BENEDICTO XVI y la plegaria del Viernes Santo en el Misal de San Pío V

BENEDICTO XVI y la plegaria del Viernes Santo en el Misal de San Pío V
Una interpretación correcta
Diác. Jorge Novoa

Benedicto XVI decidió introducir modificaciones en la liturgia  del Viernes Santo, reformando la plegaria actual “Oremus et pro Iudaeis” del Misal de San Pío V , cuyo uso ha sido autorizado nuevamente por el Papa. Esta plegaria sufría una segunda modificación, la primara la introdujo Juan XXIII en 1962, eliminando el adjetivo “pérfidos “,  atribuido a los judíos. La plegaria actual sustituye a esa otra oración que se rezaba por los judíos antes del Concilio Vaticano II,   esta modificación no abarca a la gran mayoría de la Iglesia que seguirá utilizando para su celebración el misal de Pablo VI. 

Ella reza así: 
“Oremus et pro Iudaeis. Ut Deus et Dominus noster illuminet corda eorum, ut agnoscant Iesum Christum salvatorem omnium hominum”. – Oremus. Flectamus genua. Levate. – “Omnipotens sempiterne Deus, qui vis ut omnes homines salvi fiant et ad agnitionem veritatis veniant, concede propitius, ut plenitudine gentium in Ecclesiam Tuam intrante omnis Israel salvus fiat. Per Christum Dominum nostrum. Amen” .

Este hecho ha desatado en las distintas comunidades judías del mundo una reacción en cadena, con expresiones de rechazo . Los comentarios realizados por los distintos actores de la comunidad judía, no solo presentan  discrepancias con la decisión del Santo Padre, también  infiernen consecuencias que no se desprenden del cambio de la plegaria ni de la actitud de diálogo y respeto de la que Benedicto XVI es un defensor inclaudicable.

Lo que la Iglesia cree es lo que manifiesta en su oración, según la feliz expresión de la antigüedad, “la ley de la oración es la ley de la fe”. La oración de la Iglesia es expresión interior y exterior, privada y pública de su fe. Ha sido Benedicto XVI infiel a este principio rector que acabamos de expresar proponiéndonos esta plegaria para el Misal Romano de san Pío V?  Resulta concluyente responder que no.

Recordemos a los católicos que se sienten un tanto desconcertados e influidos por los medios liberales, lo que todos conocemos, no con  palabras inspiradas en el Magisterio de la Iglesia, sino en la Sagradas Escrituras: «no hay bajo el cielo otro nombre dado a los hombres por el que nosotros debamos salvarnos» (Hch 4, 12). 

A estas manifestaciones de rechazo de la comunidad judía, no compartidas pero aceptadas, les siguen una serie de consecuencias y comentarios  de sus voceros que son definitivamente inaceptables. Tomamos algunas de las consecuencias que esboza el profesor Pilosof, en una breve reflexión que se difundió en Uruguay, titulada: La anacrónica decisión del Papa Benedicto XVI. Debido al vínculo que el profesor Pilosof tiene con la confraternidad Judeo cristiana,  y dado que acusa a Benedicto XVI de tomar una decisión que atenta contra el espíritu del diálogo, me pareció oportuno, en el marco de un diálogo responsable, manifestar mi disenso con las consecuencias que  visualiza.
 
