Anticoncepción

Hola, gracias por su magistral blog. Debido a que su trabajo es incansable en la respuesta a multitud de preguntas, me gustaría dijera qué opina acerca de lo siguiente: En el tercer mundo hay multitud de enfermedades de transmisión sexual, entre ella el SIDA (VIH). En países con tan poca cultura, ¿No sería positivo que utilizasen métodos anticonceptivos como el preservativo con el fin de no contraer tan malas enfermedades? ¿No se debería flexibilizar esa rectitud moral? También en esos países hay muchas mujeres obligadas a practicar el coito para traer cantidades descomunales de hijos que morirán a los poco días de hambruna, entre otros males, ¿No sería también beneficioso que, en estos casos, un método anticonceptivo cualquiera evitara que las madres vieran perecer a sus enormes proles de hijos que son obligadas a tener? Muchas gracias por la página, ya que las discrepancias enriquecen un debate siempre que vayamos en búsqeda de la verdad.

Gracias a ti por tus ánimos.

El tema de la anticoncepción, a mi modo de ver, está sacado de madre en Occidente. Se ha construido un monstruo, una mentira, quizá por varios factores, como son los intereses de los fabricantes y el odio de muchos occidentales -que se creen todavía colonizadores y más listos que los pobres- a los africanos y a los sudamericanos.

La verdad -la ciencia, los datos- es que donde más se extiende el preservativo como panacea, más se extienden el aborto, los casos de Sida, otras enfermedades de transmisión sexual y la pobreza. Esos son los datos, la ciencia. Lo demás son rollos patateros de los que en el fondo pretenden justificar una vida sexual "animalizante", como si fuese "humanizadora". Y de paso, cargarse el progreso de los países pobres, manteniéndolos a raya, también demográficamente, y no sólo en el comercio.

Además de todo esto, el sexo no es un juego, sino algo muy serio, y todos sabemos, porque lo tenemos grabado en el corazón, que usarlo fuera de las normas éticas es pecado y no le deja tranquilo a nadie: corroe por dentro y hace a la gente muy infeliz. Es curioso: placer y felicidad no van siempre juntos. Sólo coinciden cuando estamos también con Dios y cuando tratamos a las personas (también a nosotros mismos) como se merecen, no como objetos ni como material desechable.

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