Aprovechemos cada momento

Aprovechemos cada momento Opus Dei

Continuamente estamos bombardeados por anuncios sugerentes, estos nos pueden llevar a plantearnos necesidades que hasta ese momento no habíamos reparado. Añadamos también el cúmulo de noticias duras, trágicas, dolorosas, desagradables -no pararíamos en seguir poniendo calificativos- que se dan diariamente. Desgraciadamente podemos caer en una dinámica de dar como normal las dos cosas: a "embotarnos" con anuncios y a acostumbrarnos a las noticias.

Nosotros, por cristianos, estamos obligados a permanecer con "piel fina" ante lo que nos rodea. Como en ocasiones escuché, a mayor presión exterior, más presión interior: mas vida interior, más unión con Dios. No crearnos necesidades y saber vivir como caballeros cristianos.

Si detrás de cada persona fuéramos capaces de ver un alma, la percepción de los hechos tomaría otra dimensión. Cada acontecimiento que una persona emprende puede desembocar en unos resultados que dependerá de la rectitud de intención con que lo haga. Por eso, para nosotros es vital el esforzarse en vivir la presencia de Dios, dar una dimensión sobrenatural a cada quehacer. Nada resulta indiferente a los ojos de Dios.

El otro día en Misa, se leyeron unas palabras del Señor en las que decía, más o menos, no me habéis elegido a mí, sino yo a vosotros. Cada uno de nosotros se puede considerar indigno de esta predilección de Dios hacia nosotros, supone una llamada individual para "ayudarle" en la Redención, a un Dios que no nos necesita pero que nos quiere y quiere que le queramos. Después estará la personal correspondencia generosa a ese beso del Señor en la frente como signo de cariño, como muestra de Padre hacia nosotros, sus hijos.

Otra frase que me conmueve cuando la considero es aquella que viene a decir, también es más o menos pues escribo de memoria, Yo te he redemido, te he llamado por tu nombre, tú eres mío. ¿No nos entra un algo por la tripa, por el corazón y la cabeza, al escucharla o al leerla? A mí, sí.

El tiempo ha pasado rápido, a más mayor dicen que más rápido. Me han ocurrido y he visto muchas cosas. Eso de que pocas cosas me sorprenden podría decirlo, pero por precaución -siempre es poca- conviene no hacerlo. ¿Cambiaría cosas del pasado? Sí. ¿Me lamento? No, porque no sirve para nada. El perdón lo busqué en la confesión y el futuro depende de mi lucha diaria. Una vez leí en un periódico, ponen frases "lapidarias" en la cabecera de la primera página: un fracasado es un hombre que ha cometido un error, pero no es capaz de convertirlo en experiencia. Me gustó.

Ahora ha llegado una etapa un tanto gris, "cosas humanas". Es un buen momento para abrazarse a la Cruz de Jesús y comprobar, objetivamente, que nada son mis rasguños comparados con sus heridas, y dejarme ayudar para llevar ese peso. Además estamos en el mes de María, ¡Madre de Dios y Madre nuestra!. Este tiempo en el que nos esmeramos más en su trato también es un buen argumento para invitar a nuestros amigos y hacer una romería a la Virgen con ellos. Aprovechemos ese momento para presentárselo a María y que su corazón se decida a amar a Dios.

Para finalizar, el punto 278 de Camino, uno de los libros del Fundador del Opus Dei que procuro tener a mi lado: Ten presencia de Dios y tendrás vida sobrenatural.
Aprovechemos cada momento
Vota esta noticia

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *