en el Directorio Católico Nacional (en los EE UU) como también en los directorios diocesanos y, en cada país, en los boletines y prontuarios editados por las Conferencias Episcopales. También aparece en las guías telefónicas, y tiene oficinas de información pública en todos los países, para responder a inquietudes y proveer de información a quien esté interesado, incluidos periodistas y otros profesionales de la comunicación .
§ La misión apostólica que la Santa Sede ha confiado a la Prelatura afecta esencialmente a la formación de la conciencia: se trata pues de un labor espiritual de carácter personal. Quien libremente la acoge la aplica, también libremente, a sus circunstancias personales, y actúa en consecuencia. Por consiguiente, el Opus Dei está obligado a respetar de un modo confidencial el derecho a la privacidad de las personas a las que ayuda en estos aspectos. De la misma manera que cualquier persona que conoce datos privados por su oficio o trabajo profesional sabe que debe guardar discreción sobre esos asuntos, los fieles del Opus Dei que atienden a los otros medios respetan la privacidad de sus miembros y de las demás personas que participan de las actividades que organiza.
§ En el artículo 89 de los Estatutos del Opus Dei (1982), se prohibe explícitamente el secreto o cualquier otra forma de actividad clandestina.
§ El Opus Dei se rige por las leyes eclesiásticas que se refieren a las Prelaturas personales, y por sus Estatutos propios, sancionados por la Santa Sede en noviembre de 1982. Hace ya años que se publicaron los Estatutos, como anexos documentales de diversas obras: El itinerario jurídico del Opus Dei, de A. Fuenmayor y otros (1989) y El Opus Dei en la Iglesia, de P. Rodríguez y otros (1993). Cualquiera que desee leer los Estatutos puede hacerlo en esos libros, acudiendo a una librería.
§ Antes de 1982, el Opus Dei se regía jurídicamente por la legislación eclesiástica correspondiente a los Institutos seculares, una institución de derecho quasi religioso que requería votos a sus miembros. Como tal Instituto secular de derecho, se regía por una Constitución, sancionada en 1950. Ahora bien, el Opus Dei, de hecho, no fue nunca un Instituto secular ni en su carisma fundacional, ni en su espíritu, ni en su devenir diario, como ha reconocido la Santa Sede, que siempre respetó sus características laicales específicas. La configuración como prelatura personal no fue posible, sin embargo, hasta las reformas canónicas adoptadas en el Concilio Vaticano II.
§ Como se ha dicho ya, los fieles de la Prelatura pueden libremente dejar el Opus Dei en cualquier momento y por cualquier motivo. A lo largo de los años un cierto número de personas lo ha hecho, en la mayoría de los casos porque han juzgado que el Opus Dei no era realmente su vocación. Casi siempre este paso se ha realizado de un modo amigable. La gran mayoría de esos ex miembros, de hecho, han continuado como cooperadores del Opus Dei y han querido que sus hijos reciban formación espiritual de personas de la Prelatura. Muchos colaboran activamente en patronatos, colegios, clubs, residencias universitarios y otros trabajos apostólicos emprendidos por el Opus Dei.
§ Desafortunadamente, una pequeña minoría, por determinadas razones personales, mantienen una personal hostilidad hacia el Opus Dei, una hostilidad que, desde luego, no es recíproca por parte de la Prelatura. Esta actitud, insistimos, no es típica de los ex miembros: la inmensa mayoría de ellos niegan y repudian la actitud de estas otras personas.
§ Cualquier institución, tanto en la Iglesia como en la sociedad civil, puede experimentar dificultades con casos aislados de ex asociados, ex miembros, ex empleados, etc. Se trata de divergencias personales, con base real o imaginaria, que más tarde, si son personas imparciales, casi siempre saben situar en una dimensión adecuada y en su contexto real, tras un examen objetivo de los motivos de su disgusto.
§ En cualquier caso, a las personas del Opus Dei, naturalmente, les duele la falsa impresión que esas acusaciones aisladas causan, por mucho que sean infundadas. El Opus Dei reza por esos ex miembros y por la paz de su espíritu.
§ No debe extrañarnos que hechos de esta clase se produzcan en el devenir de la Iglesia. Muchas de sus instituciones han sido en sus inicios calumniadas y tachadas de “sectas” o de “herejías”: les ha sucedido a los Benedictinos, Dominicos, Salesianos, Jesuitas… y más recientemente, a distintos movimientos católicos. La misma Iglesia fue tildada inicialmente de secta, como el Cardenal John Henry Newman recuerda en su célebre Ensayo sobre el Desarrollo de la Doctrina Cristiana, al describir cómo percibían la Iglesia del período de Nicea (s.IV) sus contemporáneos.

II. Algunos errores e inexactitudes

1. Un equivocado “argumento de autoridad”
En la pág. 1 de la Parents’ Guide to Opus Dei, el autor afirma que se basa, para sus acusaciones, en un documento oficial de la Santa Sede que proporciona lo que él llama “características de las sectas destructivas, específicamente sus procedimientos de reclutamiento, entrenamiento e indoctrinación”. Este documento vaticano, titulado “Desafíos pastorales / Sectas y nuevos movimientos religiosos”, fue publicado por la Santa Sede en mayo de 1986, y es reproducido íntegramente en las págs. 51-73 de la versión castellana de la Parents’ Guide. En ese documento se señalan una serie de características de las llamadas “sectas”; el autor considera que todas esas características podrían aplicarse al Opus Dei (págs. 12-28). Toda la primera parte de la Parents’ Guide está dedicada a este fin.
Sin embargo, esta autorizada posición de la Jerarquía eclesiástica sobre las sectas no es aplicable, bajo ningún aspecto, a la naturaleza, medios y actividades de la Prelatura del Opus Dei: cuando se lee este documento del Vaticano sin dejarse llevar por las manipulaciones de la Parents’ Guide, se ve con claridad que, desde sus primeros párrafos, se refiere exclusivamente a movimientos ajenos a la Iglesia Católica. Desde luego, es obvio que el Vaticano no ha pretendido en ningún caso incluir a ninguna institución católica en su análisis. La Santa Sede conoce perfectamente todos los aspectos de las actividades del Opus Dei y ha concedido en su momento todas las aprobaciones y autorizaciones para la realización de sus apostolados. Establecer cualquier relación entre el Opus Dei y el documento del Vaticano sobre las llamadas “sectas”, por tanto, obedece sólo a una decisión gratuita del autor de la Parents’ Guide.
En segundo lugar, el autor imputa al Opus Dei una pretendida praxis fraudulenta y engañosa para “captar adeptos”. Pero si los fieles del Opus Dei, que viven y trabajan en la sociedad junto con sus semejantes, detectaran esas prácticas en las actividades del Opus Dei o en sus declaraciones públicas, se marcharían inmediatamente. Por el contrario, es conocido que algunos fieles de la Prelatura tienen profesiones públicas: abogados, médicos, enfermeros, psicólogos, psiquiatras, jueces, autoridades locales y nacionales… No se ve de qué manera todos estos profesionales podrían desconocer la verdad acerca de la Prelatura, o conocerla y no denunciarla. Saben perfectamente lo que dice el Opus Dei, las actividades que realiza, y dan fe de que en todas sus actuaciones trabaja completamente de acuerdo con las leyes, y con un profundo sentido ético.
En tercer lugar, si el documento del Vaticano describe grosso modo distintas conductas antiéticas de las denominadas “sectas”, como el llamado “lavado de cerebro” (basado en la privación de alimentos o de sueño de los adeptos, entre otras aberraciones), las mentiras deliberadas, las detenciones por la fuerza, el adoctrinamiento herético, y otras transgresiones de distintos derechos individuales, religiosos y civiles, ninguna de estas actuaciones puede aplicarse al Opus Dei, ni cualquier otra que lejanamente se les parezca. Sin embargo, el autor lo afirma usando falsos testimonios y tergiversaciones. Cualquiera que conozca a miembros del Opus Dei es capaz de verificar que sus características psicológicas no tienen nada que ver con el tipo de personas que, según el mismo documento del Vaticano, son normalmente captadas por las llamadas “sectas” (págs. 55-56 de la Parents’ Guide).
La única parte de ese documento de la Santa Sede que tiene alguna relación con el Opus Dei se encuentra en la conclusión (págs. 71-73), cuando la Santa Sede hace un llamamiento a la reevangelización en todos los niveles sociales. Esta es, de hecho, la misión del Opus Dei en la Iglesia, una misión explícitamente dada por la misma Santa Sede.

2. Una documentación errónea
En la pág. 13, el autor indica que “los artículos 190 y 191 de las Constituciones [sic] del Opus Dei, requieren que los socios no revelen su pertenencia, ni la de otros, a extraños”. Una supuesta traducción de estos artículos aparece en el pie de esa misma página. Se trata, sin embargo, de una grave tergiversación.
En efecto, la transcripción de estos artículos al inglés fue tomada de una publicación no oficial castellana, que supuestamente se había traducido del original que estaba en latín. Al margen de que el texto real de la Constitución de 1950 era un documento oficial de la Santa Sede, no un documento “secreto” del Opus Dei, que, por otra parte, dejó de estar vigente hace ya muchos años, esos artículos 190 y 191 se referían al exclusivo derecho de cada miembro —derivado de su derecho a la privacidad que tienen todas las personas—, de hablar de su pertenencia a la Obra según su personal criterio .
En resumen, lo que el autor presenta ahora como una revelación es una reconstrucción tergiversada y probablemnte malévola, pasando por tres idiomas, de un antiguo documento de la Santa Sede relativo al Opus Dei. En cualquier caso, como se ha dicho ya, ese documento de 1950 fue enteramente reemplazado por los Estatutos de la Prelatura de 1982, y no tiene sentido referirse como algo actual a una Constitución derogada. Además, como se ha dicho, el artículo 89 de los Estatutos reales, y actuales, del Opus Dei, prohibe explícitamente el secreto o cualquier otra forma de comportamiento clandestino.
Además, es obvio para cualquiera que conoce a fieles del Opus Dei, que hablan libremente con quien quieren de su pertenencia a la Prelatura. Y que el Opus Dei ofrece datos acerca de sus fieles y sobre sus centros.

3. Un ejemplo fabricado
En la pág. 14, el autor presenta lo que llama “un pequeño ejemplo” de la supuesta praxis engañosa del Opus Dei. Dice que Mr. Russell Shaw, autor de diversos estudios sobre el Opus Dei en EE UU, no se identificaba como miembro del Opus Dei en un artículo concreto que escribió en 1987 sobre Mons. Escrivá de Balaguer, el fundador del Opus Dei.
Sobre este “pequeño ejemplo” conviene aclarar, en primer lugar, que Mr. Shaw ha hablado siempre abiertamente de su pertenencia al Opus Dei con las personas que le conocen, y nunca ha hecho un secreto de su pertenencia a la Prelatura, como tampoco lo ha hecho de diferentes aspectos de su carrera profesional. Precisamente por ello el autor de la Parents’ Guide sabe con certeza que él pertenece al Opus Dei. Pero además, no es razonable que el autor afirme que Mr. Shaw está obligado a revelar su pertenencia al Opus Dei siempre que firme un artículo. Cualquier persona normal reconocerá que nadie tiene tal obligación.

4. Identificación de centros y actividades
Es sencillamente falso lo que el autor asegura en la pág. 14: que “los colegios del Opus Dei, escuelas de hostelería, clubes…” y otra serie de entidades, son “raramente identificados abiertamente con el Opus Dei”.
Por el contrario, todas las instituciones educativas y asistenciales vinculadas con el Opus Dei lo hacen notar en sus publicaciones promocionales y explicativas: es otro hecho fácilmente comprobable. Además, todas estas actividades han sido creadas por motivos apostólicos —un servicio humano y de evangelización plenamente autorizado y aprobado por la Santa Sede—, por lo que resultaría ridículo tratar de esconder su relación con el Opus Dei.

5. Actividades para jóvenes
El propósito del apostolado del Opus Dei con la juventud es ayudar a los jóvenes a amar a Dios y a servir a la Iglesia a través del cumplimiento fiel de sus responsabilidades en la sociedad. Este apostolado específico ha sido alabado por la Santa Sede en varios documentos oficiales. Por el contrario, en las págs. 14-16, el autor hace una serie de acusaciones denigratorias sobre el trabajo del Opus Dei con la juventud. Todas son absolutamente falsas y engañosas.
Es un hecho que sólo un pequeño porcentaje de las personas jóvenes que participan en las actividades apostólicas organizadas por el Opus Dei, llegan a incorporarse más adelante a la Prelatura. La gran mayoría seguirán siendo amigos de los miembros del Opus Dei a los que han conocido y con frecuencia mantendrán esa amistad durante toda su vida. Muchos de ellos alientan pasado el tiempo a sus propios hijos a que participen en esas mismas o parecidas actividades apostólicas y de formación espiritual para jóvenes, para que les aprovechen como a ellos les ayudaron en su juventud. Algunos de estos jóvenes llegan a descubrir que tienen vocación a la vida religiosa, o al sacerdocio. Son muchísimos los testimonios personales que avalan esta experiencia.
Las acusaciones del autor de la Parents’ Guide, especialmente insidiosas en este punto, utilizan medias verdades, citas parciales, testimonios contrapuestos. Según él, no hay posibilidad alguna de que las personas que frecuentan los centros juveniles del Opus Dei actúen de buena fe, sean naturalmente alegres y pasen inocentemente la tarde con sus amigos, en la calle, en el cine… o en un centro del Opus Dei. Toda su actuación debe verse bajo el prisma sospechoso de lo que el autor, con terminología sectaria, llama “un bombardeo de amor”, “tertulias orquestadas para los visitantes”, una “atmósfera cuidadosamente preparada [que] proporciona a los socios una oportunidad para conversar con los posibles reclutas [sic], quienes ignoran que están siendo seleccionados”, siempre “cuidadosamente organizados con un plan oculto” (págs. 14-15). Con esa actitud de sospecha el autor condenaría sin duda cualquier ambiente juvenil de chicos o chicas. Son miles los jóvenes que han participado en estas actividades y que de ningún modo están de acuerdo con esas afirmaciones, porque son sencillamente falsas .

6. Finanzas
Resulta ridículo (estamos hablando de laicos que viven en medio del mundo) lo que el autor asegura en la pág. 18: que “la distribución del dinero” y “los gastos médicos y dentales” constituyen un mecanismo de “control” ejercido por los directores sobre los miembros del Opus Dei.
Los numerarios y agregados del Opus Dei ponen generosamente a disposición de las necesidades de la Prelatura y de sus iniciativas apostólicas los resultados que obtienen de su trabajo, una vez han cubiertas sus necesidades y la de sus padres o hermanos cuando dependen de ellos. Desde luego, como ocurre en todas las familias, con ayuda también de las prestaciones públicas de ninguna manera quedan con ello privados en ninguna necesidad económica futura que requieran, y mucho menos si se trata de un gasto médico. A la condición plenamente secular de los fieles del Opus Dei corresponde una verdadera y propia mentalidad laical que les lleva a no distinguirse de sus colegas del mismo nivel social y a actuar con naturalidad, aunque procuren estar plenamente desprendidos de todos los bienes que usan.
Por lo que se refiere a la cuestión médica, el Opus Dei urge activamente a los fieles de la Prelatura a que cuiden su salud física: y, concretamente en el caso de los Numerarios y Agregados, no se ahorran gastos para conseguirlo. Se insta a todos a que acudan a un chequeo médico anual, a hacer ejercicio físico regularmente, como también a tener una dieta equilibrada, y a cuidar las horas dedicadas al sueño y los días y temporadas de descanso. Cuando es necesario, desde luego, reciben la atención médica inmediata que requieran, sin importar el costo. Todo esto es fácil de probar.
Por tanto, la manera de actuar del Opus Dei en éste y en los demás terrenos contrasta también frontalmente con las técnicas de las organizaciones sectarias que describe el documento del Vaticano: privación del sueño y de la comida, trabajo excesivo, presión psicológica, etc. Ninguna de estas aberraciones se dan, por supuesto, en la Prelatura.

7. Consentimiento personal
En la pág. 19, el autor afirma que “para tener mérito, la obediencia cristiana debe ser consciente, humilde, un acto responsable de la voluntad informada”. En este caso, su descripción coincide exactamente con la manera de vivir la obediencia los fieles de la Prelatura.
En la misma página el autor alega que “el canon 630 del Codex Iuris Canonici expresamente prohibe que cualquier persona que no sea un sacerdote, ni siquiera los superiores religiosos, puedan inmiscuirse en asuntos de conciencia…”. Esa frase no se encuentra en el actual Código de Derecho Canónico, ni en el canon mencionado ni en ningún otro. El autor, que escribe en 1989, debe referirse seguramente al antiguo Código, promulgado en 1917 y abrogado en 1983. Pero tampoco recoge íntegramente la cita de ese antiguo Código (se refiere al canon 530, y no 630, del CIC de 1917) y, curiosamente, “olvida” además la continuación de ese antiguo canon 530. Decía así: “Pero a los súbditos no se les prohibe que puedan, libre y espontáneamente abrir su alma a los superiores; más aún conviene que acudan a ellos con filial confianza, manifestándoles, si son sacerdotes, las dudas y congojas de su conciencia”. Es decir, “a los súbditos no se les prohibe […] abrir su alma a los superiores”, y sólo se hacía referencia a los sacerdotes cuando se trataba de hablar de “las dudas y congojas de su conciencia”. Además, ese canon en concreto fue derogado no ya en 1983, con el conjunto del antiguo Código, sino en 1970, con el Decreto Dum canonicarum legum (8/12/1970): ese decreto alegaba precisamente que había que dar una mayor libertad a los miembros de los institutos religiosos y seculares .
Por tanto, el autor no sólo ha interpretado mal este antiguo canon, sino que ha omitido —no sabemos si conscientemente— esa referencia explícita a la libertad personal de hablar de asuntos espirituales con cualquier persona cualificada para este fin.
Debería ser obvio para todos, por otra parte, que la Santa Sede, al aprobar explícitamente el modo en que el Opus Dei imparte la dirección espiritual a los fieles de la Prelatura, no autorizaría violaciones flagrantes al Derecho Canónico de la Iglesia. Las afirmaciones del autor en este punto, una vez más, no responden a la realidad.

