ACERCA DE UN TEXTO

ACERCA DE UN TEXTO Opus Dei

Hace poco leí un texto de Victor E. Frankl muy acertado con la sociedad que nos rodea:

“Vivimos en una época de creciente difusión del complejo de vacuidad. En esta época, la educación ha de tender no sólo a transmitir conocimientos, sino también a afinar la conciencia, de modo que el hombre preste atento oído para percibir el requerimiento inherente a cada situación. En unos tiempos en que los diez mandamientos han perdido, al parecer, su vigencia para tantas personas, el hombre tiene que estar capacitado para percibir los 10.000 mandamientos encerrados en 10.000 situaciones con las que le confronta la vida. Y esto no sólo hace que la vida le parezca de nuevo plena de sentido sino que él mismo se inmuniza contra el conformismo y el totalitarismo, estas dos escuelas del vacío existencial. Y es que sólo una conciencia recta da al hombre capacidad de resistencia, de modo que ni se pliega al conformismo (al pasotismo) ni se inclina al totalitarismo”.

Vivimos en la era de la superficialidad donde lo importante es alcanzar el bien material. El “complejo de vacuidad” al que hace referencia el fragmento significa querer conseguir lo que tiene el vecino sintiéndonos en todo momento en un estado inferior por no tener lo que él tiene.

Son unos tiempos en los que no interesa pensar y cada vez tiene menos importancia todo aquello que se relaciona con la sensibilidad artística, el estudio de la historia y la reflexión ética. Es decir, todo estudio que partiendo de un todo formado permita al hombre distinguir la multiplicidad de variables que lo han formado. Lo importante es ejercitarnos en aquello que nos va a reportar un beneficio económico importante. ¿Qué daño hace a la sociedad la generalización de este pensamiento?

El fragmento otorga un papel importante a la religión en este planteamiento. Cumplir los preceptos religiosos no está de moda por aquello que denominamos la “extensión del laicismo”. Tratar temas trascendentales y sobrenaturales entre las personas da la sensación de estar hablando de la “guerra de las galaxias”. Sin embargo es más común familiarizarnos con lo que ordinariamente está ocurriendo: nuevos casos de corrupción, abusos de todo tipo, destrucciones familiares, falta de sensibilidad ante el mal ajeno. La religión quizás no resuelva estos problemas, pero por lo menos alimenta la conciencia y la sensibilidad ante ellos. Es el peor momento para que nos riamos de preceptos que pretenden ahondar en el amor al prójimo y la comprensión del mal ajeno, cuando continuamente nos están metiendo por los ojos el sentido individualista de la vida como único modo de seguir adelante por medio de una propaganda bien orquestada.

¿No te parece este planteamiento un gran caldo de cultivo para el pensamiento único? El hombre es un ser social y necesita funcionar en sociedad. Si cada vez se da menos importancia a la reflexión ética, nos encontraremos con muertos vivientes embutidos en una vida que cada vez tiene menos cosas por las que merezca la pena, a no ser que la química ayude a olvidar este desaliento. Solamente hay que escuchar diariamente a grupos de adolescentes para ver lo cerca que nos encontramos de este planteamiento.

En ese momento seremos víctimas fácilmente manipulables de cualquiera que se aproveche de la escasez de juicio crítico generalizado en la sociedad. Ante tanto individualismo será imposible hacer un planteamiento ético de conjunto y estaremos a merced del “superhombre” que nos dirá cómo se deben hacer las cosas.

Fomentemos todo lo que ayude a despertar la reflexión y el juicio crítico, especialmente entre los más jóvenes. La educación no debe consistir en conseguir un currículum competitivo entre personas que se están formando como tales. Debe configurar unos contenidos que les permita funcionar en sociedad como seres humanos.

Raúl Pascual
Profesor de Ética
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