Para el profesor Pilosof la  plegaria incorporada, vuelve a  acusar al pueblo judío de  cometer deicidio, siendo que la Iglesia ya lo había absuelto . No encontré en escritos, ni declaraciones de Benedicto XVI ninguna afirmación del tipo que declara el profesor Pilosof, ni veo  que ella se desprenda de la oración que se realizará a partir del próximo Viernes Santo. El  Papa pide para que el pueblo judío reconozca a Jesús como   “salvador de todos los hombres”, cosa que está en el corazón de la fe católica.
Dice el catecismo de la Iglesia Católica en el Nª 597, y a nadie escapa el papel central del entonces cardenal Ratzinger y actual Benedicto XVI en esta obra:
Teniendo en cuenta la complejidad histórica manifestada en las narraciones evangélicas sobre el proceso de Jesús y sea cual sea el pecado personal de los protagonistas del proceso (Judas, el Sanedrín, Pilato) lo cual solo Dios conoce, no se puede atribuir la responsabilidad del proceso al conjunto de los judíos de Jerusalén, a pesar de los gritos de una muchedumbre manipulada (Cf. Mc 15, 11) y de las acusaciones colectivas contenidas en las exhortaciones a la conversión después de Pentecostés (cf. Hch 2, 23. 36; 3, 13-14; 4, 10; 5, 30; 7, 52; 10, 39; 13, 27-28; 1 Ts 2, 14-15). El mismo Jesús perdonando en la Cruz (cf. Lc 23, 34) y Pedro siguiendo su ejemplo apelan a “la ignorancia” (Hch 3, 17) de los Judíos de Jerusalén e incluso de sus jefes. Y aún menos, apoyándose en el grito del pueblo: “¡Su sangre sobre nosotros y sobre nuestros hijos!” (Mt 27, 25), que significa una fórmula de ratificación (cf. Hch 5, 28; 18, 6), se podría ampliar esta responsabilidad a los restantes judíos en el espacio y en el tiempo:
Tanto es así que la Iglesia ha declarado en el Concilio Vaticano II: “Lo que se perpetró en su pasión no puede ser imputado indistintamente a todos los judíos que vivían entonces ni a los judíos de hoy…no se ha de señalar a los judíos como reprobados por Dios y malditos como si tal cosa se dedujera de la Sagrada Escritura” (NA 4).
Y continúa en el nª 598:  La Iglesia, en el magisterio de su fe y en el testimonio de sus santos no ha olvidado jamás que “los pecadores mismos fueron los autores y como los instrumentos de todas las penas que soportó el divino Redentor” (Catech. R. I, 5, 11; cf. Hb 12, 3). Teniendo en cuenta que nuestros pecados alcanzan a Cristo mismo (cf. Mt 25, 45; Hch 9, 4-5), la Iglesia no duda en imputar a los cristianos la responsabilidad más grave en el suplicio de Jesús, responsabilidad con la que ellos con demasiada frecuencia, han abrumado únicamente a los judíos:
Debemos considerar como culpables de esta horrible falta a los que continúan recayendo en sus pecados. Ya que son nuestras malas acciones las que han hecho sufrir a Nuestro Señor Jesucristo el suplicio de la cruz, sin ninguna duda los que se sumergen en los desórdenes y en el mal “crucifican por su parte de nuevo al Hijo de Dios y le exponen a pública infamia (Hb 6, 6). Y es necesario reconocer que nuestro crimen en este caso es mayor que el de los Judíos. Porque según el testimonio del Apóstol, “de haberlo conocido ellos no habrían crucificado jamás al Señor de la Gloria” (1 Co 2, 8). Nosotros, en cambio, hacemos profesión de conocerle. Y cuando renegamos de El con nuestras acciones, ponemos de algún modo sobre El nuestras manos criminales (Catech. R. 1, 5, 11).
 Y los demonios no son los que le han crucificado; eres tú quien con ellos lo has crucificado y lo sigues crucificando todavía, deleitándote en los vicios y en los pecados (S. Francisco de Asís, admon. 5, 3).
Es clara la doctrina de la Iglesia Católica, Cristo ha muerto por los pecados de los hombres y su obra salvífica es universal, pues nadie está exento del pecado.
El profesor Pilosof se lamenta de que se instalen nuevamente estas “ideas” , supongo que la referencia, no estará vinculada con declarar a “Jesús como Salvador de toda la humanidad”, ciertamente y gracias a Dios, esta buena noticia ha permanecido en la Iglesia Católica inalterable desde el comienzo hasta nuestros días. Si ello, se refiere a orar para que los judíos lo reconozcan, debo confesar que la Iglesia siempre ha orado por la conversión de todos los hombres, entre los que se incluyen a los miembros del pueblo de Israel. Con ello no violenta  a la comunidad judía en sus búsquedas, cada uno puede elegir su propio camino, esta plegaria  del Viernes Santo explicita el camino de la Iglesia. Aquí, por el contrario,  parece manifestarse una cierta intolerancia  de la comunidad judía queriendo imponer su camino a la Iglesia.
La universalidad de la salvación en Jesucristo penetra  la realidad de la Iglesia totalmente, y  determina también su mundo de relaciones. La oración de la Iglesia se nutre del misterio revelado por Dios en Jesucristo. No debemos olvidar que ella nace en tierra de Israel, con los judíos que aceptaron que Jesús era el Mesías. La Iglesia tiene derecho a regular su propia  vida de oración, como comentaba el cardenal Kasper poco después de conocidas las repercusiones de la comunidad judía. “Debo decir que no puedo entender por qué los judíos no pueden aceptar que podemos hacer uso de nuestra libertad de formular nuestras oraciones” y agregaba: “Pensamos que racionalmente, esta oración no puede ser un obstáculo al diálogo porque refleja la fe de la Iglesia y, lo que es más, los judíos tienen oraciones en sus textos litúrgicos que a nosotros, los católicos, no nos gustan”
Compartimos  con el profesor Pilosof que es incompatible , tener una fe en Dios y obrar contra los hombres queriéndoles imponer el propio credo, pero ello no es solamente regla para los católico, lo es también para los judíos. Que ocurriría si la Iglesia Católica se levantara públicamente contra las oraciones  realizadas en las Sinagogas?
Hay de parte del profesor Pilosof un reconocimiento para Pontífices tales como Juan XXIII, Juan Pablo I  y Juan Pablo II, se encuentran ausentes  de este reconocimiento Pablo VI y Benedicto XVI, para nosotros no hay contraposición, y disentimos si al evitar mencionarlos se está manifestando que estos pontífices no tienen el “auténtico espíritu cristiano” . Y aún es más sorprendente, pensar que orar por la conversión de los judíos, sea  propio “de los sectores más fanáticos de la Iglesia” .