8. Educación en la fe y en la piedad
A propósito del gran número de afirmaciones falsas que se hacen en las págs. 19-25 en relación con la educación cristiana que reciben los fieles del Opus Dei y sobre las prácticas de piedad que procuran vivir, nos parece importante aclarar que:
§ Toda la instrucción doctrinal está en estricta conformidad con el Magisterio de la Iglesia, y el Opus Dei usa textos y libros editados con aprobación eclesiástica, los mismos que utilizan otras instituciones de la Iglesia. No existe, por tanto, una “apariencia de instrucción católica” (págs. 19-20). Cuando se enseñan detalles del espíritu del Opus Dei nunca se pretende afirmar que es “la única versión correcta del catolicismo” (pág. 20). Tanto las clases de doctrina católica que se imparten en el Opus Dei como las sesiones sobre la práctica de la vida cristiana forman parte, de hecho, de la misión apostólica confiada por la Santa Sede.
§ La gran mayoría de las personas que buscan un asesoramiento religioso, individual o colectivo, de parte del Opus Dei son estudiantes universitarios o adultos, todos ellos mayores de edad, y en cualquier caso todos lo hacen por su propia voluntad. Hay también adolescentes, ciertamente, que solicitan también voluntariamente esa atención espiritual, y el Opus Dei, como cualquier otra institución de la Iglesia, les presta gustosamente ese servicio, al que tienen perfecto derecho. Por lo tanto, el segundo párrafo de la pág. 20 (“Desde el principio se separa a los reclutados [sic] de sus familias y se les inserta en grupos homogéneos…”) presenta una grosera caricatura de la formación que se da en el Opus Dei. Desde luego, entre los que el autor llama despectivamente “reclutados”, no hay “niños de escuela primaria”.
§ Es absolutamente falso, además de ridículo, lo que se afirma en la misma pág. 20: que el “plan de vida” (es decir, el sencillo horario personal de cada uno, que incluye algunas costumbres piadosas: Eucaristía, rosario, oración, actos de devoción tradicionales en la Iglesia) “nunca se comparte con los padres o con sacerdotes confesores de fuera”. En realidad, un gran número de padres animan a sus hijos e hijas a practicar esas devociones y a participar en las que son colectivas, como parte de la formación y desarrollo de su vida cristiana, y una inmensa mayoría de las familias expresan su gratitud al Opus Dei por la gran ayuda que reciben sus hijos en estos aspectos.
§ Hay, por otra parte, una gran cantidad de personas que reciben este impulso de vida cristiana en centros del Opus Dei pero que prefieren recibir el sacramento de la reconciliación de sacerdotes que no son de la Prelatura, por tradición familiar, por la lógica confianza que tienen con su párroco o con otros sacerdotes; o por los motivos que sean. La Prelatura no hace nada, por supuesto, para cambiar esas costumbres. Y, paralelamente, un gran número de párrocos, en todo el mundo, han remitido estudiantes y profesionales a los centros de la Prelatura para que se les diera orientación espiritual por parte de sacerdotes del Opus Dei —como en otros casos los orientarán hacia el seminario, o hacia algún instituto religioso—, al advertir en el interesado posibles condiciones para poder vivir una vocación cristiana en medio del mundo.
§ La cita núm. 34 (pág. 22) formula una gravísima acusación: la de que los sacerdotes del Opus Dei violan el secreto de confesión. Esta grotesca y calumniosa afirmación se ampara supuestamente en “un testimonio frecuente de ex socios”, de los cuales no se nombra a ninguno. Una acusación de esta clase, de ser cierta, supondría una gravísima violación de la moral cristiana y de las leyes canónicas, obligaría a hacer una denuncia formal ante las autoridades correspondientes de la Iglesia, y desde luego requeriría pruebas: personas concretas y testigos que se hagan responsables de sus afirmaciones. El autor, sin embargo, formula esta insólita acusación de un modo totalmente irresponsable, con la excusa del anonimato de los supuestos denunciantes, recurso siempre injusto e irresponsable sea cual sea el objeto de la acusación.

9. Plena libertad intelectual
A propósito de las falsas acusaciones y sospechas que se formulan a partir de la pág. 23 en relación con la libertad intelectual o de acción de los fieles del Opus Dei, debemos decir lo siguiente:
§ Los miembros del Opus Dei son libres para leer cualquier libro, revista o publicación, y no hay ningún tipo de censura. Lógicamente, en el marco de la orientación espiritual, se advertirá a las personas que lo solicitan (no sólo a los fieles del Opus Dei) de lo que constituye un principio general de la moral cristiana: que hay que ser prudentes en relación con el contenido moral de las publicaciones que cada uno decide leer.
§ De la misma forma, el Opus Dei no interfiere las relaciones de sus miembros con las familias y amigos, con quienes se comunican como las demás personas: por teléfono, por carta, personalmente… Los numerarios del Opus Dei participan con normalidad en las actividades familiares, contrariamente a lo que sostiene el autor en la pág. 25. Ahora bien, como sus padres y hermanos, son personas normales y a menudo se encuentran ocupadas —como todo el mundo—, o viven en ciudades o países distintos, y no les es posible en algunos casos que las visitas sean tan frecuentes como desearían. Esta realidad responde a una ley de vida, común a muchas otras familias, y no puede interpretarse en ningún caso como un rompimiento deliberado con los padres ni como una falta de comunicación.
§ En la pág. 27 se llega a asegurar que “los más jóvenes están obligados a enviar a sus casas todas las fotografías de ellos mismos con sus familias de sangre”. Esto es enteramente falso. El Opus Dei nunca ha dado indicaciones en este sentido, y los fieles de la Prelatura —es lo más común, aunque cada uno hace, en este punto y en tantos otros, lo que le parece oportuno— suelen conservar sus recuerdos familiares con cariño y devoción filial.
§ Como se ha dicho ya anteriormente, los miembros del Opus Dei no se “aíslan” de la sociedad (pág. 20). Lo normal es que, como cualquier otro ciudadano, trabajen o estudien a tiempo completo y tengan ocupaciones diversas. Los numerarios entran y salen de sus lugares de residencia y de trabajo con la misma frecuencia y con la misma libertad que cualquier otra persona de su misma edad y circunstancias laborales. Lejos de estar “aislados”, trabajan y se relacionan con sus colegas y amigos del mismo modo que otras personas, de las que no se distinguen tampoco en este aspecto.
§ Sin que se acompañe de hechos concretos o de testimonios que lo prueben, en la pág. 22, el autor hace otra grave y peligrosa acusación: la de que “se puede ejercer una gran presión psicológica” sobre los fieles del Opus Dei. No aclara, tampoco, en qué consiste esta supuesta “presión psicológica”, ni menciona ningún ejemplo de este tipo de actividades ilegales.
§ En la pág. 37, el autor llega a acusar al Opus Dei de inducir “a los jóvenes a dar falso testimonio a los padres y a la familia” y de “violar el Octavo Mandamiento”. Esta acusación también es absolutamente falsa. Nunca se han dado tales consejos.

10. Declaración de intenciones
En la pág. 29 el autor mantiene de modo sorprendente que “a pesar de que los socios del Opus Dei sí muestran [actitudes sectarias], NO caracterizamos a esta institución como una secta o un culto”. Se trata, evidentemente, de una declaración vacía, porque ¿cuál es la finalidad casi exclusiva de la Parents’ Guide, sino intentar probar esa acusación… que el autor asegura no formular? De hecho al menos una vez lo afirma de modo explícito; por ejemplo, en la pág. 49 dice textualmente: “Una secta que se llama OPUS DEI (la Obra de Dios) ha surgido con alguna prominencia e influencia…”.
En cambio, cuando el autor afirma que “dejamos esta evaluación [la de si el Opus Dei es o no una secta] a las autoridades competentes de la Iglesia” (pág. 29), esconde un dato fundamental: la absoluta confianza de la Iglesia en el Opus Dei, manifestada (entre otros muchos gestos públicos que también hemos reseñado) de modo solemne con la erección del Opus Dei en Prelatura personal, con la Constitución apostólica Ut Sit, del 28 de noviembre de 1982.
En las págs. 33 y 34 el autor critica lo que llama “respuestas estereotipadas de los voceros” del Opus Dei, es decir, “las respuestas del Opus Dei a las críticas publicadas”. A este respecto:
§ Nadie, por supuesto, está obligado a apreciar o a valorar positivamente lo que hace el Opus Dei. Los católicos, como todos los ciudadanos, tienen derecho a mantener libremente sus opiniones personales, y a expresarlas abiertamente. El Opus Dei no rechaza las críticas justas y constructivas. Pero no es ese el tipo de crítica que presenta la Parents’ Guide. El autor ha escogido el camino de presentar una imagen seriamente distorsionada del Opus Dei, para atacar a continuación ese espejismo que él mismo ha creado. Se trata de un ataque generalizado —con graves acusaciones, como violación de derechos básicos, conductas ilegales y engaños deliberados— que va más allá de la crítica razonable y justa. La Prelatura, ante una situación tan injusta, tiene pleno derecho de defenderse, a sí misma y a sus fieles. Tiene no sólo todo el derecho, sino también la obligación de hacerlo.
§ Como muchas otras instituciones de la Iglesia en sus etapas iniciales, el Opus Dei ha sido con cierta frecuencia objeto de esta clase de falsedades. Y en este contexto, la Prelatura ha respondido a veces utilizando algunos de los argumentos que se mencionan en las págs. 33-34. Teniendo en cuenta los graves ataques formulados contra su honradez e integridad, las respuestas firmes de la Prelatura son razonables. Se trata de defender el buen nombre de una institución, aunque sea repitiendo (en muchos casos no queda otro remedio) que tal acusación es una falsedad, y no como pretende el autor, con “respuestas estereotipadas”. Desde luego, eso sí, el Opus Dei apela a la autoridad de la Iglesia, sin condiciones ni prejuicios.

III. DOCUMENTACION
Constitución apostólica Ut Sit, de Juan Pablo II, que erigió al Opus Dei como Prelatura personal

JUAN PABLO OBISPO

SIERVO DE LOS SIERVOS DE DIOS
PARA PERPETUA MEMORIA

Con grandísima esperanza, la Iglesia dirige sus cuidados maternales y su atención al Opus Dei, que —por inspiración divina— el Siervo de Dios Josemaría Escrivá de Balaguer fundó en Madrid el 2 de octubre de 1928, con el fin de que siempre sea un instrumento apto y eficaz de la misión salvífica que la Iglesia lleva a cabo para la vida del mundo.

Desde sus comienzos, en efecto, esta Institución se ha esforzado, no sólo en iluminar con luces nuevas la misión de los laicos en la Iglesia y en la sociedad humana, sino también en ponerla por obra; se ha esforzado igualmente en llevar a la práctica la doctrina de la llamada universal a la santidad, y en promover entre todas las clases sociales la santificación del trabajo profesional y por medio del trabajo profesional. Además, mediante la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz, ha procurado ayudar a los sacerdotes diocesanos a vivir la misma doctrina, en el ejercicio de su sagrado ministerio.

Habiendo crecido el Opus Dei, con la ayuda de la gracia divina, hasta el punto de que se ha difundido y trabaja en gran número de diócesis de todo el mundo, como un organismo apostólico compuesto de sacerdotes y de laicos, tanto hombres como mujeres, que es al mismo tiempo orgánico e indiviso —es decir, como una institución dotada de una unidad de espíritu, de fin, de régimen y de formación—, se ha hecho necesario conferirle una configuración jurídica adecuada a sus características peculiares. Fue el mismo Fundador del Opus Dei, en el año 1962, quien pidió a la Santa Sede, con humilde y confiada súplica, que teniendo presente la naturaleza teológico y genuina de la Institución, y con vistas a su mayor eficacia apostólica, le fuese concedida una configuración eclesial apropiada.

Desde que el Concilio Ecuménico Vaticano 11 introdujo en el ordenamiento de la Iglesia, por medio del Decreto Presbyterorum Ordinis, n. 10 —hecho ejecutivo mediante el Motu propio Ecclesiae Sanctae, l, n. 4 la figura de las Prelaturas personales para la realización de peculiares tareas pastorales, se vio con claridad que tal figura jurídica se adaptaba perfectamente al Opus Dei. Por eso, en el año 1969, Nuestro Predecesor Pablo VI, de gratísima memoria, acogiendo benignamente la petición del Siervo de Dios Josemaría Escrivá de Balaguer, le autorizó para convocar un Congreso General especial que, bajo su dirección, se ocupase de iniciar el estudio para una transformación del Opus Dei, de acuerdo con su naturaleza y con las normas del Concilio Vaticano II.

Nos mismo ordenamos expresamente que se prosiguiera tal estudio, y en el año 1979 dimos mandato a la Sagrada Congregación para los Obispos, a la que por su naturaleza competía el asunto, para que, después de haber considerado atentamente todos los datos, tanto de derecho como de hecho, sometiera a examen la petición formal que había sido presentada por el Opus Dei. Cumpliendo el encargo recibido, la Sagrada Congregación examinó cuidadosamente la cuestión que le había sido encomendada, y lo hizo tomando en consideración tanto el aspecto histórico, como el jurídico y el pastoral. De tal modo, quedando plenamente excluida cualquier duda acerca del fundamento, la posibilidad y el modo concreto de acceder a la petición, se puso plenamente de manifiesto la oportunidad y la utilidad de la deseada transformación del Opus Dei en Prelatura personal.

Por tanto, Nos, con la plenitud de Nuestra potestad apostólica, después de aceptar el parecer que Nos había dado Nuestro Venerable Hermano el Eminentísimo y Reverendísimo Cardenal Prefecto de la Sagrada Congregación para los Obispos, y supliendo, en la medida en que sea necesario, el consentimiento de quienes tengan o consideren tener algún interés propio en esta materia, mandamos y queremos que se lleve a la práctica cuanto sigue.

I

Queda erigido el Opus Dei como Prelatura personal de ámbito internacional, con el nombre de la Santa Cruz y Opus Dei o, en forma abreviada, Opus Dei. Queda erigida a la vez la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz, como Asociación de clérigos intrínsecamente unida a la Prelatura.

II

La Prelatura se rige por las normas del derecho general y de esta Constitución, así como por sus propios Estatutos, que reciben el nombre de “Código de derecho particular del Opus Dei”.

III

La jurisdicción de la Prelatura personal se extiende a los clérigos en ella incardinados, así como también —sólo en lo referente al cumplimiento de las obligaciones peculiares asumidas por el vínculo jurídico, mediante convención con la Prelatura— a los laicos que se dedican a las tareas apostólicas de la Prelatura: unos y otros, clérigos y laicos, dependen de la autoridad del Prelado para la realización de la tarea pastoral de la Prelatura. a tenor de lo establecido en el artículo precedente.

IV

El Ordinario propio de la Prelatura del Opus Dei es su Prelado, cuya elección, que ha de hacerse de acuerdo con lo que establece el derecho general y particular, ha de ser confirmada por el Romano Pontífice.

V

La Prelatura depende de la Sagrada Congregación para los Obispos y, según la materia de que se trate, gestionará los asuntos correspondientes ante los demás Dicasterios de la Curia Romana.

VI

Cada cinco años, el Prelado presentará al Romano Pontífice, a través de la Sagrada Congregación para los Obispos, un informe acerca de la situación de la Prelatura y del desarrollo de su trabajo apostólico.

VII

El Gobierno central de la Prelatura tiene su sede en Roma. Queda erigido, como iglesia prelaticia, el oratorio de Santa María de la Paz, que se encuentra en la sede central de la Prelatura.

(tomado de Opus Dei: verdades, críticas y secretos)

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Carajicomedia (Juan Goytisolo)

La novela presenta a Fray Bugeo Montesino, un fraile del siglo XVI, que se ha ido reencarnando a lo largo del tiempo. En la actualidad toma la forma del pére de Trennes, un sacerdote de la Obra, cuarentón, vestido de ejecutivo, políglota y traductor de Kavafis. Es nada menos que un sacerdote de rito oriental, que ha recibido el encargo papal de llevar a la Virgen de Fátima a Rusia. Realiza múltiples viajes: a la Cuba de Fidel, al Magreb, y vive entre París, Roma y Barcelona, donde conoce y trata al poeta Jaime Gil de Biedma y al propio Juan Goytisolo.

Con semejante planteamiento se comprende desde el principio el carácter de burla total de todo el texto. Sin un argumento definido y con varios narradores -lo que provoca la estupefacción del lector, que no sabe bien de quién se está hablando ni hacia dónde conduce la "historia"-, Goytisolo deja claro su propósito blasfemo y ridiculizante de la religión, del lenguaje ascético y del fundador de la Obra y de sus miembros. La perversión llega hasta el extremo de presentar al protagonista como feroz homosexual, que procura la "santidad" de sus víctimas mediante la seducción.

En el texto abundan las citas de puntos de Camino, alguna canción de Casa, otras citas fruto de calumnias a nuestro Padre. La tergiversación resulta de lo más repugnante: los consejos de nuestro Padre se interpretan en clave sexual. Cualquier palabra que signifique algún concepto básico de la fe cristiana -como "orar", "santidad", "preces", "imitación de Cristo"- tiene su correlato sexual. Ni siquiera en las pretendidas discusiones entre el pére de Trennes y sus interlocutores se logra superar ese nível argumentativo puramente animal: se suceden las aventuras homosexuales, las situaciones ridículas, con interpolaciones chuscas: una aparición de nuestro Padre en pleno centro de Madríd, una carta de rectificación de un miembro de la Obra, una discusión entre Marcelino Menéndez Pelayo y el escritor José María Blanco White…

El resultado es una novela sin pies ni cabeza, extrañamente aupada por el pretendido prestigio del autor, rechazable por completo, sin ningún valor literario, gratuitamente ofensiva por alguien que se declara devoto musulmán…

(tomado de Opus Dei: verdades, críticas y secretos)

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La verdadera historia del Opus Dei (Alvaro Baeza)

El libro es una sucesión de afirmaciones inconexas sobre los asuntos más variados no todos ellos relacionados con el Opus Dei , que se entremezclan sin orden ni concierto. Se presenta como una gran investigación, que ha merecido los elogios de altos personajes (aunque no se cite ningún nombre). Sus supuestos informantes son, asimismo, anónimos: personajes como "il sacristano"; un misterioso "Mr. Wintermaier", "segundo irreal apellido ilocalizable" (pág. 457) de un financiero ya fallecido; o un "monsegnore arcivescovo" (sic) de Roma. Se alude también al trabajo de su equipo de colaboradores igualmente anónimos en varios países.

A falta de otros nombres, el del autor (que se denomina ABL Editor o, simplemente, ABL) es mencionado en cientos de ocasiones a lo largo del libro: citas propias, referencias a sus otros libros (en la pág. 486, los recomienda con estas palabras: "nunca habrá leído cosa igual de tanto interés del bendito denaro argento sobre el cepillo del Vaticano"), o relatos irrelevantes sobre su propia persona (por ejemplo, dedica un párrafo en la pág. 407 a contar la compra de un nuevo programa de procesamiento de textos). Los apuntes autobiográficos no tienen nada que ver con la "trama" del libro. Entre otras cosas, narra que su infancia fue muy pobre. "Sin embargo añade en la pág. 451 , más tarde, por mi profesional trabajo, conocí los mejores hoteles del mundo, todos los aeropuertos y líneas aéreas; he calentado tanto asiento de avión, he estado en tantísimos hoteles distintos y he visitado la mayoría de las naciones, y para mi personal satisfacción hoy las conozco casi todas; pero sigo sin llevar nunca corbata (…)".

