Cambiar el mundo

(Fotografía tomada en Torreciudad, en la Jornada Mariana de la Familia del año pasado)

La verdad es que durante los últimos días me dedico más -bastante más- al blog de mi Club que a este y porque -también es verdad- a los que abrí nuevos procuro cuidarlos con cariño, aunque son fáciles de llevar ya que prácticamente son de copiar y pegar. Son mis tambores.

El título de la entrada es "cambiar el mundo", porque me apasiona esa frase y tiene, por lo menos para mí, un significado de reto, de audacia, de valentía. No puedo creer que los cristianos no tengamos la capacidad de salir en estos momentos hacia delante. Aunque las dificultades son muchas, sigo considerando que ahora no nos van a llevar al circo a que nos coman los leones ni nos suspenderán de una cruz.
Este verano me han premiado dos amigos blogueros, como indiqué en un post anterior. Procuro no olvidar el por qué me inicié en esto y me propongo, cada vez que me instalo delante del teclado, llevar a término el propósito que me marqué. Todos comenzamos esta carrera por algún motivo, seguramente un amigo nos habló de los blogs, luego fuimos introduciéndonos, investigando, viendo la gran cantidad que hay, de cómo se puede dominar este espacio y con qué alegría se escribe de todos los temas. De los blogs que más me gustan, mis trompetas, tengo un enlace en este. En todos ellos hay un algo que me atrae y por eso soy seguidor suyo.

Hay unos cuantos frentes abiertos actualmente y que un cristiano, cualquiera de nosotros no sólo unos cuantos, tiene la obligación y el deber de poner de sus fuerzas para que nuestra sociedad sea una sociedad que no deje de mirar a Dios: educación, familia, matrimonio, política, información… Hay páginas y blogs en la red especializados que nos ayudarán a formar nuestro criterio y nuestra opinión, siendo muy recomendable acudir a ellas en algún momento.

La semana pasada, hablando con un amigo, me comentaba sobre cómo sería el encuentro del hombre con Dios, que a nosotros no sólo se nos valorará por nuestras acciones, sino que también habrá que tener en cuenta nuestras omisiones. A decir verdad, qué pocas veces he considerado esto.

Comiendo con otro amigo, me daba cuenta con qué facilidad podemos caer en el abismo de la pérdida de la fe a poco que no cuidemos detalles tan insignificantes como pueden ser las lecturas, la televisión, un película, ambientes que frecuentamos… Podemos creernos con gran criterio y fortaleza, no teniendo la suficiente humildad, la soberbia nos impide la buena vista, para considerar que ciertas materias nos pueden hacer daño, sino van acompañadas de los antídotos para poder aliviar esos males. Lo mejor es acudir a un amigo para que nos aconseje. En mi caso, acudo a un gran amigo de la infancia, es crítico literario -¡qué fácil lo tengo!-, para pedirle recomendaciones sobre qué leer. Aunque María me habló de una de sus últimas lecturas, se positivamente que es muy bueno ese libro, pero que todavía no me he lanzado a leerlo, es uno de un pijama a rayas o algo así. Ya te volveré a preguntar.

Últimamente me está dando por las biografías de personajes de la historia. Leí hace poco uno sobre un rey de la edad media y actualmente estoy con otro que vivió en el siglo XVIV, fue un gran estadista, aunque un poco loco.

Lo dicho, que podemos hacer mucho Bien, ¡con mayúsculas!. Además, si hago lo que está en mi mano, es posible que algunas cosas me enfaden menos, pero si me quedara con los brazos cruzados, no tendría ningún derecho a quejarme: porque no estaría poniendo nada de mi parte para remediarlo.

Finalizo con una frase lapidaria: lo que se escribe en internet queda constancia para la eternidad. Todos tenemos que ir al mismo compás, como una orquesta, cada uno tiene su instrumento, toquemos pues. El pianista nos indicará.
Cambiar el mundo
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