 Orar por la conversión es un acto de amor que la Iglesia enseña y practica, ora por los gobernantes, los monoteístas, los hombres de buena fe y también por los judíos. La conversión es un camino propuesto permanentemente para sus fieles. Y con ello no violenta la propia libertad, ejerce la suya en favor de lo que cree es bueno para el prójimo.

Los juicios del profesor Pilosof sobre la Iglesia en la  Edad Media, la Inquisición y demás , aportan poco al clima de diálogo y respeto que defiende, e incluso son en muchos casos, Leyendas Negras  con las que se han encendido persecuciones contra la Iglesia. Las incoherencias de cristianos  entre fe y vida a las que alude, no son porque los que denomina “fundamentalistas” hayan creído en “Jesucristo como Salvador”, esto es el patrimonio de todos los católicos. Si no se cree  que Jesucristo es el Salvador del mundo, no se es católico. En el credo repetimos, que su entrega fue por “nosotros y nuestra salvación”, la Redención es el misterio central de nuestra fe. Y ciertamente, que Jesucristo se presenta  como la Verdad, no como una verdad, sino como la Verdad, de allí que confesamos con sus propias palabras que Él es el Camino, la Verdad y la Vida…no podemos aceptar que  esto engendre entre los seres humanos “miedos y resentimientos” .
El profesor Pilosof  expresa: “Los judíos no necesitamos esta clase de consejos y aspiraciones. Que se nos deje vivir en paz y se respete nuestro incuestionable derecho a conservar nuestro sendero y nuestras tradiciones,  nacidas aun antes del Sinaí,  y desde donde brota la verdadera inspiración de nuestra historia trascendente. Nuestra relación con Dios es tema exclusivo entre Dios y la Casa de Israel. Así como no nos inmiscuimos en credos ajenos, no volveremos a permitir que se inmiscuyan en el nuestro. Tenemos suficientes fuentes y ejemplos en nuestra historia para alimentar nuestra fe y nuestro compromiso con Dios”.

Rechazamos abiertamente que la decisión del Papa, tenga las consecuencias que aquí se manifiestan, si hay un elemento distintivo de nuestro querido Benedicto XVI es su capacidad de diálogo y respeto, de ello hace gala con palabras y obras el sucesor del apóstol de Pedro. Por otra parte, las afirmaciones finales del profesor Pilosof, abren una serie de interrogantes sobre  el funcionamiento de estos ámbitos de diálogo. Benedicto XVI no atenta contra el diálogo, por el contrario, se abre a el desde la identidad católica.  Reitero que esta modificación no afectará, por lo pronto, a la forma de rezar en el Viernes Santo de la inmensa mayoría de los católicos.

 


Gracias por el artículo.

 

Antonio.

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