Más adelante, el autor que se manifiesta cristiano se describe del siguiente modo:
"Soy simplemente un pobre y humilde pecador que no tiene tiempo y momento ni siquiera para pecar, y, sobre todo, mis pobres bolsillos siguen, después de treinta años de durísimos trabajos a pleno rendimiento, completamente vacíos, sin ningún zurrón o cepillo y sigo sin ninguna corbata" (pág. 417).

El texto sólo alcanza cierta coherencia cuando cita otros libros. En ocasiones, menciona a la fuente; otras veces, copia páginas enteras, casi literalmente, sin entrecomillados ni referencias (por ejemplo, las páginas 205-230 coinciden con las páginas 374-392 de un libro reciente de J. Estruch).

El estilo es atropellado, lleno de incorrecciones gramaticales y faltas de ortografía. Las siguientes líneas transcritas literalmente son un ejemplo, entre otros muchos, del estilo del autor:
"Por fin el Opus Dei conseguía su ansiado sueño de poder ordenar sacerdotes seculares incardinados en las diócesis, pudiesen formar parte de la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz, intrínsecamente unida al Opus Dei; la Obra se había perfectamente incardinado entre la Obra el Opus y la Santa Cruz, en adelante serían ellos dueños de la situación de su propia entidad religiosa" (pág. 131).
Y en la página siguiente se aporta otra descripción no menos clara:
"El orden en el código de la prelatura actual vigente está establecida así: los fieles, sean hombres o mujeres, se llaman numerarios, agregados o supernumerarios; como agregados, y sin la categoría de fieles, la última reconversión del Opus Dei dio patente de corso a los asociados cooperadores, y desde luego la perfecta simbiosis de la estructura del orden establecido en perfecta aclaración de lo bien que está planificada la Obra (…)". La frase continúa en términos semejantes, durante siete líneas más, hasta el siguiente punto.

Las partes del texto que no están plagiadas de otros libros parecen escritas de forma precipitada, como a borbotones. En muchos casos, el autor vierte sobre el papel sus impresiones del momento, aunque no vengan a cuento. Así, se pueden leer referencias al levantamiento de Chiapas, comentarios sobre sucesos de corrupción política que han ocupado las páginas de la prensa española durante los últimos meses, etc. Otras veces, al autor relata la actividad que ha desarrollado durante el mes de abril de 1994 (es el periodo en el que ha redactado este libro), aunque este relato no se refiera en absoluto al Opus Dei.

Los textos copiados no han sido sometidos tampoco a una tarea de reflexión o de síntesis. De este modo, si las fuentes son coincidentes, se suceden las reiteraciones hasta límites insoportables. Cuando las fuentes no concuerdan, el autor no tiene inconveniente en recoger como propia una versión y, pocas páginas después, la contraria. Un ejemplo:
"Cuando acontece el triste fallecimiento de su madre, en Zaragoza, ningún familiar tuvo noticia por parte del mismo fundador en Madrid porque se encontraba en Lérida, según cuentan sus mejores biógrafos estaba de ejercicios espirituales, pero nadie dice si los daba él o los hacía, y esa situación es importante" (pág. 98).
"En 1941 muere su madre en Madrid, mientras se encontraba en Lérida" (pág. 128).

La precipitación que manifiestan estos ejemplos se muestra también en la gran cantidad de errores. Algunos se pueden atribuir a defectos de transcripción; otros, sin embargo, no admiten esa piadosa escusa y sólo se explican por una profunda ignorancia. Algunos ejemplos: la residencia de Jenner se designa con este nombre o con el de Henner; la de Ferraz es también denominada residencia de Ferrer; José Luis Múzquiz es citado como José Luis Muñiz, y Juan Jiménez Vargas como Juan Giménez; el primer Centro de las mujeres del Opus Dei se sitúa indistintamente en las calles de Jorge Manrique y de Jorge Juan; se utiliza el término "Cursillos de Cristiandad" como sinónimo de "Ejercicios espirituales"; 500.000 millones de liras equivalen a 200.000 millones de pesetas; la fecha en la que el Opus Dei es erigido en Prelatura personal es tanto el 20 de noviembre de 1982 como 28 del mismo mes. En la página 196 se confunde a Mariano Navarro Rubio, Gobernador del Banco de España durante los años 60, con Mariano Rubio, que ocupó ese cargo dos décadas después. En la página 519 se asegura que monseñor Alvaro del Portillo fue miembro de la Consulta Médica de la Santa Sede.

En otros momentos, estas erratas alcanzan límites cómicos. Para enfatizar su profunda amistad con una persona, la califica como "entrañable y perecedera" (pág. 522). Docenas de veces a lo largo del libro, se refiere a la sede central del Opus Dei con el nombre "Via Viale B. B.", e incluso "Via Viale", como si esa fuera la designación habitual para los entendidos. También demuestra su gusto por las reiteraciones cuando utiliza la expresión "lex legal" (pág. 509).

Todas estas manifestación de escaso rigor contrastan con sus repetidas alusiones a la excelente documentación con la que cuenta. En realidad, a lo largo del libro no aporta ningún documento.

En cuanto al fondo, el libro sólo se refiere al Opus Dei: verdades, críticas y secretos)

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Capítulo: Santos y pillos. El Opus Dei y sus paradojas (Joan Estruch)

Joan Estruch, director del Departamento de Investigaciones en Sociolocía de la Religión de la Universidad Autónoma de Barcelona, publicó en 1993 un libro titulado L'Opus Dei i les seves paradoxes: un estudi sociològic; al aparecer en 1994 la versión castellana el título original ha pasado a subtítulo y la obra -sin duda por razones comerciales- ha recibido un nuevo título, menos científico que el primitivo.

Según cuenta Estruch en el prólogo, al preparar en 1984 la edición catalana de La ética protestante y el espíritu del capitalismo, de Max Weber, apuntó el interés de que alguien estudiara la posible relación entre el espíritu del Opus Dei y el estilo del capitalismo español de los años posteriores a 1956. Algo después un sociólogo amigo suyo le sugirió que fuera él mismo quien realizara ese estudio. La idea permaneció en el estadio de mero proyecto hasta que el Institute for the Study of Economic Culture de la Universidad de Boston, con el que Estruch está en relación, aceptó incluir esa investigación en sus programas, financiándola. Ese fue el origen del presente libro, si bien, como el propio Estruch declara, la idea primitiva fue quedando en un segundo plano, ya que su trabajo, y por tanto la obra finalmente redactada, se orientaron en otra dirección.

De hecho en el libro efectivamente publicado el estudio sociológico sobre la mentalidad de los empresarios españoles de los años sesenta y el influjo que al respecto pueda haber tenido el espíritu (la ética, según la terminología weberiana) del Opus De¡, queda reducido a la segunda parte, menos trabajada y más breve que la primera: no llega a las cien páginas (pp. 361 a 456). El cuerpo del libro está constituido por la primera parte, de más de trescientas páginas de extensión (pp. 13 a 357), con un contenido y un enfoque totalmente diversos: lo que Estruch ofrece a lo largo de esas trescientas y pico páginas no es un análisis del espíritu del Opus Dei y su posible influjo social en España o en otros países sino más bien un recorrido panorámico a través del proceso de fundación y desarrollo del Opus Dei.

Después de una introducción y una explicación de la metodología que piensa seguir (pp. 13-56), los hitos históricos que considera son los siguientes la figura de Josemaría Escrivá como fundador (pp. 57-122); los años transcurridos desde la fecha oficial de fundación del Opus Dei, 2 de octubre de 1928, hasta el comienzo de la guerra civil española (pp. 123-149); el periodo de la guerra civil (pp. 150-157); la publicación de Camino (pp. 158-184); los años de la implantación del Opus Dei en España, es decir, el periodo que va desde 1939 a 1946 (pp. 185-228); la marcha de Josemaría Escrivá a Roma (p. 229-246); la expansión internacional del Instituto Secular del Opus Dei (pp. 147-284); el proceso de abandono de la configuración jurídica como Instituto Secular (pp. 285-312); la consolidación definitiva del Opus Dei (pp. 313-357).

Como puede colegirse de la descripción realizada -que refleja los títulos de los diversos capítulos-, el libro quiere mantener, en conformidad con lo declarado en la introducción, un tono sociológico, situando el desarrollo del Opus Dei en relación con los diversos contextos sociales que ha atravesado a lo largo de su historia. En realidad, toda esta primera parte -y, en consecuencia, según la extensión e importancia que el autor le concede, el libro en su conjunto-, aunque incluya de cuando en cuando observaciones o análisis de carácter sociológico, no es una obra de sociología. Tampoco es un libro de historia, ya que, propiamente hablando, no aspira -o al menos no aspira como objetivo principal- a una reconstrucción de los hechos. El objetivo o finalidad de esas trescientas y pico páginas es, en realidad, un análisis crítico de las fuentes historiográficas que permiten el acceso a la historia del Opus Dei; más exactamente, un análisis de las fuentes historiográficas ofrecidas hasta ahora por el Opus Dei -es decir, los escritos de sus miembros o, según la terminología que emplea Estruch, la "literatura oficial"- con vistas a ponderar su credibilidad, o, por mejor decir -ya que ésta es realmente la intención que rige todo el esfuerzo de investigación realizado-, a ponerla en entredicho.

La "literatura oficial", es decir, los textos escritos por miembros del Opus Dei, no han ofrecido nunca -afirma Estruch- la verdad completa, sino sólo retazos, que al mismo tiempo desvelan y ocultan la realidad de la institución a la que se refieren, por lo que la imagen que trasmiten de los orígenes y de la historia del Opus Dei no resulta fidedigna. Este juicio negativo sobre los escritos realizados por miembros del Opus Dei es resumido por Estruch acudiendo a dos metáforas: la del iceberg, según la cual lo manifestado por la "literatura oficial" sería sólo la punta de una realidad mucho más honda que permanece oculta; y, sobre todo, la del rompecabezas, pues lo trasmitido por la "literatura oficial" serían sólo aspectos inconexos de una verdad, respecto a la cual se ocultan piezas e incluso, en ocasiones, se ponen sobre la mesa piezas que pertenecen a otro juego, de manera que, fiándose de ellas, resulta imposible componer una verdadera imágen. La labor del investigador que aspire a estudiar la realidad del Opus Dei -ésta es la posición que Estruch se atribuye- reclama, pues, una actitud de radical desconfianza ante lo ofrecido por esa "literatura oficial", y un recurso constante a otras fuentes -también a la literatura adversa-, pues sólo así estará en condiciones de percibir los huecos y de detectar las piezas sobrantes y, en consecuencia, de resolver el rompecabezas.

Estas ideas, expuestas en la introducción, reaparecen continua y reiteradamente a lo largo de todo el texto, concretamente de toda la primera parte del libro, que viene a ser, como ya dijimos, un prolongado intento de confirmar y dar verosimilitud a esa afirmación inicial. Desde el principio hasta el fin de la obra Estruch no sólo practica una "metodología de la sospecha" que, dudando de lo que los textos dicen, aspira a buscar la verdad leyendo entre líneas, analizando contextos y confrontando entre sí textos de proveniencias diversas -lo cual en un historiador resulta legítimo; más aún, obligado-, sino que -y esto ya no lo es tanto- presupone y da por sentada en todo momento una tesis básica -la no credibilidad de la "literatura oficial"-, sobre la que vuelve constantemente intentando darle verosimilitud. Los miembros del Opus Dei -reconoce Estruch- pueden decir y dicen de hecho cosas verdaderas. La "literatura oficial" debe pues ser leída y escuchada, pero añade enseguida- sin prestarle fe, sino, al contrario, dudando de su veracidad y sometiéndola, por tanto, a un fuerte análisis crítico. El reconocimiento de una veracidad, en ocasiones, de la "literatura oficial" no excluye, pues -tal y como Estruch presenta las cosas-, la metodología de la sospecha, antes al contrario, al ser una veracidad restringida, la reclama de modo perentorio. En este sentido puede decirse, como ya antes lo hacíamos, que el objetivo o finalidad primordial del presente libro es sembrar la desconfianza -y no una desconfianza cualquiera, sino una desconfianza radical- ante todos los escritos sobre el Opus Dei realizados por sus propios miembros.

La práctica del método de la sospecha es, como ya señalamos más arriba, perfectamente legítima, y en cierto modo necesaria en orden a la labor historiográfica: la confrontación de fuentes es, sin duda alguna, una vía hacia la certeza. Sólo que ese método debe ser practicado con honradez científica: si no es así se transforma en prejuicio que induce a deformar los hechos que los documentos certifican a fin de presentar como conclusiones lo que en realidad no son sino proyecciones de un prejuicio inicial. Por desgracia esto es lo que ocurre a lo largo de toda la obra de Estruch: aunque está escrito con tono científico, y aunque el autor reitere en repetidas ocasiones su pretensión de objetividad, el libro no es, en modo alguno, el fruto de una investigación serena.

Estruch no se manifiesta, en efecto, en esta obra como un autor que, al estudiar las fuentes, va valorando fría y objetivamente los datos y, eventualmente, entra en duda sobre la fiabilidad de algún testimonio o documento, sino como alguien que, desde el principio, actúa movido por prejuicios y actitudes preconcebidas, y ello hasta el extremo de orientar todo su trabajo con vistas a un resultado decidido de antemano: poner en entredicho la credibilidad de los textos publicados por miembros del Opus Dei. A fin de alcanzar ese objetivo procede a realizar una lectura de esos escritos ciertamente detenida, pero no objetiva: va buscando todo y sólo lo que pueda contribuir a dar fuerza y verosimilitud a su tesis. Aprovecha para ese fin las lagunas que, en ocasiones, encuentra en esos textos, pero en otros momentos no vacila en forzar el sentido de las expresiones o incluso en tergiversar radicalmente su significado hasta hacerles decir lo contrario de lo que obvia y evidentemente indican. El Opus Dei y sus paradojas -citémoslo por su título original- aunque se presente como un libro que declara aspirar a la neutralidad propia de un trabajo científico, es, en realidad, una obra fuertemente unilateral, más aún, sesgada.

Junto a la tesis fundamental ya descrita -la no fiabilidad de la "literatura oficial"-, Estruch propugna otra, íntimamente relacionada con la anterior, aunque se sitúa en un nivel distinto, ya que hace referencia no a la crítica de las fuentes y a la metodología, sino al contenido, es decir, a los hechos considerados en sí mismos; concretamente, a la fundación del Opus Dei y, por tanto, a la totalidad de su historia. Mons. Escrivá de Balaguer y, siguiendo sus huellas, los diversos fieles de la Prelatura que han escrito sobre el tema, han declarado que el Opus Dei fue fundado en esa fecha decisiva que fue el 2 de octubre de 1928, en la que quedaron asentados los fundamentos de toda su actividad, de manera que los sucesivos desarrollos que la institución lógicamente ha conocido no son sino el despliegue y la profundización en la luz o carisma originarios. Estruch pone en duda ese hecho, e intenta una interpretación de la historia del Opus Dei a partir de las consideraciones weberianas -válidas, ciertamente, en relación con algunos procesos, aunque no siempre y en todo caso- sobre la existencia de desarrollos históricos que son fruto de consecuencias imprevistas, e incluso contradictorias con las intenciones originarias, de una acción o de un conjunto de acciones.

En otras palabras, a su juicio -y en contra, afirma expresamente, de lo que sostiene la "literatura oficial" al tratar sobre el 2 de octubre-, el desarrollo del Opus Dei sería el resultado de una evolución no homogénea, sino heterogénea. Sea lo que fuera de lo ocurrido el 2 de octubre de 1928, el verdadero inicio del Opus Dei -afirma- no debe situarse en 1928, sino en los años 1938-39, momento en el que José María Escrivá -en el ambiente de la guerra civil española- pensó en una institución de intelectuales con vistas a la penetración en los ámbitos y estructuras sociales a fin de cristianizarlos, según el modelo -continúa Estruch- de instituciones análogas promovidas por algunos jesuitas. Este planteamiento -prosigue- se mantuvo durante varios años hasta transformarse posteriormente, ya casi en los años sesenta, cuando, como consecuencia del crecimiento del número de miembros, se advirtió la necesidad de dar a la labor un enfoque más amplio, llegando a la idea de una institución cuyo fin fuera la santificación del trabajo en las diversas profesiones y en las condiciones sociales.

No es éste el momento de seguir paso por paso la reconstrucción -mejor, construcción ya que su tarea no es fruto del análisis de los datos, sino de la imaginación- que Estruch realiza de la génesis y desarrollo del Opus Dei, ni tampoco de desmontar sus interpretaciones, ingeniosas a veces, más bien desmañadas otras, pero, salvo muy contadas excepciones, apriorísticas y arbitrarias. Quisiera sólo referirme a un punto, clave en orden a la comprensión del Opus Dei: la afirmación según la cual la invitación a la santificación del trabajo no pertenecería al núcleo original del Opus Dei sino que sería fruto de una evolución posterior. El único argumento que Estruch alega a ese respecto es que la palabra "trabajo" apenas aparece en Camino (pp. 182-183, 405), olvidando que la primera versión de esta obra, que data de 1932-1934, está dirigida a universitarios, por lo que el amplio capítulo dedicado a "estudio" apunta en esa dirección, y poniendo entre paréntesis el hecho de que, en textos del fundador del Opus Dei contemporáneos a Camino, las referencias al trabajo son numerosas. Esos textos no le son desconocidos, pues están reproducidos en obras que maneja, y uno de ellos, de 1934, lo menciona expresamente (p. 406); bien es verdad que lo hace para poner en duda su autenticidad -como todo lo que proviene de la "literatura oficial"- y poder proceder en consecuencia como si no existiera.

Es sólo un ejemplo, entre los numerosísimos que podrían citarse, de la ligereza histórico-crítica con que Estruch procede, así como de la arbitrariedad y carencia de fundamentos de la casi totalidad de sus interpretaciones históricas. Se trata además de un ejemplo, y esta es la razón por la que lo hemos escogido, que nos permite dar un paso más en el análisis del libro: nos orienta, en efecto, de algún modo, hacia la consideración de la segunda parte del libro, en la que, según ya dijimos, Estruch aspira a analizar el influjo que el espíritu del Opus Dei, y más concretamente su modo de entender el trabajo, haya podido tener en la conformación de la mentalidad y las actitudes de los economistas y empresarios que protagonizaron los cambios económico-sociales de la España de los años cincuenta y sesenta.

A lo largo de toda esta segunda parte se advierte muy claramente que Estruch se debate entre el reconocimiento de la real aportación que algunos miembros del Opus Dei realizaron, a través de su trabajo, a la modernización de España, y la reticencia a atribuir una verdadera modernidad al espíritu del Opus Dei. Su conclusión final será que la espiritualidad y la ética difundidas por el Opus Dei implican una mezcla confusa entre un empirismo y un pragmatismo por lo que se refiere a las cuestiones técnicas, de una parte, y un tradicionalismo y un conservadurismo a nivel de los valores, de otra; en suma, y como conclusión última, que el Opus Dei es ajeno a toda modernidad de fondo, y refleja, a través de esa mezcla confusa de actitudes, la dificultad que el catolicismo, o, al menos, muchas instituciones católicas, encuentran para insertarse auténtica y verdaderamente en la sociedad occidental contemporánea.

Por lo demás el hecho es, como ya apuntamos, que, aunque la reflexión sobre el espíritu del Opus Dei y su influjo en el modo de vivir el trabajo y la economía, corresponda al objetivo inicial del libro, la investigación al respecto está de hecho poco trabajada, e incluso ni siquiera intentada. Max Weber, al preparar su ensayo de 1904 sobre La ética protestante y el espíritu del capitalismo, tuvo que proceder en dos direcciones, a fin de describir, primero, el espíritu del capitalismo y, después, presupuesto ya lo anterior, analizar de qué modo podían haber influido en la génesis o en la consolidación de ese espíritu las actitudes existenciales propias de la ética protestante y, más concretamente, calvinista. Para retomar ese empeño en relación con la España de 1950 y 1960 hubiera sido necesario analizar, ante todo, los cambios sociales y de mentalidad que en esa época se produjeron, particularmente en los ambientes económicos y empresariales, para luego, en un segundo momento, estudiar el espíritu del Opus Dei a fin de detectar eventuales puntos de contacto entre ese espíritu y la nueva mentalidad entonces surgida, lo que permitiría, dando un paso adelante, llegar a la determinación de nexos causales y de influencias.

Tal vez fuera la magnitud del empeño que implica un proyecto de ese tipo, lo que llevó a Estruch a abandonarlo, para refugiarse en una tarea más libresca y, por tanto, más sencilla, dedicando a la idea inicial sólo una segunda parte más breve que la primera, y en la que, a fin de cuentas, tampoco se decide a enfrentarse del todo con la cuestión inicial. Habiendo prescindido de todo análisis detenido sea de la sociedad española de las décadas de los cincuenta y los sesenta, sea del espíritu del Opus Dei, el camino que Estruch tiene frente a sí, y el que recorre de hecho, consiste en tomar como punto de referencia el análisis que Weber realizara de la ética puritana para buscar, a continuación, paralelismos entre esa ética y el espíritu del Opus Dei. Un itinerario de ese tipo puede ser legítimo si quien lo emprende está dispuesto a admitir, a medida que lo recorre, que junto a las semejanzas hay diferencias e incluso que estas diferencias pueden ser mayores que las semejanzas, rompiendo por tanto el paralelismo. Está expuesto, no obstante, a dejarse dominar por la tendencia al concordismo hasta caer en ese olvido de las diferencias que cierra el paso a la comprensión de las peculiaridades de unos y otros planteamientos. Así ocurre en este caso, como consecuencia, también, de esa actitud preconcebida a la que ya nos hemos referido y que lastra el libro hasta el final.

Lo que, según Weber, caracteriza la ética puritana -más concretamente, los rasgos de la ética puritana que han contribuido, a su juicio, a consolidar el espíritu del capitalismo- son, de una parte, la fuerte exigencia moral y, de otra, la valoración del éxito o resultado positivo del trabajo. La trascendencia radical de la predestinación divina de que hablara Calvino, fruto del puro querer de Dios al margen de toda obra humana, hace que el puritano, para superar la angustia que una predestinación así entendida implica, aspire a encontrar signos de la benevolencia de Dios, es decir, de la propia y personal predestinación a la salvación eterna. El hecho de perseverar en la práctica de un trabajo exigente, ordenado y metódico, junto con el éxito o resultado positivo de esa dedicación intensa a la propia tarea en el mundo, fueron, en diversos círculos calvinistas, incluidos entre esos signos de predestinación. De ahí una ética del trabajo -un ascetismo intramundano- y una valoración religiosa del éxito en los negocios que no sólo caracterizan a la tradición puritana, sino que, a través de diversas incidencias, habrían contribuido poderosamente -Weber completa así su tesis- a la conformación de la actitud vital que facilitó el auge y consolidación del capitalismo.

No todos los estudiosos de la historia de las ideas económicas están de acuerdo con las tesis weberianas, ni todos los teólogos, calvinistas o no, aceptan la caracterización de la ética puritana que propugna Weber. Sea de ello lo que fuere, digamos que, en todo caso, el espíritu del Opus Dei, aunque diga referencia al trabajo y la vida ordinaria en medio del mundo, obedece a registros muy diversos del ascetismo intramundano y la ética del éxito de los que Weber habla y a los que se refiere. Dejando de lado otros aspectos, anotemos sólo uno, aunque fundamental y cargado de consecuencias: una ética del éxito pone el acento, como resulta obvio, en el fruto del trabajo, en el resultado al que conduce la acción de trabajar y no tanto a esta acción en si misma; el espíritu del Opus Dei invita, en cambio, a una santificación del trabajo en cuanto tal, es decir, a una vivencia con espíritu cristiano, con conciencia de la cercanía de Dios, de la acción de trabajar, que resulta así valorada por sí misma, como ocasión de encuentro con Dios, con independencia de sus eventuales resultados positivos o negativos, es decir, del hecho de que desemboque en un éxito temporal o en un fracaso. Ni que decir tiene que la conciencia de cercanía de Dios reclama la atención al trabajo, también en sus aspectos materiales, profesionales y técnicos y, en ese sentido, un empeño profesional y una ascesis; pero el acento no está puesto ni en los resultados ni en la ascesis, sino en la dimensión teologal o conciencia de cercanía de Dios, considerada como la actitud fundante o substantiva.

Ética del éxito y santificación del trabajo se nos presentan, en suma, como actitudes espirituales diversas, de las que cabe esperar, si inciden en la historia, que den lugar a fenómenos sociales distintos. ¿Ha ocurrido así en el caso del Opus Dei?, ¿ha influido su espíritu en la conformación de la mentalidad española contemporánea, y más concretamente en la actitud española respecto al trabajo en general y los negocios y la economía en particular? Esta es la pregunta a la que Estruch, según su propósito inicial, aspiraba a contestar, pero a la que no responde en modo alguno, ya que su reflexión acerca de la evolución de la mentalidad española es muy aproximativa y su análisis del espíritu y la realidad del Opus Dei: verdades, críticas y secretos)

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Ser mujer en el Opus Dei (Isabel de Armas)

Ser mujer en el Opus Dei es un testimonio personal de los años que la autora fue miembro del Opus Dei. Si toda memoria, como decía el conocido escritor Jesús Pardo, “trata de reconstruir un pasado de cuya realidad no hay otra constancia que la memoria misma”, sorprende la aventura de esta mujer que, transcurridos ya treinta años desde su salida de la Obra, se lanza a recordar aquellos ocho años que pasó como Numeraria.

Un empeño difícil, e incluso temerario si se publica con un título –Ser mujer en el Opus Dei– que expresa la pretensión de describir la manera de vivir de toda mujer en esa institución de la Iglesia. La sorpresa va en aumento cuando se comprueba que la propia autora reconoce que su experiencia en la Obra es muy corta, nada más que ocho años, durante los que no conoció al Fundador ni tuvo responsabilidades de gobierno e incluso careció de un conocimiento de primera mano de los distintos aspectos de la vocación de las mujeres del Opus Dei.

El libro, siguiendo la ficción de una relación epistolar con una chica joven, empieza con un tono intimista y aparentemente respetuoso con las personas. Pero se rompe enseguida esa línea de moderación en los juicios cuando propone, como paradigma para comprender el Opus Dei, el recuerdo histórico del Partido Nazi y del Partido Comunista de Stalin. Es tan desmesurada la comparación de una institución de la Iglesia –por mucho que a uno no le guste– con esas organizaciones criminales y responsables de los peores genocidios, que se hace difícil creer en la objetividad del testimonio de la autora. Pues no es una comparación desafortunada deslizada en una página, sino que es un paralelismo constante en todo el libro.

El testimonio personal de la autora, escrito con oficio, se ve lastrado con frecuencia por extensas disquisiciones psicológico-teológicas que acaban por cansar al asemejarse, en ocasiones, a un catálogo de lecturas. Además, lo limitado de su experiencia personal obliga a la autora a recurrir a la reproducción de pasajes enteros de la conocida batería de libros denigratorios publicados alrededor de 1992 –con ocasión de la beatificación de S. Josemaría Escrivá– para poder aportar anécdotas negativas, pues ella reconoce no haber presenciado nada especialmente relevante. También intenta paliar su desconocimiento de la realidad completa del Opus Dei, desde un punto de visto histórico-teológico, acudiendo a largas citas de antiguos estudios sociológicos que interrumpen el ritmo narrativo, sin aportar argumentos originales.

“La memoria es la criba de nuestra inteligencia, que es la criba de nuestra sensibilidad”, sigue citando el memorialista Jesús Pardo. Los años de transición entre la década de los sesenta y la de los setenta fueron muy convulsos, de revolución sexual y posconcilio, y la autora describe cómo fue adoptando posiciones feministas cada vez más extremas, hasta llegar a la actualidad donde afirma su conformidad con el divorcio y el sacerdocio femenino. Desde esa sensibilidad enjuicia ahora sus años en el Opus Dei. A la vista de su evolución posterior no resulta extraño que tomara la decisión de no hacer la incorporación jurídica definitiva al Opus Dei, y que comenzara un itinerario ideológico que le llevó a las Comunidades de Base y a la coincidencia intelectual con los teólogos del entorno de la asociación Juan XXIII. De hecho, la última parte del libro es un amplio comentario de sus lecturas de los teólogos de la liberación y del magisterio de Hans Küng.

Al tratarse de unas memorias, el respeto debido a la subjetividad de unos recuerdos personales no impide que la consideración de los hechos relatados pueda poner en duda las interpretaciones de la persona que los escribe. En la evocación de aquellos años sesenta vividos intensamente por la autora, llama la atención el contraste entre la libertad que preside siempre su actuación mientras es miembro del Opus Dei, y las reiteradas acusaciones de autoritarismo y falta de autonomía de la vida en la Obra. Ella misma afirma que, en los momentos más importantes de su trayectoria vocacional en el Opus Dei –su petición de admisión, las diversas etapas de su incorporación jurídica y su posterior salida de la Obra– actuó con plena libertad y autonomía personal, no solo respetada sino fomentada por las directoras de la Obra. Por otra parte, sus acusaciones del control de la intimidad en el Opus Dei: verdades, críticas y secretos)

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Historia oral del Opus Dei II (Alberto Moncada)

El libro Historia oral del Opus Dei es un alegato contra la figura y la actuación del Fundador, y contra la realidad de la Institución. Ignora su finalidad, exclusivamente espiritual y apostólica, y no encuentra nada bueno en ella. La imagen que resulta es deforme y los rasgos con que la dibuja son casi exclusivamente negativos.
I. EL LIBRO: ¿HISTORIA O ALEGATO?

1. Un alegato contra el Opus Dei y su Fundador

El libro Historia oral del Opus Dei es un alegato contra la figura y la actuación del Fundador, y contra la realidad de la Institución. Ignora su finalidad, exclusivamente espiritual y apostólica, y no encuentra nada bueno en ella. La imagen que resulta es deforme y los rasgos con que la dibuja son casi exclusivamente negativos.

Presenta al Fundador del Opus Dei como un oportunista intolerante y pragmático. Considera la Obra como un ejemplo de "integrismo religioso" (p. 158) y "anticonciliar" (p. 156), similar a "una secta fundamentalista" (p. 120). La describe como un fenómeno "de la burguesía tradicional" (p. 120), "negación flagrante del espíritu evangélico" (p. 9) y dice que su "clientela" son "los sectores más ignorantes, menos sofisticados de las clases medias emergentes, para quienes la pertenencia a la Obra es un símbolo de ascenso social" (p. 120). Los miembros del Opus Dei se hacen de la Obra a su juicio "por un cierto morbo de formar parte de algo distinto" (p. 120).

2. Contar en público unas conversaciones

El propósito del autor es, según confiesa, "contar en público unas conversaciones" (p. 10) con cinco personas que abandonaron el Opus Dei. En realidad, se trata de cuatro: reconoce que una de ellas decidió guardar sus declaraciones para otro libro. De los otros cuatro, tan sólo el de uno es relevante: sin él, no hubiera sido posible este libro, ha reconocido el autor. En los otros tres casos, los declarantes aparecen con mucho menor frecuencia, y con afirmaciones que en ocasiones contradicen las tesis generales del libro. Por otra parte, el autor no se limita a "contar unas conversaciones", sino que utiliza breves relatos o anécdotas para ilustrar sus personales puntos de vista. Con frecuencia, se pasa de una opinión más o menos crítica de un declarante a la descalificación global y absoluta de la institución por parte del autor.

La forma aparente con la que se presenta el libro un estudio sociológico desapasionado y objetivo, a partir de unas declaraciones no consigue ocultar su realidad: un alegato frontal contra una institución de la Iglesia, a partir de unas determinadas premisas ideológicas. Entre estas premisas expuestas en esta ocasión y en otras anteriores por el autor se pueden destacar: la exaltación de una "nueva moral", el repudio de la institución familiar, la crítica a la religión, la negación del sentido cristiano de obediencia, y la valoración de la fidelidad doctrinal como opuesta a la libertad de las conciencias, etc.

3. ¿Un "animus" generalizado?

Otro punto de partida del autor es la presunción de un "animus" generalizado contra el Opus Dei. Afirma que no ha hecho más que "ratificar lo obvio": un consenso negativo que "existe ya entre los conocedores del fenómeno" (p. 10). En realidad, no existe tal consenso negativo: son numerosísimas las citas positivas y de alabanza a la labor del Opus Dei por parte de Pontífices, de numerosos cardenales y Obispos, de altas personalidades del mundo cultural, político, económico, etc., y de miles de personas de todo tipo y condición que no pertenecen al Opus Dei, publicadas en la prensa internacional. Y también existen numerosos testimonios de personas que han dejado el Opus Dei, pero que guardan gran afecto hacia la institución a la que dedicaron parte de su vida.

Unos datos para mostrar esta realidad, fácilmente comprobables: pidieron la apertura de la Causa de Beatificación y Canonización de Mons. Escrivá de Balaguer 69 cardenales y cerca de 1300 obispos de todo el mundo, es decir, más de un tercio del episcopado mundial. Y existen miles de testimonios que ponen de manifiesto la vida santa del Fundador del Opus Dei frecuentemente injuriado en estas páginas-o los fines espirituales de esta institución, escritos por personalidades del mundo civil y eclesiástico. Por citar sólo a algunos cardenales, son particularmente expresivos los testimonios del cardenal Cooke (Nueva York), Paul Leger (Montreal), Lercaro (Bolonia), Malula (Kinshasa), Manning (Los Angeles), Muñoz (Ecuador), O'Boyle (Washington), Oddi (Pref. S. C. del Clero), Otunga (Kenia), Pappalardo (Palermo), Poletti (Pres. C. E. de Italia), Sin (Filipinas), Cody (Chicago), Hoffner (Alemania), König (Austria), Landázuri (Perú), Marty (París), etc.

4. Una extraña selección

También merece atención otro punto de partida del autor: considera que las versiones que proporcionan los miembros del Opus Dei son necesariamente oficiales y parciales, y acude a personas que abandonaron la institución y que mantienen hacia ella una actitud negativa. Sin embargo, no se encuentra una razón concluyente por la cual resulte más valiosa como el autor propone la opinión negativa de unas personas que han abandonado el Opus Dei que la valoración positiva de centenares de personas, miembros o no del Opus Dei, que conocen y viven diariamente la realidad de ese fenómeno espiritual. La garantía que debe buscar un historiador es la fidelidad a los hechos por parte del declarante, por encima de sus personales adscripciones.

¿Cómo se debe valorar la declaración negativa de personas que, en algún caso, reconocen que se mantuvieron en una postura inestable dentro de la Institución "yo no demostraba excesivo interés ni en la labor interna, ni en el proselitismo" (p. 84); "yo me dedicaba cada vez más, casi exclusivamente, a mi profesión" (p. 143); "yo procuré no hacer apostolado" (p. 151) , frente al testimonio de otros miembros del Opus Dei de la primera hora que han conocido con profundidad su historia a lo largo de estos años?
El objeto de esta reseña no es presentar un testimonio verdadero contra otro falso, ni confrontar opiniones. Se trata de mostrar, con datos contrastados, algunos aspectos resulta innecesario hacerlo de todos en los que el libro contradice la realidad de las cosas. No se hacen por tanto juicios de intenciones, tan frecuentes, por otra parte, a lo largo de las páginas del libro. Tampoco se valoran los antecedentes de cada uno de los declarantes: sus autores conocerán los motivos que han tenido para interpretar así un periodo de su vida, pero saben también que nadie en el Opus Dei dará esas explicaciones, por un elemental respeto a la intimidad de las personas, que impide ni siquiera aludir a los motivos por los que abandonaron el Opus Dei.

El principal testimonio contra la interpretación que se hace en este libro es, por tanto, la realidad de los hechos que intenta describir; unos hechos accesibles al que quiera conocerlos, y perfectamente contrastables. De modo secundario, se puede aludir además a la ventajosa situación en la que se encuentran para hablar de una institución de la Iglesia aquellas personas que, libremente incorporadas a ella, viven a diario su espíritu, y lo ven concretado en multitud de realizaciones prácticas de servicio a Dios y a los hombres. La fidelidad, además de ser la actitud normal y natural, capacita de un modo especial para conocer e interpretar el Opus Dei.

Cualquier persona puede conocer e informar sobre el Opus Dei, independientemente del grado de relación que tenga con esta institución. Sólo se necesita el deseo sincero de alcanzar la verdad, libres de prejuicios, y acudir a la abundante bibliografía y, sobre todo, a la vida concreta y real de las personas e instituciones que encarnan o muestran el espíritu de la Obra. La fidelidad a ese espíritu no ha de estar necesariamente presente en el ánimo del que informa, pero sí en la realidad de la que informa, puesto que la historia del Opus Dei es, ante todo, la historia de la fidelidad de su Fundador al carisma recibido de Dios, y de muchos miles de personas que han incorporado a su vida, libremente, el espíritu del Opus Dei.

Por eso, resulta extraña una selección de declaraciones que eliminan de raíz esa característica fundamental: la fidelidad. Como extraña sería la imagen que obtuviera de la anatomía un cuerpo sano el que la estudiara en un tratado de patología. Por eso también, aunque ellos lo hagan, por respeto hacia su intimidad, y porque no se pretende en estas páginas juzgar en modo alguno sus conductas, no se citarán aquí los nombres de estos cinco declarantes. Esta reseña pretende sólo analizar un libro, no juzgar a unas personas, (aunque se trate de un libro que juzga acremente, muchas veces a tantas personas).

II. METODOLOGIA Y FUENTES

1. No es un libro de historia. Ni de sociología

El autor del libro no es un historiador. Esto que ofrece no es propiamente, como hemos visto y el autor reconoce, un libro de historia. Tampoco de sociología: no tiene ni el rigor científico, ni el aparato crítico, documental, estadístico, etc., propio de los estudios sociológicos. Se le puede aplicar la crítica que apareció en una carta publicada en Triunfo (nº 616) a propósito de su libro El Opus Dei, una interpretación: "es un producto híbrido de relato personal, reflexiones culturales y exhortaciones intrarreformistas del Opus Dei, que se queda a medio camino en todo".

Además de la ausencia de fuentes documentales y de aparato crítico, el presunto carácter científico del libro queda en entredicho por las graves acusaciones muchas veces contradictorias entre sí que contiene, sin garantías históricas de credibilidad. Y esas acusaciones con frecuencia apasionadas se contradicen con los testimonios de miles de personas, y ante todo con los hechos mismos que se intentan describir. Se enfoca la realidad del Opus Dei desde una perspectiva tan alejada de la comprensión de la fe como del rigor histórico.

Se puede elaborar una historia oral cuando faltan las fuentes escritas: no es éste el caso. También se puede construir una historia con declaraciones de seis personas, cuando son las únicas de las que se dispone. Tampoco es el caso: el autor podría haber contado con multitud de testimonios publicados e inéditos , pero ha elegido sólo unos determinados, en concreto seis. La dificultad entonces es ésta: ¿cómo aceptar que un relato, construido con unas pocas declaraciones, muy parciales y negativas, pueda llegar a convertirse en la "historia oral" del Opus Dei; o sea en la historia de la vida de más de 73.000 personas de noventa nacionalidades durante sesenta años? ¿Qué credibilidad merece esta "historia" cuando se elabora de espaldas a las fuentes documentales y a una elemental observación, en su realidad concreta, del fenómeno que describe?

2. Esquemas de interpretación

Salvo escasísimas referencias a otros países, todos los declarantes hablan del Opus Dei en España y se limitan a descripciones ancladas en una época concreta, pasada y singular: el franquismo. Ninguno de los entrevistados ha conocido directamente la realidad del Opus Dei en estos últimos años. Además, para el autor y sus declarantes, que rondan entre los cincuenta y cinco y los setenta años de edad, el Opus Dei es, por lo que se deduce de sus apreciaciones, fundamentalmente un "fenómeno español" al que juzgan con categorías mentales muy particulares del periodo franquista y que en gran medida se han vuelto obsoletas. Así, al hablar del mundo "de los numerarios maduros" (p. 156), el autor no considera que hay miembros del Opus Dei de noventa nacionalidades y centra su crítica en "la incorporación de tantos miembros de la Obra a la política franquista". Cuando se habla del afán apóstolico universal del Fundador se reduce todo a un concepto propio del periodo franquista: "lo que luego se ha dado en llamar la reserva espiritual de Occidente" (p. 92). Eso les lleva a interpretar una realidad universal en su espíritu y en su vida con categorías ligadas a una época histórica muy concreta y ya superada.

Esas constantes alusiones a cosas antiguas hacen que el libro se vuelva difícilmente comprensible para un gran sector de lectores españoles no vinculados con el franquismo, prácticamente críptico para los lectores no españoles y sorprendente para muchos menores de treinta años. Por ejemplo, muchos jóvenes no entenderían ni la referencia a la "reserva espiritual", ni a la mantilla (p. 122), prenda en desuso desde hace años. Los liberales españoles del periodo democrático que son miembros del Opus Dei se quedarían posiblemente perplejos al leer que se puede ser liberal en la Obra sólo "con un esfuerzo mental casi esquizofrénico" (p. 122); y las decenas de millares de miembros del Opus Dei esparcidos por todo el mundo (desde Japón a Australia y el Zaire; desde Canadá y Suecia a Filipinas y Hong-Kong) no entenderían a qué se refiere el texto cuando habla de "añadiduras externas" puestas al parecer por señoras "de la burguesía bilbaína" (p. 105, 123). En todos estos casos, la vida real de los miembros del Opus Dei contradice, sin más comentario, unos esquemas interpretativos obsoletos y cerrados.

3. Parece que…

Ante la ausencia del dato histórico, el autor acude a numerosas suposiciones y para ello utiliza un recurso acientífico: anteponer un "parece que…" (por ejemplo, pp. 15, 17, 22, 23, 24, 59, 116, 166, etc.). Refiriéndose a la actividad del Fundador del Opus Dei en los primeros años se afirma: "No parece que sus primeras intenciones fueran el alentar a sus seguidores para tomar partido de una forma inmediata y entrar en la política activa de entonces" (p. 59). Los hechos demuestran que no sólo mantuvo esa actitud al comienzo, sino a lo largo de toda su vida: no hay ningún escrito suyo, ni hay declaración alguna en la que invitara a tomar un partido político concreto. Defendió siempre que no existen dogmas en las cuestiones temporales. Declaraba en 1966 a Tad Szulc, de New York Times, que la Obra no propone a sus miembros "ningún camino concreto, ni económico, ni político, ni cultural. Cada uno tiene plena libertad para pensar y obrar como le parezca mejor en este terreno" (Conversaciones, n. 48).

Pueden citarse otros muchos ejemplos significativos para mostrar el uso del "parece": "Parece que la estrategia del Opus en Barcelona (…) tenía acentos singulares" (p. 102); "A mediados de los sesenta, Escrivá parece que se fue convenciendo de que aquella etapa había que superarla" (p. 116), etc.

4. Juegos de palabras

El lenguaje que se utiliza, con resonancias políticas y terminologías extrañas, responde adecuadamente al contenido del libro, pero resulta impropio y confuso para hablar de una institución de la Iglesia. Por ejemplo, se habla de "adoctrinamientos" (pp. 99, 106), de adictos" (p. l5), de reclutamientos (p. 109), de "focos de propaganda" (p. 117), etc.

Estos juegos de lenguaje quitan la posible apariencia de seriedad científica. Y llegan muchas veces a la manipulación pueril: llama a la casa de Bruno Buozzi primero palacete (p. 37) y tres líneas más adelante la convierte en palacio: "hizo los bocetos de ampliación de la zona posterior del servicio del palacio" (p. 37).

Por medio también de juegos de palabras, asegura en las pp. 44 y 45 que la Obra compró el Banco Atlántico. Sin embargo, basta acudir a la lista de accionistas para comprobar que esta afirmación es errónea.

A veces, en esta búsqueda de forzados paralelismos, la manipulación queda especialmente en evidencia: "el estado mayor de la Obra se lee se sitúa en el «Hotel Sabadell», de Burgos, en el mismo lugar del estado mayor de Franco". El pretendido "paralelo" cae por su peso ante el análisis de la realidad histórica: el Fundador del Opus Dei vivía en la misma habitación con otros tres más en ese modesto hotel, hoy sede de la Policía municipal. Ese "estado mayor" que imagina el autor estaba compuesto por José María Albareda, Francisco Botella y Pedro Casciaro. Estos dos últimos, jóvenes, prestaban servicio militar en el Cuartel General, y tenían tan poco dinero que debían comer del rancho del cuartel para economizar. Y tuvieron que dejar esa habitación por falta de recursos.

Sigue diciendo: "allí parece que Escrivá conoció y trató a muchos de los personajes civiles y militares que serían luego importantes en el primer franquismo" (p. 17). El sesgo político de la frase es evidente, pero la realidad histórica fue mucho más rica: el Fundador del Opus Dei hizo apostolado siempre no sólo en Burgos con todo tipo de personas: estudiantes y catedráticos, gente humilde y de toda condición; hizo centenares de kilómetros, cuando no tenía medios económicos ni para sostenerse, para visitar y alentar espiritualmente a todos. Y cuando no podía ir personalmente, hacía que algún miembro de la Obra viera a esas personas. En esa época, hizo, por ejemplo, que atravesaran media España en guerra para atender y alentar espiritualmente a uno de los declarantes de este libro. Predicó a laicos y a religiosas, dio cursos de retiro y trató a numerosos sacerdotes, como D. Casimiro Morcillo, D. Pedro Cantero, D. Antonio Rodilla, D. Daniel LLorente, entre muchos otros.

La utilización de frases redondas hace incurrir al autor y a sus declarantes en errores notables. Se lee: "A partir de los años sesenta no vi más evangelio que Camino". Sin embargo, la predicación constante del Fundador siempre fue la de meterse en las escenas del Evangelio "como un personaje más". Y, como es conocido, el segundo punto de Camino alienta a leer el Evangelio, y se estimula a su lectura en numerosos puntos de esa obra; entre otros en los nn. 416, 470, 583, 586…

5. Un crédito de confianza

En obras anteriores, como argumento de credibilidad y como justificación de sus afirmaciones , el autor proponía al lector un crédito de confianza. Un articulista de El Comercio de Gijón (10.VIII.74) afirmaba con motivo de la aparición de su primer libro contra el Opus Dei: "con sus confidencias imprecisas deja en el lector un amplio margen para sospechar cualquier cosa, sin ofrecerle los datos que confirmarían esas suspicacias". Pero ya no puede excusarse el autor, como entonces, con censuras o presiones: si no proporciona los datos es porque no los conoce, porque no los tiene o porque no existen. Por eso, tras la lectura del texto, surgen las interrogantes: ¿cómo aceptar la objetividad de unos juicios, habitualmente negativos, cuando no se aporta ninguna fuente aparte de las declaraciones de sus interlocutores y la del propio autor? ¿Cómo valorar las afirmaciones de esos interlocutores cuando se refieren con frecuencia a conversaciones con otras personas, a menudo ya fallecidas, y de las cuales, si viven, no se ofrece su versión de los hechos? ¿Cómo aceptar sus versiones cuando se conocen, avaladas por numerosísimas personas, y con todas las exigencias del rigor histórico, otras versiones de sentido radicalmente contrario? ¿Cómo prestar crédito a un libro plagado de errores y confusiones históricas y cronológicas como las que se describen en estas páginas?

6. El problema no está en el archivo

El problema no proviene de la dificultad de acceso a las fuentes de información, como afirma el autor: "sería muy importante que se abriera para la ciencia parte al menos del momumental archivo que tan celosamente se guarda en la casa romana de Bruno Buozzi" (pp. 11 12). Esos archivos están abiertos, en efecto, para la ciencia; y han tenido acceso a ellos historiadores rigurosos. Peter Berglar, historiador alemán, autor de numerosos estudios y de importantes biografías (entre otras, de Metternich, Adenauer, Moro, Droste-Hülshoff, Schiller, la Emperatriz María Teresa, Mathias Claudius, von Humboldt, etc.) comenta en el capítulo I de su libro Opus Dei. Vida y obra del Fundador Josemaría Escrivá de Balaguer: "He contado con un rico material de fuentes históricas, que comprenden (junto con los escritos del Fundador y aquellas publicaciones sobre su persona y sobre el Opus Dei que son asequibles para el público en general) gran número de documentos y cartas de Mons. Escrivá que permanecen aún inéditos en la Postulación, a disposición de la Causa de Beatificación y de Canonización. He podido conversar largamente en España con muchos de los primeros miembros, con personas que trataron en su juventud al Siervo de Dios, que conocieron los primeros años de la Obra y que se pueden contar entre las personas más cercanas y más fieles al Fundador". A pesar de eso, por la próximidad histórica sesenta años reconoce: "este libro no puede ser una labor definitiva de historiografía" (pp. 20 21).

Un dato revelador para valorar este libro que no aporta una sola cita documental (se hace esporádicamente alguna referencia habitualmente errónea a algun documento "en general"): el estudio histórico El Fundador del Opus Dei, de Vázquez de Prada, ofrece al lector 910 citas de notas y documentos publicados e inéditos.

Para justificar la endeblez documental del libro, el autor recurre al fantasma del secreto, presente por todas partes. Afirma, por ejemplo, que las subvenciones a la Universidad de Navarra estaban "más o menos escondidas" (p. 86), cuando esas subvenciones aparecían claramente en la Ley de Presupuestos del Estado. Y llega a mencionar un inexistente "voto de secreto" (p. 154).

III. ALGUNAS FALSEDADES SIGNIFICATIVAS

1. Un muestrario de falsedades

Pero lo que resta decisivamente calidad y rigor científico al libro es su propia construcción interna. El lector imparcial busca en un libro de historia datos que fundamenten los juicios. Sin embargo, en este caso, el autor le ofrece juicios y le escamotea los datos. Y para alcanzar las conclusiones establecidas de antemano se manipulan datos y hechos sobre la vida de una persona y de una institución cuya historia está rigurosamente documentada: Mons. Escrivá de Balaguer y el Opus Dei.

Resulta imposible reflejar en el marco forzosamente breve de una reseña todos los errores, reduccionismos, manipulaciones y confusiones de este libro. Se exponen, a continuación, sólo algunos ejemplos.

2. Inexactitudes e imprecisiones

El autor pone de manifiesto su ignorancia en cuestiones relativas al derecho canónico, como cuando asimila las diócesis personales a las prelaturas personales (p. 20). El texto carece de rigor en numerosos lugares: por ejemplo, se alude a "aquel libro de San Alfonso María de Ligorio que circulaba por los seminarios"; es pródigo en generalizaciones de todo tipo; incluye acusaciones anónimas: "solía obtener exenciones", se dice en la p. 19, refiriéndose al Fundador del Opus Dei. ¿Cuándo? ¿Cuáles?.
Es fácil encontrar numerosas inexactitudes históricas (afirma por ejemplo, en la p. 21, que D. Alvaro del Portillo "a su vuelta a Madrid explicó a Escrivá que era necesaria su presencia personal". Esto es falso: no volvió; se lo comunicó por carta). Dice que calmaba "las inquietudes" que provocaba la construcción del Colegio Romano (que sitúa, en la p. 37, a partir del año 1950) con la batalla para la aprobación de la Obra. No advierte que esa aprobación se dio ya en 1947 y, de modo definitivo, en 1950. Estas confusiones son constantes: sitúa el comienzo de la labor con los sacerdotes diocesanos en 1955 cuando en realidad empezó en 1952, y pasa de una época a otra con gran facilidad (por ejemplo, en la p. 48, de los años 50 a los 70). Aplica criterios de unas épocas a otras: por ejemplo, afirma que, en los comienzos de los años sesenta, la causa por la que las familias enviaban a sus hijos a los colegios del Opus Dei era "el clima español de creciente libertad de costumbres".

3. En el lecho de muerte

Afirma el autor, al hablar del final del expediente jurídico del Opus Dei, que "la última firma de Pío XII se consiguió literalmente en su lecho de muerte. Parece que incluso el documento original conserva las huellas de esa circunstancia" (p. 24). Sin embargo, en el párrafo siguiente aparece la fecha correcta de la aprobación definitiva de la Obra: el 16 de junio de 1950. Y Pío XII murió el 9 de octubre de 1958.

4. Una audiencia con Pío XII

Se lee en la p. 21 el relato de la audiencia de D. Alvaro del Portillo con Pío XII, que se sitúa en el año 1945: "Poco después, Alvaro del Portillo, ya ingeniero de Caminos y vestido con el uniforme de gala del cuerpo, presenta por primera vez a Pío XII un proyecto de Institutos seculares y de Constituciones del Opus Dei". Y continúa diciendo: "el proyecto iba preparado con el mismo formato con que se preparan en España los proyectos de los ingenieros de Caminos y había cierta sensación de que aquello impresionaría allí". Todo por una razón: se esperaba "«que en la Curia romana estuvieran menos adelantados en materia de métodos y sistemas». Un monseñor agregado a la embajada de España en Roma, llamado Ussía, preparó la entrevista y ayudó en ese primer contacto oficial".

Este texto muestra elocuentemente cómo se ha elaborado el libro. En primer lugar, la audiencia no tuvo lugar ese año, sino el 4 de junio de 1943. En segundo lugar, la documentación presentada no incluía ningún proyecto de Instituto Secular. En tercer lugar, resulta pueril asegurar que se pretendía impresionar a la Curia Romana con… una encuadernación o formato. Y en cuarto lugar, D. Marcos Ussía no era Monseñor en aquella época, ni agregado de la Embajada de España, ni siquiera sacerdote se ordenó en 1949 , sino un joven seminarista de Vitoria. Fue nombrado Prelado de honor muchos años más tarde, en 1959.

5. De la Escuela del Debate a la Oficial

Afirma el autor: "Parece que Escrivá fue introducido en la Escuela de periodismo del Debate y allí se familiarizó con las consignas propagandísticas de la Iglesia oficial" (p. 59). En realidad, Mons. Escrivá fue profesor de Etica General y Moral Profesional en la Escuela Oficial de Periodismo de Madrid, fundada y dirigida por D. Pedro Gómez Aparicio, como consta en numerosos perfiles biográficos que se han publicado desde hace décadas.

Por otra parte, en este punto aparece una de las contradicciones internas del libro. Dice en la p. 59 que su primer contacto en los años 30 fue "en los ámbitos de la Accion Católica y en particular de los propagandistas". Afirma luego falsamente como hemos visto que se introdujo en El Debate. ¿Cómo conciliar esta afirmación con lo que se dice en la p. 17, donde se asegura que había "cierta confrontación, desde un primer momento, con la Acción Católica y en particular con la Asociación de Propagandistas?" Si la había, ¿por qué le ofreció Herrera (cosa que no menciona) la dirección de la Casa del Consiliario? ¿Cómo es posible entonces que un sacerdote del Opus Dei fuese, a petición de los interesados, Consiliario de la Juventud Universitaria de Acción Católica desde 1949 a 1951? (Vid. 1000 nombres de la Iglesia de España, p. 643).

6. El título de Licenciado

Se afirma en el libro: "Yo incluso dudo mucho de que hubiera estudiado derecho. Nunca vi su título de Licenciado" (p. 19). Como consta en el expediente académico personal que se conserva en el Archivo de la Facultad de Derecho de la Universidad Complutense de Madrid, Mons. Escrivá de Balaguer inició en 1923 sus estudios de Derecho en la Universidad civil de Zaragoza, donde obtuvo el grado de licenciado el 15 de marzo de 1927. Esa Universidad le expidió el título el 12 de junio de 1934, y fue enviado al Rectorado de la Universidad de Madrid para su entrega al interesado el 22 de agosto de ese mismo año. También se conserva la orla de promoción de Mons. Escrivá de Balaguer en la que aparece con otros alumnos que concluyeron la carrera ese año.

7. Eijo y Garay y el Opus Dei

Se afirma también que a Eijo y Garay "le costó trabajo aceptar la labor de Escrivá" (p. 18). La realidad histórica fue muy distinta. Fue el Patriarca quien animó en varias ocasiones al Fundador del Opus Dei a presentar la documentación pertinente para la aprobación como Pía Unión el 19 de marzo de 1941. Y el 24 de mayo de 1941 escribía al Abad-Coadjutor de Montserrat, Dom Aurelio M. Escarré, refiriéndose al Opus Dei: "Desde que se fundó en 1928 está tan en manos de la Iglesia que el Ordinario diocesano, es decir, o mi Vicario General o yo, sabemos, y cuando es menester dirigimos, todos sus pasos; de suerte que desde sus primeros vagidos hasta sus actuales ayes resuenan en nuestros oídos y… en nuestro corazón. Porque, créame, Rmo. P. Abad, el Opus es verdaderamente Dei, desde su primera idea y en todos sus pasos y trabajos".

Por otra parte, esa afirmación resulta contradictoria con el mismo contenido del libro: en la p. 20 se presenta a Mons. Eijo y Garay como el defensor de Mons. Escrivá de Balaguer frente a las insidias. En este mismo sentido, dice en la p. 23 que todos los Obispos dieron su visto bueno a la aprobación del Opus Dei. Y en la p. 62 se afirma que en ese periodo tenía "confrontaciones con el mundo eclesiástico", salvo con Eijo y Garay.

8. El Opus Dei y el Concilio

Se afirma que Mons. Escrivá de Balaguer se alinea con las "corrientes integristas y anticonciliares de la Iglesia" (p. 156); que durante el tiempo del Concilio "se prohibía internamente la lectura y el comentario de los documentos conciliares" (p. 26), etc. La realidad también difiere notablemente en este caso de la afirmación señalada. En el Concilio intervenían, como Padres Conciliares, varios miembros del Opus Dei. En especial, el actual Prelado, Mons. Alvaro del Portillo: en las etapas previas del Concilio Vaticano II, fue Presidente de la Comisión Antepreparatoria para el Laicado y formó parte de otras Comisiones preparatorias; más tarde fue designado entre los cien primeros peritos del Concilio. En los años de desarrollo del Concilio fue Secretario de la Comisión sobre la Disciplina del Clero y del Pueblo Cristiano y Consultor de otras Comisiones Conciliares: la de Obispos, la de Religiosos, la de la Doctrina de la Fe, etc. Pablo VI le nombró Consultor de la Comisión postconciliar sobre los Obispos y el Régimen de las Diócesis, de la S. C. para la Doctrina de la Fe y de la S. C. para el Clero.

El Fundador del Opus Dei, a raíz de una audiencia con Juan XXIII, escribió una carta a los miembros del Opus Dei el 2 de julio de 1962, para que se le unieran en agradecimiento por haber tenido otra vez "el honor y la alegría" de ver al Papa, y pidiéndoles oraciones "por el feliz éxito de esa gran iniciativa que es el Concilio Ecuménico Vaticano II".

Son numerosos y cualificados, por otra parte, los testimonios de personalidades eclesiásticas en los que se reconoce a la doctrina de Mons. Escrivá de Balaguer como figura precursora del Concilio Vaticano II. Pueden citarse, entre otros: Card. Baggio (Avvenire, Milán, 26-VII 75), Card. Frings, Card. Casariego (L'Osservatore Romano, 14-VII 75), Card. König (Corriere della Sera, Milán, 9-XI 75), etc.

Además, en ese Concilio está el punto de partida para la figura jurídica definitiva del Opus Dei: la Prelatura personal; y fueron los textos del Concilio los que recogieron la llamada universal a la santidad, que había venido recordando desde hacía treinta años el Fundador del Opus Dei. Entre otros muchos ejemplos, cabe recordar que un miembro del Opus Dei publicó la versión castellana de todos los documentos del Vaticano II (Ed. Palabra, 1968).

9. La "batalla campal" del César Carlos

Se elevan anécdotas irrelevantes a la categoría de acontecimientos. Por ejemplo, se deforma la realidad en la p. 63 al contar el pequeño incidente entre estudiantes universitarios del César Carlos y la Moncloa. Cuenta que "un grupo de numerarios fue al «César Carlos» y organizó una batalla campal a puñetazos. Aunque aquello no pasaba de ser un lance estudiantil, reflejaba las tensiones entre hombres, casi todos doctores, que, con el tiempo, llegarían a la cúspide del poder franquista y pelearían entre sí por el mayor control de la situación". Efectivamente, estudiantes que residían en el César Carlos fueron una noche a insultar con cantos al Opus Dei y a su Fundador; y una o dos noches después, cinco o seis residentes de la Moncloa fueron al César Carlos para pedir explicaciones: el único puñetazo fue el que dio Antonio Salgado miembro de la Obra, y conocido falangista y activo miembro del SEU a Pío Cabanillas. Calificar de doctores a casi todos y afirmar que llegarían a la cúspide del poder franquista resulta, cuando menos, una exageración. Difícilmente se podría presentar este suceso como un precedente de posteriores disputas sociales, cuando la afiliación política de ese miembro del Opus Dei contradice el simplista esquema de esas supuestas disputas.

10. La constructora EOSA

Se afirma, en el deseo de vincular al Opus Dei con actividades libres de sus miembros, que tres personas de la Obra crearon una empresa Eosa (Edificios y Obras S.A.) "que pudieran suministrar materiales o servicios a las obras del Consejo" (pp. 33 34).

Sin embargo, la realidad es que la Empresa Eosa, como se puede verificar fácilmente en sus archivos y como consta por los testimonios de Fernando Valenciano, que trabajó en ella durante 30 años, desde 1945, no construyó nunca nada para el Consejo Superior de Investigaciones Científicas.

11. Unos Ministros en Irún…

Afirma el autor que "el Fundador decidió e hizo cumplir que cada vez que él llegara a España lo fueran a esperar, junto a las autoridades de la Obra, todos los ministros de Franco pertenecientes a ella" (p. 72). Y llega a decir que eso hacía que tuvieran que desplazarse a veces desde Madrid hasta Irún. Los hechos descritos en este relato, descalificado por el testimonio de los aludidos, no ocurrieron nunca: ni a ellos, ni a ninguna otra persona, en razón de su cargo público, les pidió semejante cosa.

12. …y otros en Santiago de Compostela

Con objeto de vincular a Carrero Blanco con el Opus Dei, se afirma que "veraneaba en Galicia y un día le invitaron a una Residencia del Opus Dei en Santiago, «La Estila», donde había un acto académico en el que dio una conferencia López Rodó sobre la reforma administrativa. A Carrero le gustó mucho" (p. 67). Pero ni Carrero veraneaba en Galicia ni asistió jamás a una conferencia de López Rodó en «La Estila». El ministro que presidió el acto al que se refiere el libro fue D. Jesús Rubio García-Mina, Ministro de Educación. Se sigue diciendo que "los años 53, 54, 55 y 56 son años de la consolidación de la influencia política de López Rodó" (p. 68). En realidad, la entrada en política de López Rodó no tuvo lugar ni en el 53, ni en el 54, ni en el 55, y por poco, ni en el 56. El primer nombramiento político de López Rodó, como Secretario General Técnico de la Presidencia del Gobierno, tuvo lugar a finales del 56: concretamente el 14 de diciembre.

13. Empresas y empresarios

Toda la historia que se hilvana en estas páginas sobre Ruiz Mateos, basada en la dependencia económica-religiosa del empresario a Luis Valls, al que coloca, por ser "superior interno con competencias espirituales y temporales", en la "cúpula del poder religioso y temporal", carece de fundamento: Ruiz Mateos no pidió la admisión hasta 1964 y Luis Valls no fue en los años 6O lo que el autor llama "superior interno" (p. 55 §2). Valls cesó en el cargo que ocupaba en la Comisión Regional de España en 1961. Además, durante el tiempo que ocupó ese cargo, no tenía competencias temporales como no las tiene ningún Director.

No es verdad que en las empresas de Ruiz Mateos trabajaran cientos de supernumerarios y cooperadores: trabajarían algunos, los que quisieran, con absoluta libertad, tanto por parte del interesado como por parte de Ruiz Mateos; muchos siguieron a su lado profesionalmente y otros tuvieron las naturales diferencias profesionales con él, con total libertad. Son falsas las afirmaciones sobre supuestas entregas monetarias al Opus Dei (p. 55 §4). La Oficina de Información del Opus Dei en España ha precisado exhaustivamente la realidad.

14. Lucidez madura

Por este camino, todo lo sobrenatural queda relegado a puro interés o necesidad económica, material o coyuntural. Se llega a afirmar que la Sección de mujeres nace por problemas de intendencia (p. 104) y la labor con personas casadas para apoyar el apostolado juvenil (p. 108 109). Aparecen otras afirmaciones que no resisten el más somero análisis: el autor pretende demostrar que todo el Opus Dei vivió prácticamente durante cinco o seis años (los años de construcción del C.S.I.C.) a costa de los honorarios de uno de los declarantes (p. 34 §5). Se lee que "muchas voluntades eran contrariadas hasta el borde del suicidio" (p. 149); que había en Roma, donde vivía el Fundador, docenas de cajas de bombones "por si le apetecía uno" (p. 107); que "en una ocasión pidió la séptima tortilla porque las seis anteriores no estaban a su gusto" (p. 107); que en la posguerra los miembros del Opus Dei jugaban al fútbol, pero "los de mejor origen social, practicaban el montañismo" (p. 99); que existe "el conocido precepto de pedir permiso incluso para beber agua entre comidas" (p. 20); etc., etc.

El autor considera que esto es criticar "el fenómeno Opus Dei desde una lucidez madura" (p. 11).

15. Otras contradicciones

Las contradicciones internas son frecuentes en las obras de este autor contra el Opus Dei. En El Opus Dei, una interpretación ofrecía un buen elenco (pp. 11, 13, 81, 89, 126, etc.). Afirmaba, por ejemplo, que no conocía obreros del Opus Dei y aseguraba a continuación "que se ganan adeptos en el obrero seducido por la sociedad de consumo" (p. 47). En este nuevo libro se descubren con facilidad numerosas contradicciones internas.

Dice que tras el Concilio Vaticano II "se congela la investigación teológica propia" (p. 117), cuando precisamente una de las cosas que hizo el Fundador para activar la investigación teológica tras el Concilio fue… fundar una Facultad de Teología en Navarra.

Se establecen leyes generales que luego desmienten las propias declaraciones. Por ejemplo, refiriéndose a la imaginaria "persecución" que dice padecer uno de sus declarantes, afirma el autor: "La problemática de la salida y posterior persecución del Opus Dei suele seguir, corporativamente, esa línea de obstrucción profesional por los superiores de la Obra" (p. 163). Después de establecer la ley general, no se demuestran casos concretos: uno de sus declarantes afirma que después de abandonar su vocación "me querían traer a su esfera de influencia, proponiéndome unas colaboraciones que nunca llegaron a plasmarse o la participación en una enciclopedia, en la cual aparezco al lado de personas de su grupo" (p. 160). No se entiende cómo esto puede significar una persecución.

En la página 11, afirma Moncada que uno de los declarantes "tuvo que sufrir una de las persecuciones más tenaces" al abandonar la Obra (p. 11). La realidad fue muy diferente: jamás nadie hizo lo más mínimo para perjudicarle, entre otras cosas, porque esa persona vivía voluntariamente aislada y pocos advirtieron su marcha. Más aún, un miembro del Opus Dei se puso en relación con él, en esas circunstancias, para intentar ayudarle en lo que necesitase, como siempre se ha hecho. Y el aludido explica claramente en la p. 164: "en ningún momento me he sentido perseguido por el Opus Dei". Otro atestigua: "conservo amigos maravillosos" (p. 121). Y testimonia que encontró en los socios de la Obra de lo años 30 y 40 "una gran generosidad. La encuentro aún. También en muchos otros de mi generación y en algunos que he tratado hasta 1979. Los he querido y los quiero" (p. 128). Y al describir el itinerario biográfico de otra persona queda de manifiesto la ausencia de cualquier persecución. En este caso, no sólo la realidad de las cosas, sino también el mismo testimonio de la mayoría de los interlocutores contradicen al autor.

IV. FALSEAMIENTO DE LA VIDA Y DE LAS ENSEÑANZAS DE MONS. ESCRIVA DE BALAGUER

1. Frases falsas

Se le describe al Fundador del Opus Dei como un oportunista que acomodó el mensaje del Opus Dei a las circunstancias cambiantes de los momentos que le tocó vivir. Esa valoración es totalmente contraria a lo que muestran los diversos estudios históricos, bien documentados, que han aparecido sobre el Opus Dei. Se deduce de ellos que hay un rasgo decisivo y fundamental en el actuar de Mons. Escrivá de Balaguer: su continua fidelidad al carisma fundacional.

Además, sin esa fidelidad no se entendería ni su oración ni su trabajo constante a lo largo de varias décadas para lograr la fórmula jurídica que respondiese plenamente a ese carisma fundacional. La perfecta sintonía entre sus escritos a lo largo de los años (desde los 30 a los 70) son un testimonio irrecusable de esa fidelidad.

Para dar una aparente fundamentación a su personal interpretación, tanto el autor como algunos de sus declarantes ponen en labios del Fundador numerosas frases que jamás pronunció, y cuentan hechos que no sucedieron nunca.

Es falso que el Fundador "hubiera dejado en penumbra siempre las conocidas dificultades económicas de sus padres" (p. 127). Mons. Escrivá había hablado repetidas veces a lo largo de su vida de esa circunstancia que le hizo conocer la penuria económica, y agradecía a Dios la dignidad y sentido sobrenatural con las que sus padres la sobrellevaron.

Nunca dijo: "somos ese resto de Israel, elegido por Dios para iniciar la conversión" (p. 29). Y tampoco afirmó que había que situar a una "nueva aristocracia de la inteligencia en la cúspide de todas las actividades humanas" (p. 92). El autor confunde dos frases en una. La idea que Mons. Escrivá repetía es que había que poner a Cristo en la cumbre de todas las actividades humanas, y que había que promover entre personas de toda condición social, y especialmente entre los intelectuales, una efectiva vida cristiana en medio de las realidades ordinarias de su vida, para la santificación de su trabajo profesional. Las confusiones de este tipo son frecuentes a lo largo del libro.

Estas afirmaciones resultan, en ocasiones, calumniosas. El Fundador del Opus Dei jamás hizo promesas de influencia política o comercial a cambio de favores, como afirma el autor sin aportar ninguna prueba en la p. 53 §2 y 3. Se conservan, por el contrario, numerosísimas cartas en las que Mons. Escrivá de Balaguer se niega a hacer las recomendaciones que le piden; lo dice de forma delicada, pero muy clara (por ejemplo, la que escribió el 23.II.43 a D. Epifanio Lorda; el 29.III.57 al doctor D. César Serrano; el 20.IV.61 a D. Domingo Fumanal; en diciembre de 1969 a Mauricio Albás, etc.).

Tampoco dijo nunca (p. 37) que "el fin justifica los medios". Por el contrario, predicó constantemente la rectitud y la honradez en todas las actuaciones humanas y subrayó, de acuerdo con las normas de la moral, que el fin no justifica los medios.

Es falsa también la frase, y el sentido que le da el autor, puesta en labios del Fundador del Opus Dei, acerca de fundaciones de frailes y monjas "que nacen para hacer cosas evángelicas y terminan dedicándose a educar niños ricos" (p. 15). Mons. Escrivá manifestó constantemente, con palabras y con obras, su amor al estado religioso, como atestiguan numerosas comunidades de religiosos, y una entrega constante a todos.

Son falsas las palabras que pone en labios del Fundador del Opus Dei contra el Papa Pablo VI (p. 27). Su actitud fue muy distinta a la que describe en el §3. El nombre del nuevo Papa se supo, aproximadamente, a las 12 de la mañana del 21 de junio; y las primeras palabras que un grupo numeroso de miembros de la Obra oyó de su Fundador fueron, casi textualmente: "no puedo olvidar que la primera mano amiga que encontré en Roma fue la de Mons. Montini". Y añadió, lleno de fe, que estaba seguro que durante ese pontificado se darían los primeros pasos para la solución jurídica del Opus Dei. Eran las dos de la tarde.

Y es falso también el juicio sobre Pablo VI: "Montini no apreciaba la fogosidad y el talante de Escrivá" (p. 26). Este juicio de intenciones contradice los testimonios que constan documentalmente, que incluyen palabras de estímulo y aliento de Pablo VI hacia el Fundador. El 1 de octubre de 1964 dirigió un quirógrafo a Mons. Escrivá de Balaguer en el que le manifestaba: "consideramos con paterna satisfacción cuanto el Opus Dei ha realizado y realiza por el Reino de Dios; el deseo de hacer el bien que lo guía; el amor encendido a la Iglesia y a su Cabeza visible que lo distingue; el celo ardiente por las almas, que lo empuja hacia los arduos y difíciles caminos del apostolado de presencia y de testimonio en todos los sectores de la vida contemporánea".

Dice un declarante: "Yo le oí muchas veces decir lo que él luego escribió en la Instrucción de San Gabriel y es que nosotros no tendríamos nunca Universidades" (p. 78). En realidad, esa Instrucción no afirma tal cosa. La única referencia que incluye a la Universidad aparece en una relación de los ámbitos en los que los fieles del Opus Dei pueden prestar su servicio a la sociedad y a la Iglesia. Por el contrario, lo que el Fundador del Opus Dei declaró en repetidas ocasiones es que llevaba rezando muchos años por la creación de lo que luego sería la Universidad de Navarra.

2. Frases desfiguradas

Inducen también a error las frases que son ciertas en sí mismas, pero que quedan desfiguradas en el contexto, de tal forma que adquieren un sentido distinto al que el Fundador quiso darle.

Al referirse a los comienzos, se afirma que el Fundador del Opus Dei hablaba de la "obediencia ciega", en un sentido distinto al que le daba cuando empleaba esta expresión. Si en algún momento escribió (Camino, n. 941) que había que obedecer ciegamente, es preciso entender este término que indica la disponibilidad plena que requiere la obediencia cristiana en el contexto de sus constantes enseñanzas sobre esta virtud. En otro escrito de esa época afirma: "Obedecer dócilmente. Pero con inteligencia, con amor y sentido de responsabilidad, que nada tiene que ver con juzgar a quien gobierna (Surco, p. 372). Desde el principio, especificó concretamente que la obediencia en la Obra no debe ser perinde ac cadaver, como si se tratara de una obediencia irresponsable. El ejercicio de esta virtud supone una perfecta comprensión del fin, y una amplísima iniciativa en la disposición de los medios. La obediencia se enseña a vivir en el Opus Dei, a diferencia de como la presenta el autor (sumisión ciega, gregarismo fanatizado, etc.), como una virtud propia del espíritu cristiano, virtud necesaria para los que quieren reproducir en su vida los sentimientos de Jesucristo, que se hizo obediente hasta la muerte y muerte de Cruz. Por otra parte, el objeto de esa obediencia, dentro del Opus Dei, cae siempre en el ámbito de los fines específicos de la Prelatura: la santidad personal y el apostolado.

En otro momento, el autor afirma que, cuando el Fundador indicaba que había que tener fe en la Iglesia "a pesar de los pesares", aludía en tono acusatorio "al pontificado autoritario de Pío XII" (p. 22). El mismo Fundador explicaba el sentido de esa frase: se refería a todas las miserias humanas, pese a las cuales la Iglesia es santa; solía decir a su interlocutor como consta en numerosos testimonios , si le preguntaba a qué se refería: "a mis pecados personales y a los tuyos" (Cfr. Es Cristo que pasa, 131).

Se dice que "Escrivá no tuvo la menor duda, a la hora de estallar la guerra civil, de que su lugar y el de su apostolado, estaba en la zona nacional a la que se pasó cuando pudo" (p. 60). La realidad histórica es que dudó antes de pasar; y que lo hizo guiado por razones apostólicas, y porque por su condición de sacerdote se encontraba en constante peligro de muerte. No es correcta la interpretación de esa actitud como una manifestación de "fervor nacionalista". Mons. Escrivá alentó en su predicación a la virtud cristiana del patriotismo, pero nunca al nacionalismo en su sentido excluyente.

Carece de fundamento la afirmación de que en Camino "pueden rastrearse notorias referencias a lo que el mundo católico español llamaría la Cruzada" (p. 60 §6), cuando es notorio que gran parte de los puntos de Camino se contienen en Consideraciones Espirituales, publicado antes de la guerra civil, en 1934. Dice el autor que el Fundador del Opus Dei "respiraba un clima de nacionalcatolicismo" (p. 150). Sin embargo, basta comparar los primeros escritos del Fundador del Opus Dei (Camino, Surco, Forja) con otras publicaciones posteriores (por ejemplo, Es Cristo que pasa, Amigos de Dios) para observar que contienen una doctrina homogénea y que no hay en ellas el menor rastro de lo que algunos llaman nacionalcatolicismo.

3. Reduccionismos e interpretaciones parciales

Son numerosas además las injurias directas contra el Fundador y los errores en la interpretación de su actuación y sus enseñanzas: (pp. 13, 15, 19, 22, 24 27, 36 37, 47, 53, 61, 63, etc., etc.).

Las referencias que intentan presentar al Fundador del Opus Dei alentando empresas con finalidad económica son particularmente insidiosas. Cuando los miembros de la Obra han promovido este tipo de empresas lo han hecho siempre en el ejercicio de su libertad y bajo su exclusiva responsabilidad personal. La institución no tiene nada que ver con ellas. Por eso, uno de los declarantes, que ejercía en el momento en que sitúa su relato un cargo de gobierno en el Opus Dei, tuvo que oír de labios del Fundador esta respuesta al hablar de "nuestras empresas" refiriéndose a las que libremente promovían los miembros del Opus Dei: "¿qué empresas tienes tú, si ninguno de los Directores nos hemos metido en eso?" Y Mons. Escrivá hizo que se escribiera una nota para corregir ese error.

El autor interpreta en sentido puramente temporal la actitud del Fundador cuando afirma que insistía "en la necesidad de conseguir puestos docentes" (p. 142), como manifestando una apetencia de poder. Todos los testimonios orales y escritos que se poseen muestran con unanimidad que Mons. Escrivá de Balaguer recordó la necesidad de convertir todas las profesiones en instrumento de servicio a los demás, de santificación y de apostolado.

El autor fuerza el sentido de las palabras cuando interpreta el "apostolado de la mala lengua" (que está claramente explicado en Camino, p. 580) como "la adopción de actitudes machistas" (p. 143). Añade: "También muchos postulantes fueron introducidos allí en el uso del tabaco asociado a la normalidad masculina" (p. 143).

Afirma en otro momento que Mons. Escrivá formó parte "del grupo de sacerdotes que daba ejercicios espirituales al General" Franco, y que "mantenía largas conversaciones con él acerca de la unión entre la Iglesia y el Estado, que luego sus críticos vendrían en llamar nacionalcatolicismo" (p. 62). En realidad, el Fundador del Opus Dei no formó parte de ningún grupo, y entre los numerosísimos ejercicios espirituales que predicó en esa época, sólo uno estaba dirigido al general Franco. Peter Berglar cuenta en su libro (o.c., p. 327) una anécdota mucho mejor documentada: "Cuando Mons. Escrivá de Balaguer, en los años cuarenta, dirigió unos días de retiro espiritual al Jefe del Estado y a su familia, consideró que no le vendría mal una meditación sobre la muerte. El Jefe del Estado escuchó con atención sus consideraciones espirituales sobre este punto y dijo que, desde luego, había pensado alguna vez en este asunto y que tenía tomadas las medidas oportunas. Se ve que en aquel momento la muerte para él significaba fundamentalmente un problema político… Más tarde, cuando el Obispo de Madrid tuvo conocimiento del hecho, le comentó en la primera ocasión en que coincidieron: «Después de ésta en España nunca será Obispo…». «Me basta contestó el Fundador del Opus Dei ser sacerdote». También en Franco veía, antes que nada, un alma".

4. Amor a la libertad

En varios momentos se relata la actuación de miembros de la Obra en actividades temporales y se pone en entredicho la libertad con la que desarrollaban esas actividades. Cuando el Fundador estimulaba a estar presentes en todo el tejido social, lo hacía con respeto a la libertad personal. En esos ámbitos, los miembros del Opus Dei, como cualquier fiel cristiano, gozan de la más completa libertad para formar su criterio: no tiene más límite que la ley de Dios y la fidelidad a la Iglesia santa. Para comprobar esto basta acudir a la realidad histórica. Por ejemplo, en el caso concreto de España, los miembros de esta institución de la Iglesia han mantenido posturas muy diversas, y en muchos casos contrapuestas, durante el régimen franquista y el periodo democrático. Se trata de una realidad tan patente que incluso aparece en alguna de las declaraciones recogidas en el libro: "era muy difícil presionar en aquellos hombres" (p. 73).

Se habla de una supuesta "maniobra del Padre Escrivá que movía los hilos desde Roma y pretendía aparentar una confrontación de ideas" (p. 47). Las personas del Opus Dei que actuaron en la vida pública durante esos años han testimoniado públicamente su libertad de actuación, sin presiones de ningún tipo. Por el contrario, siempre que tenía ocasión el Fundador del Opus Dei recordaba la libertad política de la que gozan todos los miembros e insistía en la necesidad de respetar la libertad y la opinión de los demás: cada uno hace lo que quiere en lo temporal, siempre que no se aparte de la fe católica; pueden defender todas las opiniones compatibles con la fe católica.

Se afirma también que "la gente de la Obra se siente particularmente incómoda en la sociedad pluralista" (p. 170). Esta afirmación gratuita contradice un hecho históricamente innegable: algunos miembros del Opus Dei han participado, con plena autonomía y responsabilidad personal, en la vida pública de la democracia.

Se califican como "disensiones" a las consecuencias lógicas del pluralismo de opciones políticas entre los miembros de la Obra, cuando es, precisamente, una muestra de la libertad de la que gozan en asuntos temporales. Una anécdota elocuente en este sentido: en 1953 el Secretario General del Opus Dei y el Consiliario de España estaban preocupados por la campaña de prensa falangista contra algunos miembros de la Obra Florentino Pérez Embid, Rafael Calvo, etc. , que habían comenzado a actuar en política. Aprovechando el paso por España de Mons. Escrivá de Balaguer, fueron a verle los dos a Molinoviejo, una casa de retiros en la provincia de Segovia. Estando presente D. Alvaro del Portillo, preguntaron al Fundador del Opus Dei si sería oportuno para acallar esa campaña indicar a esos miembros del Opus Dei que abandonaran durante algún tiempo su libérrima actuación política. Mons. Escrivá de Balaguer les contestó muy claramente, de acuerdo con lo que había vivido siempre, que no tenían ningún derecho a dar esa indicación; que su deber como directores era respetar la libertad de actuación de cada uno de los miembros de la Obra. Y, para expresar gráficamente ese criterio que conocían bien, porque lo habían oído y se había practicado siempre en la Obra y porque lo habían transmitido a los demás , les dijo que, cuando canonizaran a algunos fieles del Opus Dei, los representarían en los retablos con unas rosas en las manos que se abrían solas; y añadió: "pero no hay rosas sin espinas, lo que sucede es que, de ordinario las espinas me tocan a mí". Entendieron que, para respetar la libertad, para defender los derechos de cada persona, tenían que soportar con paciencia esa contradicción de la campaña de prensa.

V. FALSEAMIENTO DE LA REALIDAD DEL OPUS DEI

Como consecuencia de todo lo anterior, la realidad del Opus Dei queda fuertemente desfigurada. Se citan sólo algunos ejemplos indicativos.

1. El director "típico"

El autor utiliza numerosos clichés para describir distintas situaciones en el Opus Dei, como el cliché del director "típico" de obras corporativas: "un supernumerario mayor, poco intelectual" o un militar, porque "se muestran mucho más fiables" (p. 156). La realidad de las cosas desmiente esta afirmación. Ignora, además, la condición secular de los miembros del Opus Dei que es su situación de hecho y de derecho cuando afirma que algunos numerarios llevan "un estilo de vida casi conventual", que apenas se rozan con "la realidad exterior" (p. 157).

2. Problemas con la madurez

Se lee que "aquellos estudiantes de los años treinta (…) se dedicaban al estudio y al apostolado. Sería después de la guerra, con la madurez profesional, cuando empezarán los verdaderos problemas" (p. 141). El declarante manipula un caso particular (una crisis de vocación, que se pretende hacer coincidir con el desarrollo de la vida profesional) y lo convierte en un rasgo histórico de toda una generación. ¿Qué sucede entonces con los numerosos miembros del Opus Dei que han sido fieles a su vocación y que han alcanzado un sólido prestigio profesional, sin pasar necesariamente por los "verdaderos problemas"?

3. Poca gente con inquietudes intelectuales

"Conocí a muy poca gente con inquietudes intelectuales se afirma-interesada en leer otras cosas que no estuvieran relacionadas con los estudios y la profesión: igualmente, pocos con preocupaciones artísticas". En otro momento se asegura que "la poca gente que se dedicaba en serio a ello abandonó la institución o sus preocupaciones intelectuales" (p. 94). Estos presupuestos que se presentan rígidos y concluyentes no se sostienen ante unos hechos evidente: con el ambiente que se describe no se hubieran podido formar los numerosos intelectuales españoles, periodistas, profesores universitarios, etc., como el futuro creador del Consejo de Investigaciones Científicas, un Director General de Bellas Artes, catedráticos, académicos prestigiosos o pintores como Delapuente, a los que el autor no ha considerado como "excepciones" (como en el caso de Calvo Serer), sino representantes arquetípicos del Opus Dei. Frente a estas simplificaciones, se encuentra el ejemplo de numerosos miembros del Opus Dei (tanto Numerarios y Agregados, como Supernumerarios) que se dedican activamente a tareas intelectuales y que han alcanzado gran prestigio en el marco universitario y científico.

4. Jóvenes con poco interés por la teología y la mística

Se puede hacer una valoración semejante de las afirmaciones siguientes sobre los jóvenes del Opus Dei de los primeros tiempos: "Tampoco había mucho interés por la religión, en su sentido teológico o místico" (p. 144). Esta afirmación, que olvida de paso los estudios institucionales de teología y filosofía que desde el primer momento comienzan a realizar los numerarios del Opus Dei, refuerza los rasgos de normalidad y de espíritu laical de los primeros miembros del Opus Dei. El interés por la mística no era ni es habitual en el ambiente cotidiano de un joven de primeros cursos de universidad. Lo que interesa habitualmente en esa edad es vivir las virtudes propias de un buen cristiano y poseer la formación doctrinal adecuada.

5. Los Obispos y los demás

En el Opus Dei los sacerdotes numerarios que son nombrados Obispos viven con normalidad en el ambiente familiar de la Obra, sin ceremonias de ningún tipo; por tanto no se les besa la mano, ni hay ceremonias especiales con ellos, entre otras razones porque están en su casa, con sus hermanos, y cada uno procura no singularizarse. El trato con todos es sencillo, espontáneo y natural, sin solemnidades ni protocolos.

En la p. 29 §3 se deforma esta norma de conducta, clara y razonable. Lo que es manifestación espontánea de cariño (besar la mano al Fundador) se presenta como obligación impuesta; lo que responde al comportamiento natural de una persona en su hogar se presenta como servilismo.

6. Desconocimiento de instituciones eclesiásticas

Algunas valoraciones del libro evidencian una ignorancia notable acerca de las realidades de la Iglesia. Por ejemplo, la siguiente afirmación referida al Fundador: "Llegó incluso a introducir en la burocracia curial a dos o tres numerarios que fueron componiendo la tela de araña de la influencia" (p. 25). La ignorancia va unida, en este caso, a la falta de coherencia interna: en la misma página, líneas más abajo, se lee que los Obispos les daban "tareas eclesiásticas de corte tradicional, que generalmente ellos rehusaban". No se entiende que rehusaran si buscaban tener influencia.

Se da a entender que el rectorado del Patronato de Santa Isabel de Atocha era un reducto que encontró tras la guerra civil ("allí se refugia con su gente", dice en la p. 17), cuando ese rectorado se lo había concedido el gobierno de la República. El 31 de enero de 1934, el Director General del Ministerio de la Gobernación para los asuntos de la extinguida Real Casa acordó acceder a que ocupara la casa destinada al Capellán. El 11 de diciembre del mismo año, un Decreto oficial firmado por Niceto Alcalá-Zamora, Presidente de la República, y por Oriol Anguera de Sojo, Ministro de Trabajo, le designaba como Rector del Patronato de Santa Isabel.

7. El Opus Dei, Prelatura personal

Se describe el empeño del Fundador por alcanzar una forma jurídica clara y adecuada a la realidad del Opus Dei como una doble estrategia: "por una parte, lograr un régimen jurídico autónomo, en el sentido de que la jerarquía ordinaria de la Iglesia no tuviera la posibilidad de intervenir en la gestión del Opus y por otra, constituirse en entidad individual, que no hubiera más que un solo ejemplar, el suyo, de la nueva modalidad canónica a establecer" (p. 19). Esta afirmación supone el desconocimiento de esta nueva institución de la Iglesia en la que la potestad del Prelado ordinaria de régimen o de jurisdicción se refiere exclusivamente al fin específico de la Prelatura, dejando siempre a salvo los derechos del Ordinario del lugar. Numerosos obispos han expresado públicamente su reconocimiento ante los frutos de esta realidad, garantizada además por los documentos jurídicos correspondientes. La Declaración de la Congregación para los obispos, publicada en la edición semanal en lengua española de L'Osservatore Romano el 5.XII.82, establece las normas para "la coordinación pastoral con los Ordinarios del lugar y la fructuosa inserción de la Prelatura Opus Dei en las Iglesias locales". Entre otras cosas, dispone que "para la erección de cada Centro de la Prelatura se requiere siempre la venia previa del Obispo diocesano competente, que tiene además derecho de visitar ad normam iuris esos centros, sobre la actividad de los cuales es informado con regularidad".

Las Prelaturas personales son estructuras jurisdiccionales de carácter personal y secular, erigidas por la Santa Sede para la realización de actividades pastorales peculiares; en el caso concreto del Opus Dei, la atención espiritual de sus miembros y la difusión de una profunda toma de conciencia de la llamada universal a la santidad y al apostolado en el trabajo profesional y en la vida ordinaria. Está integrada por laicos y sacerdotes, bajo la jurisdicción de un Prelado que es su oridnario propio. Esta figura jurídica responde a los deseos del Fundador, que quería para la Obra una estructura secular de jurisdicción personal.

Por otra parte, esta configuración jurídica de la Prelatura Opus Dei no se establece en el marco de una ley privilegiada, sino del derecho común de la Iglesia (cfr. Código de Derecho Canónico, cánones 294 297).

VI. EL AUTOR

1. Alberto Moncada

Alberto Moncada Lorenzo nació en 1931. Fue miembro del Opus Dei desde 1953 a 1969. Tras abandonar esta institución ha publicado varios libros, en muchas ocasiones con afirmaciones de signo anticristiano. Algunos, como el que ahora se reseña, se dirigen contra el Opus Dei.

Aunque intenta presentar el libro como un testimonio elaborado desde el respeto a la fe (p. 11), silencia su condición de no creyente declarada públicamente en otras ocasiones y su propia actitud, con frecuencia beligerante contra principios de la fe católica. La misma realidad del libro y la de numerosos escritos del autor en los últimos años prueban esta actitud. Se muestran a continuación algunos ejemplos significativos de las premisas ideológicas declaradas por el autor, y que aparecen como hemos visto en la elaboración del libro.

2. Matrimonio y familia

Moncada critica en este libro, como en otros anteriores, la institución familiar; y si en su primer libro contra el Opus Dei presentaba la fidelidad a la doctrina católica sobre el matrimonio como una mezcla de medievalismo e imperialismo político, en éste que ahora se reseña critica el amor a la familia que enseña la Iglesia, y por tanto el Opus Dei, y ese "énfasis en los sentimientos y espíritu de servicio al marido y a los hijos" (p. 119).

Consecuente con la exaltación de "la nueva moral", abierta a todas las "liberaciones del sexo", interpreta la virtud de la castidad como "represión sexual y afectiva" (p. 157), como "un mecanismo más de manipulación autoritaria, en una fórmula de autodesprecio (…) que engancha a las personas en una dialéctica autodestructiva". "Y cuanto más sinceros, peor" (p. 158).

3. Sobre la libertad de enseñanza

Describe a la "clientela" de la enseñanza privada, como "pequeñoburguesa, fundamentalista, con miedo al cambio, que ve en peligro su paulatina ascensión económica, con los términos nefandos sexo, droga y comunismo siempre en boca…" (Diario 16, 22.XII.83). En un artículo sobre los acuerdos entre España y la Santa Sede en materias educativas, mostraba de diversos modos su aversión a la Iglesia Católica.

(tomado de Opus Dei: verdades, críticas y secretos)

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Historia oral del Opus Dei (Alberto Moncada)

El libro constituye un alegato contra la figura y la actuación del Fundador del Opus Dei y contra la realidad de la institución, de la que ofrece una imagen deformada, con rasgos únicamente negativos. A pesar de su título, no se trata de un libro de historia: no hay fuentes documentales ni aparato crítico. Se encuentran, por el contrario, numerosas acusaciones insuficientemente fundadas y, en ocasiones, contradictorias entre sí. El tono del libro tampoco es el propio de una investigación histórica, ya que refleja una postura hostil previa y muy asentada. Se ocultan o se desacalifican con simplismo los puntos de vista distintos de los del propio autor. En todo momento se ignora o se niega el rasgo fundamental del Opus Dei: su finalidad espiritual y apostólica. Como muestra del escaso rigor del libro, puede señalarse el continuo recurso al «parece que…»: tras esta fórmula se difunden suposiciones e hipótesis erróneas o indemostradas (por ejemplo, pp. 15, 17, 22, 23, 24, 59, 104, 116, 166, etc.).

Algunas falsedades y errores

Los errores son tan continuos que, para analizarlos con detalle, haría falta un volumen similar al propio libro. Se señalan a continuación algunos:
-Afirma el autor, al hablar del final del expediente jurídico del Opus Dei, que "la última firma de Pío XII se consiguió literalemente en su lecho de muerte. Parece incluso que el documento original conserva las huellas de esa circunstancia" (p. 24). En realidad, Pío XII firmó ese documento el 16 de junio de 1950, ocho años antes de su muerte (9 de octubre de 1958).
-"Parece que Escrivá fue introducido en la Escuela de Periodismo del Debate y allí se familiarizó con las consignas propagandísticas de la Iglesia oficial" (p. 59). En realidad, Mons. Escrivá fue profesor de Etica General y Moral Profesional en otro Centro: la Escuela Oficial Periodismo de Madrid, fundada y dirigida por D. Pedro Gómez Aparicio. Se trata de un dato recogido en las biografías publicadas de Mons.Escrivá.
-"Yo incluso dudo mucho de que hubiera estudiado Derecho. Nunca vi su título de Licenciado", se dice de Mons. Escrivá (p. 19). Como consta en el expediente académico personal que se conserva en el Archivo de la Facultad de Derecho de la Universidad Complutense de Madrid, el Fundador del Opus Dei inició en 1923 sus estudios de Derecho en la Universidad de Zaragoza, donde obtuvo el grado de licenciado el 15 de marzo de 1927. Esa Universidad le expidió el título el 12 de junio de 1934, y fue enviado al Rectorado de la Universidad de Madrid para su entrega al interesado el 22 de agosto de ese mismo año. También se conserva la orla de promoción de Mons. Escrivá en la que aparece con otros alumnos que concluyeron la carrera ese año.
-Se afirma que al arzobispo de Madrid, Mons. Eijo y Garay, "le costó aceptar la labor de Escrivá" (p. 18). Por el contrario, fue Mons. Eijo y Garay quien animó en varias ocasiones al Fundador del Opus Dei a presentar la documentación pertinente para la aprobación como Pía Unión, que tuvo lugar el 19 de marzo de 1941. Y el 24 de mayo de ese año escribía al Abad-Coadjutor de Montserrat, Dom Aurelio M. Escarré: "Desde que se fundó en 1928 está tan en manos de la Iglesia que el Ordinario diocesano, es decir, o mi Vicario General o yo, sabemos, y cuando es menester dirigimos, todos sus pasos, de suerte que desde sus primeros vagidos hasta sus actuales ayes resuenan en nuestros oídos… y en nuestro corazón. Porque, créame, Rmo. P. Abad, el Opus es verdaderamente Dei, desde su primera idea y en todos sus pasos y trabajos".
-Se afirma que Mons. Escrivá de Balaguer se alinea con las "corriente integristas y anticonciliares de la Iglesia" (p. 156); que durante el tiempo del Concilio "se prohibía internamente la lectura y el comentario de los documentos conciliares" (p. 26), etc. La realidad es que en el Concilio intervenieron, como Padres Conciliares, varios miembros del Opus Dei. En especial, el actual Prelado, Mons. Alvaro del Portillo: en las etapas previas del Concilio Vaticano II, fue Presidente de la Comisión Antepreparatoria para el Laicado y formó parte de otras Comisiones preparatorias; más tarde fue designado entre los cien primeros peritos del Concilio. En los años de desarrollo del Concilio fue Secretario de la Comisión sobre la Disciplina del Clero y del Pueblo Cristiano y Consultor de otras Comisiones Conciliares: la de Obispos, la de Religiosos, la de la Doctrina de la Fe, etc. Pablo VI le nombró Consultor de la Comisión postconciliar sobre los Obispos y el Régimen de las Diócesis, de la S. C. para la Doctrina de la Fe y de la S. C. para el Clero.
Además, en ese Concilio está el punto de partida para la figura jurídica definitiva del Opus Dei: la Prelatura personal; y fueron los textos del Concilio los que recogieron la llamada universal a la santidad, que había venido recordando desde hacía treinta años el Fundador del Opus Dei.

Falseamiento del sentido de las enseñanzas de Mons. Escrivá de Balaguer

El libro, a pesar de su pretendido carácter histórico, recurre a numerosos mecanismos de manipulación del lenguaje, como: cita de frases con sentido forzado o sacadas de contexto; asociación, en el mismo plano temporal, de sucesos separados por largos espacios de tiempo; generalizaciones; juicios de intenciones; suposiciones infundadas, etc. La terminología empleada no se adapta a la realidad estudiada una institución de la Iglesia Católica , sino que está tomada de contextos diversos las sectas, los sistemas dictatoriales, las estrategias políticas y empleada en sentido peyorativo. Se exponene algunos ejemplos:

-Abundan las frases tomadas de escritos de Mons. Escrivá que, en su contexto, tienen un sentido muy distinto al que propone el autor de este libro. Por ejemplo, interpreta el "apostolado de la mala lengua" como "la adopción de actitudes machistas". Esta expresión, utilizada en Camino, n. 580, expresa una realidad distinta.
-Supone el autor que, cuando el Fundador del Opus Dei indicada que había que tener fe en la Iglesia "a pesar de los pesares", aludía "al pontificado autoritario de Pío XII" (p. 22). El sentido de esta frase es explicado por el propio Mons. Escrivá: se refería a todas las miserias humanas, pese a las cuales la Iglesia es santa. Solía decir a su interlocutor como consta en numerosos testimonios su se le preguntaba a qué se refería: "a mis pecados personales y a los tuyos" (cfr. Es Cristo que pasa, n. 131).
-El libro recoge también frases inventadas o compuestas con retazos de varias afirmaciones puestas en labios del Fundador del Opus Dei. Por ejemplo, se le atribuye la expresión: "somo ese resto de Israel, elegido por Dios para iniciar la conversión" (p. 29). Ningún texto de Mons. Escrivá recoge esa expresión, que se contradice con el conjunto de sus enseñanzas. En otro momento (p. 92) se le atribuye una frase según la cual habría que situar "una nueva aristocracia de la inteligencia en la cúspide las actividades humanas". La verdadera frase del Fundador del Opus Dei: verdades, críticas y secretos)

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Opus Dei II (Jesús Ynfante)

Josemaría Escrivá es uno de los personajes de la Iglesia del siglo XX de los que se cuenta con una documentación más exhaustiva. Como todos los hombres que han promovido iniciativas de gran proyección, el estudio de su biografía está lejos de alcanzar su versión definitiva; es preciso contar con mayor perspectiva para valorar adecuadamente el alcance de su vida y de su actividad. Sin embargo, son numerosísimos los estudios que aportan aproximaciones —desde diversos ángulos— al conocimiento del fundador del Opus Dei. Jesús Ynfante presenta una nueva biografía con el pretencioso calificativo de “completa”. Desde un punto de vista historiográfico no ofrece ningún elemento original: encadena referencias ya publicadas, tomadas de fuentes de valor muy desigual. Por ejemplo, utiliza elementos de algunos de los estudios más rigurosos, generalmente fuera de contexto y adaptados a sus propios esquemas interpretativos. Toma, por otra parte, abundantes anécdotas y relatos de la bibliografía espuria y de la literatura denigratoria sobre el fundador del Opus Dei. El resultado es una mezcla heterogénea, que mantiene como único hilo conductor la imagen estereotipada y caricaturesca con la que el autor analiza a priori la figura de Josemaría Escrivá.

Esta imagen está forjada a partir de unos supuestos ideológicos frontalmente opuestos a los que definen el marco en el que se desarrollan las enseñanzas de Josemaría Escrivá: la doctrina de la Iglesia Católica. El autor es muy libre de analizar una determinada realidad desde sus propias premisas intelectuales; resulta más discutible, sin embargo, que presente el resultado como objetivo, científico o imparcial. Es un poco tramposa la división que establece entre hagiografías (según él, todo lo que se ha escrito hasta ahora sobre el fundador del Opus Dei) y biografía (la que él ahora presenta). Estamos simplemente ante una recopilación de anécdotas espurias, comentarios bufos, ironías de dudoso gusto, datos muy desiguales y deslavazados, todo ello integrado en una actitud despectiva ante el personaje, que no duda en traspasar frecuentemente los límites del insulto.

Entre los supuestos ideológicos más recurrentes de este libro se encuentra la oposición a la dictadura del general Franco. Ynfante permanece anclado en esas coordenadas culturales. Cualquier realidad que haya coincidido temporal y espacialmente con esos años de la historia de España queda marcada por la “contaminación” del franquismo. Independientemente de que su origen sea anterior a ese régimen, y de que su proyección posterior supere amplísimamente ese marco geográfico e histórico, el Opus Dei sigue siendo para el autor un retoño del franquismo y un heredero que perpetúa lo peor de aquellos años de la historia de España. Franco es, con gran diferencia, el personaje más citado a lo largo del libro; más que los colaboradores más estrechos de Josemaría Escrivá, o que las autoridades eclesiásticas de la época. Casi la mitad del libro está dedicado a la actividad de Josemaría Escrivá y de otras personas del Opus Dei en la España de Franco, y el resto de las páginas están impregnadas de referencias a esos sucesos.

El libro, en definitiva, resulta irrelevante y reiterativo. Se cuenta entre los peores que se han escrito sobre Josemaría Escrivá, con el agravante de que —en el momento en el que ha sido redactado— se dispone ya de un aparato documental que exigiría un estudio mucho más matizado que el que presenta el autor. Da la impresión de que el autor no ha manejado la documentación técnica y científica, y se ha limitado a citar publicaciones divulgativas (y ni siquiera las más recientes), sobre todo aquellas que son calumniosas. Esta biografía aparece en fechas próximas a la canonización de Josemaría Escrivá. Sin embargo, no se puede decir que sea un libro de oportunidad. Se trata, más bien de un libro oportunista. Todo su valor comercial reside en el equívoco creado por la portada, en la que no se manifiesta el carácter beligerante del libro, sino que se intenta transmitir una imagen de imparcialidad o incluso de afecto al personaje. Tal vez se intente atraer, de este modo, la atención de quienes estén interesados por el Opus Dei desde una perspectiva objetiva y científica; o de personas vinculadas a su fundador en un plano más emotivo. Unos y otros se sentirán profundamente decepcionados ante el contenido de estas páginas.

(tomado de Opus Dei: verdades, críticas y secretos)

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Opus Dei (Jesús Ynfante)

El libro es un detallado estudio del Opus Dei. Comienza con la biografía de su fundador y continúa con el relato de la fundación ("fundaciones", de acuerdo con su tesis), desarrollo y situación actual de la Obra. El libro sigue, por tanto, un esquema cronológico.
El autor no aporta datos originales: se limita a una labor de síntesis de la amplia bibliografía disponible sobre el Opus Dei, tanto favorable como contraria. Si sus fuentes son plurales, no se pude decir lo mismo de su enfoque: acepta sin fisuras y acríticamente todas las objeciones dirigidas contra la Obra; y descalifica a priori los argumentos esgrimidos por quienes la defienden. El libro no es una simple exposición de hechos, ni un trabajo de análisis en el que las conclusiones se sigan de los datos reunidos. La conclusión está presente desde el comienzo, y determina la interpretación de cada uno de los sucesos narrados.

Desde este punto de vista, nos encontramos con un trabajo de carácter dogmático, acientífico e ideológico. En ningún momento se admite, ni siquiera como hipótesis, que las explicaciones ofrecidas por el Opus Dei o por sus miembros merezcan la más mínima credibilidad. Es el típico modo de argumentar que no admite ningún diálogo, pues las posible objeciones a su tesis que el autor no escamotea son descalificadas y despreciadas en bloque. El autor presupone que cualquier persona del Opus Dei, cuando habla sobre esta institución, no solamente habla desde la ignorancia, sino que positivamente procura engañar.

Esta afirmación no es exagerada, pues basta un rápido repaso al libro para encontrar que, según el autor, los miembros del Opus Dei actúan con un "objetivo inconfesado" (p. 211), recurren a la "falsedad" (p. 299), buscan sus fines a través de "maniobras" (p. 300), recurren a la "manipulación" (p. 323), merecen los calificativos de "pérfidos" y "astutos" (pp. 333, 340), gozan de "escasa credibilidad" (p. 343), realizan una "política de escaparate" (p. 345, 378), intoxican la opinión pública a través de "campañas de prensa" (p. 346), no dudan en acudir al "ocultamiento" (p. 352), presentan distintas realidades como "tapadera" de sus verdaderos intereses (p. 356), disfrazan los hechos con "desfachatez" (p. 362), ocultan sus actividades por medio de "artificios" (p. 415), son gente "sin escrúpulos" (p. 431) que, en definitiva, se dedican a "falsear datos" (p. 465).

Las objeciones, sin embargo, merecen toda la credibilidad. Este esquema, rígido y cerrado, convierte al libro en una gran cloaca, en la que convergen todas las interpretaciones peyorativas sobre el Opus Dei: el anecdotario más bufo, los elementos de la leyenda más negra, los puntos de vista más adversos. La Obra aparece como la suma de todos los males, sin mezcla alguna de bien.

La desmesura, el desequilibrio manifiesto del libro en cada una de sus páginas, lo convierten en un trabajo poco ponderado e indigesto para un lector que busque un rastro de objetividad. Si algún mérito cabe reconocerle es el de haber reunido en un solo tomo un material hasta ahora disperso: la opinión adversa y con frecuencia agresiva de algunos personajes contrarios al Opus Dei.

En sus presupuestos ideológicos, el autor del libro manifiesta su deuda con una "cultura de la sospecha", muy en boga en los tiempos en los que se formó intelectualmente. La realidad, sobre todo si es calificada como "burguesa", no puede ser tal y como se nos presenta. No podemos ser tan ingenuos como para aceptar que las cosas son como nos las explican, ni siquiera como lo manifiestan los hechos y las actitudes de las personas. Es preciso buscar lúcidamente los motivos escondidos, las ambiciones inconfesables, los traumas no asumidos, las infraestructuras ocultas por el follaje de una ideología.

Para llevar a cabo esta labor de desocultación, el autor recurre a los argumentos típicos de los calificados como "maestros de la sospecha". Por ejemplo, la personalidad de la fundador del Opus Dei es abordada desde la perspectiva del psicoanálisis. "Con una madre tan 'maternal' afirma el autor , se iba a producir la inevitable fijación del niño a su madre y, como consecuencia, un infantilismo persistente agravado más tarde con el obscurecimiento del padre, por no sacar adelante económicamente, de forma satisfactoria, a su propia familia". A partir de estos "hechos", el autor concluye: "se comprueban, en efecto, tendencias edípicas que, al ser expresadas puerilmente por un niño, consisten en desear para sí sólo a uno de los padres…" (p. 13).

Este batiburrillo de filosofía freudiana presente por lo demás en la interpretación de numerosos sucesos de la vida del fundador del Opus Dei (cfr., p. ej., pp. 120, 121, 188-189 y 198) se combina con unos toques de pensamiento nietzscheano. En general, su vida va a ser presentada como la expresión de una "voluntad de poder", como el empeño por realizar a toda costa una ambición sin límites. Sucesos menudos, anécdotas que tendrían una sencilla explicación desde una elemental consideración cristiana de la existencia humana, son presentados por el autor desde esta otra perspectiva: "en aquellos tiempos (años del Seminario) José María Escrivá iba a demostrar una enorme voluntad de poder que mantendría a lo largo de toda su vida y ya en el seminario repetía incansablemente una jaculatoria en latín, invocando a la Virgen María: 'Domina, ut sit! Domina, ut veam!' (sic)" (p. 17).

Este cóctel ideológico se completa con unas gotas de materialismo histórico. El verdadero estudio del Opus Dei, más allá de las explicaciones piadosas o doctrinales, debe concluir a juicio del autor es el desenmascaramiento de los intereses económicos y las relaciones de producción. Según se nos informa, el modelo en el que se inspira el pensamiento del Opus Dei es la sociedad medieval, con su organización estamental y el dominio de la Iglesia sobre las relaciones de producción. En este proyecto de retorno a épocas pasadas, el Opus Dei coincide nos revela el autor con el Papa Juan Pablo II (cfr., p. ej., pp. 58, 79, 470, etc.). Detrás de la actividad del Opus Dei se oculta lisa y llanamente el anhelo restauracionista de una "época feudal" en la que la "burocracia eclesiástica mantuvo continuamente su presencia política en España"; es decir, de un "Estado teocrático enquistado en las clases poseedoras" (p. 243).

De aquí se deriva la comparación del Opus Dei con una multinacional, es decir, con un "conglomerado financiero de carácter transnacional" (pp. 338 ss.). La pujanza o la decadencia de la Obra está en función de su capacidad de generar y acumular recursos económicos, pues "negocios y política fueron al fin y al cabo las dos vías principales que escogió para el apostolado de las elites en los países de tradición católica" (p. 415).

Esta interpretación desde el punto de vista del materialismo histórico se complementa con una referencia a la dialéctica. Así, para fundamentar su vaticinio según el cual "el ominoso Opus Dei está abocado a una desaparición lenta e irremediable" (p. 466), el autor alecciona a los lectores con perfecta ortodoxia hegeliana: "en el interior de cada etapa tiene lugar mientras tanto un proceso que se presenta a la vez como el proceso que le da forma y como la dialéctica que le hace pasar a otro. Mientras el crecimiento del Opus Dei se había realizado por su lado más vistoso y espectacular, estaban apareciendo los graves síntomas de una profunda crisis…" (p. 465).

El concepto de "alienación religiosa", aplicado superlativamente al Opus Dei (cfr., p. ej., pp. 169 y 191), pero dentro del contexto de una crítica general la religión, esta tomado también de la misma tradición marxiana.

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Muchas más cosas se podrían decir del libro. Se podría aludir, por ejemplo, a los numerosos errores en los que incurre, a la precipitación con la que extrae conclusiones, a la reiteración con la que relata una y otra vez los mismos sucesos y que delata el carácter precipitado de esta mezcla de elementos heterogéneos, a la escasa actualización de muchos datos (el libro es una curiosa galería en la que, junto a informaciones recientes, se presentan como actuales sucesos ocurridos hace décadas), a la publicación de una versión en español de los Estatutos del Opus Dei con errores de bulto que modifican el sentido de importantes disposiciones.

Pero cabe preguntarse: ¿quién será el interlocutor en este intento de acercamiento crítico al libro? No, desde luego, su autor. Su descalificación apriorística de cualquier punto de vista favorable al Opus Dei impide todo intento de diálogo. Sólo queda conservar estas páginas como una curiosidad, como una especie de summa horribilis sobre el Opus Dei, y esperar que el avance de posteriores investigaciones proyecte algo de luz sobre sucesos de nuestra historia reciente que libros como éste no hacen sino oscurecer.

(tomado de Opus Dei: verdades, críticas y secretos)

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